LOGINHace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva. Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más. —Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad. Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto. Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre. Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica. Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio. —Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona. Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó: —Que tengas una feliz boda. Pero él cruzó mar y tierra para buscarla. En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte. —¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
View MoreEl hombre que apenas el día anterior le platicaba todo con ternura, de un momento a otro había desaparecido por completo. Elena se quedó helada, mientras una oleada de angustia la invadía. Revisó una y otra vez los mensajes anteriores sin entender qué había salido mal. Miles de ideas horribles le daban vueltas en la cabeza, pero ninguna tenía sentido. ¿Qué demonios había pasado?Elena pasó toda la noche dando vueltas en la cama sin poder pegar el ojo. Se aferraba a una ligera esperanza: ¿y si era alguna broma de la boda?, ¿algún reto tonto entre amigos? Quizá en cuanto amaneciera él la buscaría. Pero al día siguiente, Leonardo siguió sin dar señales de vida, y ella seguía bloqueada.Elena presintió que algo andaba muy mal. Corrió al taller de Leonardo y les pidió a los empleados el número de Thiago. Sin embargo, nadie contestaba. Esos dos hombres parecían haberse tragado por la tierra de repente.Así pasaron otros tres días eternos. Al atardecer del quinto día, Gael regresó de la esc
Desde que Elena y Leonardo hicieron pública su relación, Gael iba casi todos los días a la casa de Leonardo para hacer la tarea con Arturo. A Leonardo también le daba mucho gusto recoger a los dos niños de la escuela y ayudarlos con sus pendientes. A la hora de la cena, Leonardo pasaba por comida para llevar. Después de cenar y de que los niños estudiaran otro poco, los llevaba a caminar y a jugar a un parque cercano. Con el tiempo, a Elena le costaba mucho convencer a Gael de regresar a casa cuando pasaba por él. El pequeño se la pasaba tan bien que todos los días decía: "Me quiero quedar otro ratito", sin ninguna gana de irse.Una noche, de camino a casa, Gael le preguntó de repente a Elena:—Mamá, ¿cuándo te vas a casar con el señor Leonardo?Gael lo preguntó con mucha seriedad, y en su tono se notaba una gran ilusión. Elena apretó un poco las manos sobre el volante y sintió que las mejillas se le ponían rojas:—¿Y ahora qué traes en esa cabecita? ¿Por qué me preguntas eso de la
El fin de semana, Leonardo reservó una mesa en el Mesón Dorado y le pidió a Elena que fuera con Gael para comer juntos. Esta era la primera vez, después de hacer pública su relación, que los cuatro se sentaban a comer de manera formal. Las luces del lugar eran muy brillantes, lo que hacía que todos se sintieran un poco incómodos. Leonardo miró a Elena varias veces, pero en cuanto Gael lo volteaba a ver, desviaba la mirada con cierta timidez.Aunque Gael ya lo había aceptado, todavía no se sentía del todo cómodo mostrando su cariño por Elena delante del niño. Elena se sentía igual. Por un momento, el ambiente se volvió un poco tenso.Arturo miró a los dos adultos y tomó la iniciativa para romper el hielo.—Leonardo, ¿por qué te quedas ahí parado? Sírvele algo de comer a la señora Elena —dijo Arturo con tono burlón—. Al fin tienes novia. Si no te pones las pilas, te vas a quedar solo para siempre.Gael asintió de inmediato:—Así es. Si no cuidas bien a mi mamá, yo no voy a dejar que
Leonardo apenas cruzó la puerta y, antes de encender las luces de la entrada, sacó el celular para mandarle un mensaje a Elena: "¿Cómo te fue con Gael?"Tenía los dedos tan tensos al escribir que ni él mismo se daba cuenta. En realidad, no esperaba que ella le contestara de inmediato. Se recargó contra la pared y, sin ganas de quitarse la chamarra, se quedó esperando en silencio en la oscuridad.Al poco rato, el celular vibró.Elena: "El niño me apoya mucho."Con solo ver esas palabras, el peso que Leonardo sentía en el pecho desapareció de golpe. Relajó los hombros despacio, soltó un suspiro y su mirada se suavizó por completo. Justo en ese momento, Arturo salió de su recámara.—¿De qué te ríes solo? —le preguntó.Leonardo disimuló la sonrisa:—Qué bueno que sales, tengo una excelente noticia que darte.Arturo levantó una ceja:—¿Ya eres novio de la señora Elena?—¿Cómo lo sabes?—No tengo un pelo de tonto —Arturo se cruzó de brazos con aire maduro—. Me di cuenta desde hace mucho.D






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