Besados ​​por accidente

Besados ​​por accidente

last updateLast Updated : 2026-06-15
By:  Rituparna DaroliaUpdated just now
Language: Spanish
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Cuando Sienna Hensley, de veintidós años, besa accidentalmente al hombre más atractivo del planeta en una discoteca, ¡no tiene ni idea de quién es él! Así que, una semana después, cuando lo encuentra gravemente herido e ingresado en el mismo hospital donde ella trabaja como enfermera, ¿cómo reaccionará? ¿Qué hará cuando descubra lo famoso que es? Para colmo, ¿qué hará cuando él amenace con demandar al hospital si ella no lo atiende debidamente? Lucas Donnelly, a sus veintiocho años, es un exitoso multimillonario; sin embargo, un solo beso de una mujer esquiva lo tiene tan obsesionado que su mente se niega a escuchar cualquier lógica. ¿Qué sucederá cuando ambos se reencuentren? ¿Qué hará él cuando se dé cuenta de que ella es una mujer prohibida para él? ¿Renunciará a ella cuando los demonios de su pasado los alcancen e intenten destruir sus vidas? ¡¿O cederá ante la ardiente tentación y la perseguirá por siempre?! Lee este primer libro de la Serie Tentación para descubrir la apasionada y poderosa historia de amor entre Sienna y Lucas. ¡Con un sinfín de giros inesperados, esta historia te mantendrá cautivado de principio a fin!

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Chapter 1

Prólogo: Encuentro en Phoenix

En el instante en que Sienna Hensley entró en la lujosa discoteca Phoenix, la cabeza comenzó a darle vueltas a causa del fuerte retumbar de la música de fondo. Con los ojos muy abiertos, observó los cuerpos contoneándose en la pista de baile, las bebidas fluyendo libremente por todo el local, la gente riendo y las parejas restregándose desesperadamente unas contra otras, besándose con desenfreno en cada rincón.

A sus veintidós años, aquella era la primera vez que visitaba una discoteca. Sabía que sonaba extraño, pero así eran las cosas. Sus amigas la habían obligado a celebrar su vigésimo segundo cumpleaños allí, en el Phoenix, y ella no tuvo más remedio que acceder. No es que tuviera mucho dinero para gastar en un local tan exclusivo como aquel, pero no había forma de ganarle la batalla a Eva, su compañera de piso y mejor amiga.

Así que, aunque se trataba de su fiesta de cumpleaños, todas sus amigas —Eva, Hayley, Skylar y Alyssa— habían puesto dinero en común para costear la celebración. Todas provenían de familias acomodadas y de buena posición social, por lo que el dinero no suponía preocupación alguna para ellas. Al menos, no hasta que sobrevinieron la enfermedad y la posterior muerte de su padre. Sienna sacudió la cabeza, reacia a pensar en su desdichada vida precisamente en un día tan especial como aquel.

—¡Sien, deja de darle tantas vueltas a las cosas, aunque sea por una vez! —le gritó Eva al oído.

Con la música a todo volumen y tan desatada, resultaba imposible oír nada.

—¡Vive la vida de una vez, chica! —exclamó Skylar mientras se abalanzaba hacia la barra para llamar la atención del barman—. ¡Joder! Está buenísimo. Miradme —añadió por encima del hombro, provocando un gemido de exasperación en el resto del grupo.

—Subamos y cojamos una mesa —propuso Alyssa.

Su hermano, Alex Van Every, era un multimillonario del sector de la restauración y poseía una membresía en el local, lo cual les facilitaba enormemente la entrada. Todas subieron las escaleras hacia el lujoso y exclusivo salón de la planta superior, donde Alyssa se dirigió al encargado de la sala. Este las condujo hasta una mesa que les ofrecía una vista privilegiada de toda la discoteca.

—Perfecto —dijo Hayley, tomando asiento—. Espero que tu hermano no venga a ver qué estamos haciendo, ¿verdad? —preguntó, temiéndose lo peor.

El mejor amigo de Alex, Ashton, siempre le tiraba los tejos, lo cual hacía que ella se alejara aún más de él.

—Bueno, él está por aquí en alguna parte. Así que no descartaría esa opción, ¿sabes? —respondió Alyssa.

Todas gimieron al unísono. Alex era seis años mayor y, como tal, consideraba que su única misión en la vida era proteger a su hermana pequeña de todos los hombres del universo. Por eso, Alyssa siempre protestaba por su actitud y, cada vez que él estaba cerca, el ambiente se volvía muy tenso.

—Voy a ver qué es lo que le está tomando tanto tiempo a Skye —dijo Alyssa, encogiéndose de hombros antes de alejarse.

—¡Voy contigo! —gritó Eva, apresurándose tras ella.

Tanto Sienna como Eva eran enfermeras en el Hospital Bellevue de Nueva York. Mientras que Sienna se encargaba de los casos de urgencias, Eva estaba a cargo de la sección de Neonatología. Ambas eran muy brillantes en sus respectivos campos y, por ello, encontraron trabajo inmediatamente después de graduarse juntas en la escuela de enfermería.

—Necesito ir al baño, Sien. ¿Estarás bien sola un rato? —preguntó Hayley.

Sienna asintió.

—Claro.

Se sentó con cierta torpeza. Realmente se sentía fuera de lugar allí, y el vestido rojo corto que Eva le había endilgado la hacía sentirse sumamente incómoda. Tiró del dobladillo para cubrir sus interminables piernas, que habían quedado al descubierto.

No estaba acostumbrada a ese tipo de vestidos, pero Eva se había empeñado en que aquella noche debía vestir de rojo, asegurando que era el color que mejor le sentaba. Para completar su atrevido look, le había aplicado pintalabios del mismo tono en sus labios carnosos y voluptuosos, haciendo que resaltaran de forma exagerada.

Apartó del rostro la espesa cortina de rizos color chocolate y deseó no haber aceptado venir a aquel lugar. Aquello no parecía precisamente el sitio ideal para celebrar un cumpleaños. Hubiera preferido mil veces irse a dormir tras un agotador día de trabajo en el hospital.

Al revisar su móvil, vio un mensaje de Skye.

Skye: Lo tienes rendido a tus pies, chica. Espero que acepte. Llego en cinco minutos. ¡No te vayas a escapar!

Sienna puso los ojos en blanco al pensar en Skylar y en su desesperada misión de encontrar marido en el plazo de seis meses. De lo contrario, sus abuelos la casarían con Christian St. James, el hijo de unos amigos de la familia.

De repente, se le erizó el vello de la nuca y tuvo la extraña sensación de estar siendo observada. ¿Sería él? Presa del pánico, se dio la vuelta y escrutó todo el lugar. No lo encontró.

Entonces, ¿quién podría ser?

Estaba segura de que alguien la estaba mirando.

Sin embargo, tras un segundo intento, se dio por vencida. Al no ver a nadie, se asomó por la barandilla de cristal para echar un vistazo a la barra.

Pudo distinguir la larga y suelta cabellera rubia de Alyssa, así como su vestido ajustado de color burdeos. Parecía estar discutiendo con unos chicos.

—¿Estás libre esta noche? —preguntó una voz muy cerca de ella.

Sobresaltada, Sienna dio un respingo y se llevó la mano al corazón. Su rostro palideció considerablemente al contemplar al hombre ebrio que tenía delante. Aquel sujeto ni siquiera lograba mantenerse en pie, y mucho menos hacer cualquier otra cosa.

—No, tengo pareja —respondió con una mirada fulminante—. Lárgate de una maldita vez o mi novio te dejará inconsciente en menos de dos minutos.

Ella lo amenazó, pero el hombre era una auténtica sanguijuela. Arrastró una silla y se sentó a su lado sin ningún pudor.

—Oh, vamos. Ya que te dejó completamente sola, estoy seguro de que no le importaría —dijo, lanzándole una mirada lasciva.

Sienna sintió náuseas al verlo.

—Dije que no estoy interesada. Creo que llamaré a seguridad —replicó con enfado.

El hombre soltó una carcajada.

—Ellos no pueden hacerme nada. Mi padre les paga —dijo, agarrándola de la muñeca.

Sienna entró en pánico e intentó zafarse de su agarre, pero no pudo. De repente, un puñetazo atronador impactó en la mandíbula del hombre, haciéndolo caer de la silla al suelo.

—La oíste, Steve, ¿verdad? —gruñó una voz potente a su costado.

Sobresaltada, Sienna se giró, llevándose la mano al corazón. Este dio un vuelco cuando sus ojos se posaron en el hombre más pecaminosamente hermoso que jamás hubiera visto.

Se alzaba imponente frente a ella, con los músculos marcándose bajo la camisa blanca de vestir. La corbata, floja, colgaba de su cuello con un aire despreocupado. Parecía salido directamente de una revista de moda.

Como si notara que ella lo observaba, él se giró para mirarla. Sus ojos grises se cruzaron con los de Sienna —avellana, grandes y almendrados—, y el tiempo pareció detenerse por una fracción de segundo. Ella fue incapaz de apartar la vista de aquella mirada hipnótica. Nunca, en sus veintidós años de vida, había visto un espécimen masculino tan deslumbrante.

—Mantente al margen, Lucas —farfulló el hombre llamado Steve mientras intentaba levantarse sin éxito.

El hechizo se rompió, y ambos desviaron la mirada hacia él.

—Ella dijo que no está interesada. Aléjate, o llamaré al tío Mike —advirtió Lucas, con los ojos centelleando de ira.

—Que te jodan, Lucas. No voy a dejar que esto quede así, que lo sepas —amenazó Steve antes de marcharse tambaleándose.

Lucas se volvió hacia Sienna y la recorrió con la mirada, evaluándola con evidente interés. Ella sintió como si él estuviera escrutando su propia alma. Parecía a punto de decir algo, pero el momento se diluyó cuando el lugar se llenó de risitas, parloteos y carcajadas al regresar las chicas con las bebidas. Alyssa traía también un pastel.

—¡Hora de celebrar, cumpleañera! —canturreó.

Hayley soltó un chillido de alegría al aparecer —no se sabía de dónde— en cuanto vio el pastel. En medio de aquel caos, Sienna se olvidó por completo del hombre llamado Lucas.

Las chicas le cantaron el Feliz cumpleaños. Ella sopló las velas y acabaron metiéndose trozos de pastel unas a otras, entre risas. Eva la obligó a beber dos vasos de vodka y, al final, Sienna estaba tan ebria como el resto. La cabeza le daba vueltas y una sensación de dicha mareante se apoderó de todo su ser.

—Creo que quiero bailar con ese barman tan guapo… ¡hic! —farfulló Skylar.

—Yo voy contigo —dijo Alyssa.

—Yo también —añadió Eva.

—Y yo —rió Hayley.

Todas se volvieron hacia Sienna.

—Y yo —rió ella también.

—¡Bien! ¡Esa es la actitud! Vamos —dijo Alyssa, guiándolas escaleras abajo hacia la pista de baile.

Sienna, sin embargo, no encontraba su teléfono móvil.

—Vayan ustedes. Yo las alcanzo en un minuto —dijo.

Cuando se marcharon, buscó por todas partes hasta que finalmente lo vio tirado debajo de su silla. Tras recogerlo, bajó corriendo las escaleras hacia la pista de baile. Encontró a sus amigas bailando con unos chicos cualesquiera.

Al darse la vuelta para regresar al salón, chocó de frente contra algo duro.

—¡Ay! —exclamó, frotándose la nariz.

—Feliz cumpleaños, Sienna —susurró una voz ronca junto a su oído.

¿Desde cuándo hablaban las paredes?

Alzó la vista y se encontró sumergida en los orbes grises de nada menos que Lucas. ¿Cómo sabía su nombre? ¿Cómo sabía que era su cumpleaños?

—G-gracias —balbuceó, confundida.

Lucas la tomó del brazo y la condujo hacia la pista de baile.

—Baila conmigo —ordenó en el mismo tono ronco, muy cerca de su oído.

Sienna parpadeó y, antes de darse cuenta de lo que ocurría, él ya la había atraído hacia sus brazos. Con la espalda pegada a su pecho, pudo sentir cada centímetro de su cuerpo rozarla mientras comenzaba a moverse contra ella al ritmo de la música ensordecedora.

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