
Dejé al Infiel y Me Casé con un MagnateAl quinto año de casarse con Amaro Paz, Luna Reyes descubrió que su acta de matrimonio era falsa.
La verdadera señora de la casa era la otra, la impostora, aquella hija falsa con la que le habían intercambiado la identidad.
Su adorado esposo arriesgó la vida para salvar a la otra.
La suegra a la que Luna había tratado de complacer solo veía a esa impostora como un tesoro.
Hasta sus propios padres biológicos le exigían que lo entregara todo por esa mujer.
Cinco años de entrega acabaron siendo tirados a la basura. Y la dulce trampa que Amaro había tejido a su alrededor no era más que un medio para quedarse con la herencia.
¡Luna se hartó!
Por suerte, acababa de heredar una fortuna enorme.
Decidió mandar a la familia de Amaro al demonio, pero antes de largarse, iba a jugar con ellos un rato.
¿Que la impostora quería joyas? Pues se las quitaría.
¿La suegra enferma quería que ella consiguiera a un médico famoso? No tenía tiempo.
¿Sus padres querían que renunciara a su puesto de periodista estrella para cedérselo a la impostora? Ni soñándolo.
Cuando Luna se marchó por completo, la familia Paz por fin entró en pánico. Entonces Amaro empezó a recordar lo buena que ella había sido con él.
Se arrodilló frente a su puerta y le suplicó perdón.
Sin embargo, quien abrió la puerta fue el heredero de la familia más rica y poderosa del país:
—¿Cuál señora Paz? ¡Fuera de mi vista, caradura! Esta casa no es para rastreros como tú.