Me encanta jugar con palabras y sonidos para crear retahílas que hagan reír a los niños. Una técnica que suelo usar es combinar rimas simples con situaciones absurdas, como «En un árbol vivía un gato, con zapatos de terciopelo y un sombrero de plato». La clave está en mantener un ritmo pegadizo y usar imágenes llamativas.
También es útil inspirarse en elementos cotidianos de su entorno. Por ejemplo, «Martín come pan, mientras su perro en un cojín se sube y se van». La repetición de sonidos y la estructura predecible ayudan a que los niños memoricen y participen. Lo más divertido es ver cómo inventan sus propias versiones después.
Me encanta sumergirme en la cultura tradicional, y las retahílas andaluzas son un tesoro lleno de ritmo y picardía. Una de las mejores formas de encontrarlas es revisando compilaciones de folklore, como los libros de Antonio Rodríguez Almodóvar, quien ha recopilado cuentos y rimas populares. También puedes buscar en archivos digitales de universidades, donde suelen guardarse investigaciones antropológicas.
No subestimes el poder de preguntar a los mayores en pueblos andaluces. Muchas de estas retahílas se transmiten oralmente, y en ferias o reuniones familiares aún las escuchas. Plataformas como YouTube tienen grabaciones de grupos folclóricos que las recitan, aunque nada beatifica la magia de escucharlas en vivo con ese acento musical que las hace únicas.