تسجيل الدخول—¡Tavo, esa es mi hija! ¿Dónde crees que estás metiendo la mano? En el bar, mi colega Octavio se pasó de copas y confundió a mi hija con una de las edecanes. Octavio le sobaba el muslo y casi le metía la mano debajo de la falda. Lo más absurdo era que mi hija parecía estar muerta de ganas, como si disfrutara que le hiciera eso. Volteé y vi a la hija de Octavio. Sus pechos enormes casi le reventaban la blusa. Pues si así están las cosas, no me culpes por meterle mano a tu hija.
عرض المزيدEn cuanto solté esas palabras, Tavo se quedó paralizado y se volteó atónito hacia Carolina. Carolina estaba encogida a un lado, temblando de pies a cabeza. Tavo me lanzó una mirada y me reclamó:—Iván, eres un desgraciado. ¿Cómo va a ser que mi hija te haya seducido?Al ver que Tavo no me creía, no me quedó más remedio que tomar a Carolina del brazo y exigirle:—Diles que fuiste tú la que me sedujo.Carolina era apenas una muchachita y nunca se había visto en una situación así. Del susto le temblaban los labios y no pudo decir nada.Cuando el ambiente se ponía cada vez más tenso, mi hija, que había estado parada atrás todo el tiempo, no aguantó más y se quebró.Gritó y me reclamó:—¡Papá! ¿Qué pasó entre tú y Caro? ¿Es cierto o no es cierto?Al ver a mi hija al borde del colapso, no podía permitir que sufriera más. La jalé hacia mí y, con la voz más suave que pude, le dije:—Hija, eran solo bromas, no te lo tomes en serio.Mientras le hablaba, la tomé de la mano y la llevé a la fuerza
Pero apenas salí por la puerta, el ascensor ya estaba abierto. De adentro bajaron dos personas, una alta y otra baja. Un hombre y una mujer.Entrecerré los ojos y alcancé a distinguir quiénes eran. ¡Era Octavio! Y a su lado estaba su hija, Carolina. En cuanto me vio, Octavio, fuera de sí, me agarró del cuello de la camisa y se abalanzó sobre mí para golpearme.—¡Carajo, Vanito! ¡¿Qué le hiciste a mi hija?!Le aparté la mano de un manotazo y, también furioso, le respondí.—¿Y todavía tienes el descaro de venir a reclamarme? ¿No tienes idea de lo que tú mismo hiciste?Al escuchar el escándalo, mi hija Mariana también salió del departamento. Nos miró confundida y preguntó con cautela.—Tío Octavio, ¿qué hace aquí? ¿Qué están haciendo ustedes aquí?Al ver a Mariana, Octavio se dirigió a ella.—Llegas a tiempo. Ven, dime: ¿yo hice eso contigo o no?Mariana respondió que no. Octavio, como quien se sale con la suya, me miró entrecerrando los ojos.—¡Mira! Tu hija dice que no, ¿qué rumores est
Parecía que esta amistad ya no daba para más; si de verdad había sido así, yo iba a mandar a Tavo a la cárcel.Mi hija, al verme con esa cara, se apuró a preguntarme:—Pa, ¿qué te pasa? Te ves mal.La agarré de los hombros y le pregunté, angustiado:—Piensa bien, ¿sientes algo raro ahí abajo?Mariana se quedó pensando un momento y me contestó:—Siento… como si estuviera hinchada ahí abajo.—Pa, ¿por qué de pronto me preguntas eso? Esas cosas son tan íntimas.La respuesta de mi hija me dejó helado. Caí sentado en el piso. Mariana se apuró a levantarme.—Pa, ¿qué tienes? ¿Pa?Le hice una seña con la mano y le dije, con voz débil:—Hija, ese Tavo… ¡se aprovechó de que estabas borracha y te violó!Mis palabras dejaron aterrada a Mariana, que se tapó la boca.—No puede ser. El tío Octavio no es de esos. Si me siento hinchada ahí abajo, es solo porque tomé mucho y tenía ganas de ir al baño. No puede ser que haya pasado eso.Aguanté como pude el golpe y le dije todo lo que sabía de Tavo:—Ese
La última vez que fuimos al salón de masajes, Tavo me lo dijo.—Ya hay puro hoyo viejo aquí, ni una muchacha joven. Tengo ganas de encontrarme con alguna para divertirme.Seguro desde entonces ya le había echado el ojo a mi hija. Con razón aceptó tan rápido festejarle el cumpleaños a Carolina en el bar. Lo que quería era que mi hija también fuera. Tavo, al ver que lo miraba con rabia, puso cara de desconcierto y dijo:—Iván, si fuiste tú el que tocó a mi hija, ¿por qué me miras así?Tenía muchas ganas de decirlo todo. Pero lo pensé otra vez: mi hija y Carolina estaban ahí. Si lo decía todo sin rodeos, nadie iba a salir bien parado.No me quedó más que tragarme el coraje y decirle:—Nada. La fiesta se acaba aquí. Mariana y yo nos vamos a casa.Tavo me miró rabioso y, al ver que me iba, hasta se atrevió a advertirme:—Hoy es el cumpleaños de mi hija. Solo quiero que se divierta. No me obligues a ponerme pesado.Con esa frase, a mí también me hirvió la sangre. Me di vuelta y lo señalé con






Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.