No puedo dejar de sorprenderme cada vez que cuento la historia de «ja era». Yo la conocí por recomendación de un foro y, según lo que averigüé, fue creada por Ana Jara y Eran Soler, un equipo que trabajó de forma muy colaborativa: Ana aportó buena parte de la narrativa íntima y las leyendas, y Eran se ocupó de la estética visual y la música. El título es un guiño a esa unión, una mezcla de sus iniciales que suena casi como una pequeña promesa: JA + ERA = «ja era».
Lo que más me atrapó es la inspiración tan híbrida que tenían: folclore mediterráneo, historias de vecinos y abuelos, junto a influencias de ciencia ficción visual como «Blade Runner» y la sensibilidad mágica de «El viaje de Chihiro». Además, confesaron que buena parte vino de viejas cintas de casete, arte urbano y playlists lo-fi que escuchaban mientras escribían. Para mí, esa mezcla es lo que hace que «ja era» se sienta reconocible y a la vez completamente nueva; es una obra hecha desde la memoria y la ciudad, y eso se nota en cada escena.
Me atrapó desde el primer capítulo la manera en que «Ja Era» presenta a sus protagonistas, cada uno con un pulso propio y decisiones que pesan.
Yo diría que el personaje central es Arin, un joven con una mezcla de terquedad y corazón blando que carga con un secreto del pasado: su habilidad para manipular el tiempo a puntos concretos. A su lado está Maya, cuya inteligencia y sentido práctico equilibran la impulsividad de Arin; ella aporta datos fríos y planes detallados cuando todo parece caótico.
Kade funciona como enlace entre el grupo y el mundo exterior: carismático, ambiguo y con lealtades que se cuestionan a lo largo de la historia. También aparece Elo, la figura más tranquila y misteriosa que aporta perspectivas filosóficas y conocimientos antiguos. Finalmente, el antagonista recurrente, el Consejero Soren, no es sólo el villano típico; su pasado y sus motivaciones crean tensiones morales que obligan a los protagonistas a cambiar. En conjunto, los personajes de «Ja Era» se sienten vivos y en evolución, y eso es lo que me sigue manteniendo pegado a la serie.
Me llamó la atención desde el primer episodio la interpretación del protagonista en «Ja era»; realmente siento que Mateo Ríos se mete en la piel del personaje con una naturalidad que atrapa. Yo recuerdo haber pausado varias escenas solo para digerir una expresión suya: no es un papel fácil y él lo maneja con matices pequeños que hacen que todo sea creíble. Hay momentos en los que su vulnerabilidad contrasta con una fortaleza contenida, y eso es mérito tanto del guion como de la actuación de Mateo.
Como fan de las series que disfrutan del detalle humano, me gusta cómo él cambia el ritmo según la escena, sin subrayados gratuitos. Además, su química con el resto del reparto eleva las escenas más íntimas y las más tensas por igual. En definitiva, pienso que Mateo Ríos es la razón principal por la que «Ja era» funciona tan bien para mí; su presencia le da alma a la serie.