—Inés, tú lo entendiste mal. En el grupo no hablábamos de ti, sino de la hija de una vecina mía. Ella también se llama Inés. La culpa también fue mía. Como estaba molesta por lo de la cuenta de la comida, no te lo expliqué bien en su momento. Hace un momento me dejé llevar por el impulso. Ahora te pido una disculpa aquí mismo. Por favor, perdóname.Josefina no dejaba de hacerles señas a Leonor y Paloma.—Leonor, Paloma, ¿verdad que sí? Inés siempre ha sido nuestra mejor amiga. ¿Cómo podríamos hablar mal de ella a sus espaldas?Leonor y Paloma, al verse señaladas de pronto, se apresuraron a seguirle la corriente.—Sí, sí, claro. Siempre estuvimos hablando de otra persona. Inés, nosotras sabíamos que no te gusta andar chismeando sobre los demás, por eso no te metimos al grupo. Nunca pensamos que ibas a malinterpretarlo.Las miré a las tres con frialdad y esbocé una sonrisa burlona.—¿Mejor amiga? ¿De verdad creen que soy idiota? Ayer las tres sacaron todas mis cosas de la habitación y la
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