No puedo dejar de sonreír al recordar la dinámica entre las protagonistas de «Algo prestado». En la versión cinematográfica de 2011 los papeles principales los llevan Ginnifer Goodwin como Rachel, la chica sensible y leal que se debate entre la amistad y el amor; Kate Hudson como Darcy, la amiga carismática y siempre segura de sí misma; Colin Egglesfield interpreta a Ethan, el amigo de la infancia que vuelve a encender sentimientos; y John Krasinski da vida a Dex, el novio encantador y complejo. Esa cuadrilla forma el núcleo emocional de la película y es lo que hace que la historia funcione en la pantalla.
Me gusta fijarme en cómo cada uno aporta tonos distintos: Ginnifer aporta esa vulnerabilidad honesta que te hace comprender a su personaje, Kate entrega un brillo contagioso y a la vez capas de egoísmo, Colin añade la ternura contenida que provoca empatía y Krasinski equilibra con un encanto más fuera de lo típico. El director Luke Greenfield optó por mantener la comedia romántica ligera pero con momentos dramáticos que dependen mucho del casting, y en ese sentido la película acierta.
Al salir del cine me quedó la sensación de haber visto a un grupo de personas reales en conflicto, no solo arquetipos. Me sigue gustando volver a estas interpretaciones porque, pese a algún escollo del guion, el cuarteto protagonista entrega química y humanidad, y eso me deja con una sonrisa melancólica cada vez que pienso en la película.
No puedo evitar sonreír cuando pienso en los rincones que aparecen en «En agosto nos vemos». A mí me quedó claro que el rodaje combinó tomas urbanas con paisajes costeros: muchas escenas exteriores se hicieron en Barcelona, aprovechando tanto el casco antiguo como las playas de la ciudad para esas secuencias más luminosas y cotidianas. Además, algunas escenas íntimas y domésticas se rodaron en platós cerca de la ciudad, donde el equipo recreó apartamentos y locales con cuidado por la iluminación veraniega.
También recuerdo que el equipo se desplazó a Girona y a localidades cercanas para aprovechar calles empedradas y plazas con menos tránsito. Eso le da a la película una mezcla de modernidad y pueblo que funciona muy bien: por un lado la vida urbana, por otro esos patios y plazas que dan sensación de verano prolongado. En conjunto, el rodaje por distintas localizaciones catalanas y el uso de estudios permitió esa alternancia de exteriores vibrantes y escenas interiores más contenidas. Personalmente me encanta cómo se aprovecharon los contrastes de luz entre la ciudad y la costa; le da a la cinta una calidez que aún me queda en la memoria.
Me encanta ver cómo una obra clásica cambia según quien la lleve al cine, y sobre «La fierecilla domada» hay varias opciones según lo que busques. Si lo que quieres es la versión fiel y con aroma clásico, la película de 1967 dirigida por Franco Zeffirelli con Elizabeth Taylor y Richard Burton suele aparecer en servicios de alquiler digital como Amazon Prime Video (alquiler/compra), Apple TV/iTunes y Google Play. También la pasan de vez en cuando en canales de cine clásico como TCM o en ciclos de cine en plataformas de cine arte.
Si prefieres una adaptación moderna y más accesible, la divertida «10 cosas que odio de ti» (1999) es prácticamente la versión para adolescentes de la historia y suele estar en catálogos populares (dependiendo del país, en plataformas como Netflix, Prime o Hulu). Otra alternativa es buscar ediciones físicas: muchas tiendas venden DVD/Blu-ray con subtítulos y extras, y las bibliotecas públicas suelen tener copias para préstamo. Personalmente, disfruto comparar la traducción y las actuaciones entre la versión de Zeffirelli y la moderna; cada una aporta matices distintos que vale la pena explorar.