Tengo un viejo cuaderno donde anoto frases que me golpean, y William James aparece con frecuencia en sus páginas.
'El mayor descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede cambiar su vida cambiando su forma de pensar.' Esa sentencia me acompaña cuando necesito recordarme que la actitud no es accesorio, sino herramienta. También guardo 'Actúa como si lo que haces marcara la diferencia. Porque lo hace.' —y suelo repetirla en voz baja antes de proyectos que asustan.
Me fascina cómo James mezcla psicología y filosofía sin florituras: 'La creencia crea el hecho real' y 'Mi experiencia es aquello a lo que acepto prestar atención' son ejemplos de su pragmatismo aplicado a la vida cotidiana. En «Pragmatism» y en «The Varieties of Religious Experience» explora esto con más detalle; leerlo me hizo replantear prioridades y la forma en que elegimos creer. Al final, esas frases no solo son bonitas, me resultan prácticas, casi tácticas para vivir con menos ruido y más foco.
Encontré a William James hojeando una antología de filosofía pragmática en una librería de viejo y su nombre se quedó conmigo por ser de esos pensadores que se meten en la vida cotidiana. Nacido en 1842 y fallecido en 1910, James fue un puente entre psicología y filosofía: autor de obras como «The Principles of Psychology», «Pragmatism» y «The Varieties of Religious Experience», defendió la idea de que las creencias y las teorías deben juzgarse por sus efectos prácticos y por cómo funcionan en la experiencia vital.
En España su voz no llegó como un terremoto, sino como una brisa persistente: traducciones, reseñas y debates académicos llevaron sus ideas a facultades, seminarios y círculos pedagógicos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La noción de que la verdad se verifica en la práctica resonó en quienes buscaban modernizar la enseñanza y la investigación psicológica, así como en teóricos interesados en el estudio empírico de la religión y la conducta.
Mi impresión personal es que James ofreció una forma de pensar útil para tiempos de cambio: sus conceptos abrieron puertas a enfoques más experimentales y menos dogmáticos en España, y siguen siendo una herramienta práctica para entender por qué creemos lo que creemos.
Me fascina ver cómo la obra de William James sigue encontrando lectores en España, y creo que hay cuatro títulos que saltan siempre en cualquier conversación: «Principios de psicología», «Pragmatismo», «Las variedades de la experiencia religiosa» y «La voluntad de creer y otros ensayos».
Si me preguntas por orden de popularidad entre el público general, «Pragmatismo» y «Las variedades de la experiencia religiosa» suelen liderar. «Pragmatismo» atrae a quienes buscan una filosofía práctica, clara y aplicable a la vida cotidiana; su lenguaje —aunque de época— se siente sorprendentemente vivo. «Las variedades…» interesa a lectores de religión, espiritualidad y psicología por igual, por la mezcla de historias personales y análisis psicológico.
En ambientes académicos y entre lectores más técnicos, «Principios de psicología» sigue siendo referencia histórica, aunque es denso y largo; muchos prefieren ediciones comentadas o resúmenes. Finalmente, «La voluntad de creer» funciona muy bien como introducción: es breve, polémico y muy citada en debates sobre fe y racionalidad. Yo suelo recomendar empezar por «Pragmatismo» si alguien quiere algo accesible y estimulante.