Siempre me ha interesado cómo algunos actores mantienen una frontera clara entre lo público y lo privado, y
alexander Dreymon es un buen ejemplo. En lo que se conoce públicamente, él tiende a guardar silencio sobre su vida sentimental: rara vez publica detalles íntimos en redes ni habla abiertamente de
novias en entrevistas. Eso no significa que no tenga pareja, sólo que prefiere no convertir su vida personal en tema de tabloide, algo que respeto muchísimo, sobre todo viniendo de alguien que protagoniza una serie tan popular como «The Last Kingdom».
He seguido entrevistas y apariciones suyas y, más allá de algún comentario general sobre la importancia de la familia o de mantener la privacidad, no hay confirmaciones sólidas de una relación estable y pública. En ocasiones los medios han especulado o han mostrado
fotos de distintas salidas, pero sin declaraciones oficiales de su parte, es difícil distinguir rumor de realidad. Personalmente, prefiero asumir que si él no lo comparte, probablemente sea porque quiere proteger a la otra persona.
Me gusta pensar que ese misterio añade cierta dignidad: no todo tiene que ser parte del espectáculo. Al final, me quedo con la imagen de un actor que deja que su trabajo hable por él y que cuida su vida privada, algo que admiro en la era del oversharing.