Si tengo prisa y la cigarra está en un lugar alto, improviso un contenedor amplio y una toalla fina: me subo a una silla con calma, coloco el contenedor encima del insecto y, con la toalla por encima, la dejo subir al interior. Luego cubro la abertura con la cartulina y la llevo fuera. Otra forma rápida es apagar las luces de la habitación y abrir una ventana grande para que se vaya sola hacia la luz exterior; funciona sorprendentemente bien si no hay corrientes de aire que la empujen dentro.
Nunca uso pegamentos ni sprays porque los dañan; también evito golpes porque sus alas son frágiles. Al terminar, me quedo con la sensación de alivio y un poco de ternura por haber ayudado a que vuelva al árbol donde pertenece.
Me he encontrado con una cigarra dentro de casa más de una vez y lo mejor es mantener la calma: son frágiles y mucho más asustadas que tú. Lo primero que hago es apagar las luces interiores y abrir ventanas o puertas que den al exterior para que el insecto se sienta atraído por la claridad natural. Si es de día, cierro persianas hacia el interior para crear contraste y la guío hacia la salida; de noche, enciendo una lámpara fuera (en el balcón o en el pasillo) para que la luz la lleve afuera.
Si la cigarra se posa en una pared o una cortina, uso un vaso transparente y una hoja de papel rígido: acerco el vaso despacio, cubro al animal suavemente con el vaso y deslizo la cartulina por debajo, evitando tocar las alas. Después la saco con cuidado al balcón o a un árbol cercano y la libero. Evito golpes, aerosoles y cosas que la puedan lastimar: su canto y su existencia son parte del verano, así que prefiero devolverla intacta al exterior. Siempre me deja con una sonrisa pequeña, pensando en lo curioso que es encontrarlas tan cerca.
Después de años cuidando plantas en casa y viendo bichos entrar por ventanas, aprendí distintos trucos según dónde esté la cigarra. Si está en el suelo o en una mesa, es fácil: me acerco con un vaso transparente y una cartulina rígida, la cubro con el vaso y deslizo la cartulina para trasladarla sin tocarla. Si está en el techo o en una pared alta prefiero usar una red ligera o un palo con un paño suave en punta para guiarla hacia una ventana abierta; la clave es moverse despacio y evitar sacudidas bruscas.
También tengo en cuenta la hora: por la mañana y al atardecer son más tranquilas y responden mejor a la luz natural, mientras que de noche puede ayudar una lámpara externa. Si llego a encontrar una ninfa (ese ejemplar sin alas o con forma de gusano), la cojo con mucho cuidado y la llevo a la tierra al pie de un árbol porque aún no puede volar. Siempre que las libero en un arbusto cercano me quedo contento, pensando que hice lo justo para no dañarlas.
Me resulta práctico tener a mano un frasco o tupper y una cartulina porque suelen colarse en pisos con plantas o desde balcones abiertos. Si la veo volando por la sala, apago el ventilador y todas las luces para reducir el estrés y la energía en el espacio; luego abro una ventana grande y coloco una luz tenue fuera para orientarla. Procuro moverme despacio, hablando en voz baja si hay niños para que no hagan ruido que la altere.
Si se posa en una cortina la envuelvo con la cartulina y la dejo subir al borde del recipiente; nunca la aplasto con la mano porque sus alas y patas son delicadas. Después la llevo a un árbol cercano y la suelto desde una rama baja. Cada vez que lo hago me maravillo de lo ruidosas que pueden ser pero también de lo inofensivas que son, y me quedo con esa sensación de haber cuidado algo pequeño sin complicarme.
2026-03-07 21:24:33
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Mangonel
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"Mi íncubo llegó hace un mes y todavía no deja que lo toque. ¿Por qué pasa esto?"
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La respuesta del agente no tardó en llegar, redactada con esa cortesía empalagosa de siempre.
"Señorita, nuestras unidades suelen estar ansiosas por convivir con sus dueñas. Si el suyo se comporta así, lo más probable es que esté defectuoso. Si gusta, podemos tramitar el cambio ahora mismo. El nuevo le estaría llegando en una semana."
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No podía con el pensamiento de devolverlo.
Decidí darle un voto de confianza y esperar unos días más. Si de plano no funcionaba, intentaría mandarlo a reparar.
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Fue ahí donde sentí un nudo en el estómago al darme cuenta de que mi íncubo tuvo una reacción al ver a mi hermanastra... que estaba sentada justo frente a él.
En ese momento, caí en cuenta: el día que llegó el paquete, fue ella quien lo abrió.
Esa misma noche, volví a contactar al asesor.
"¿Me confirman que el nuevo llega en una semana? Olvídenlo, mándenme el reemplazo de una vez."
Compré en línea a un íncubo atractivo, uno de esos que vienen con esa distancia que seduce.
Pero respiraba tan fuerte, con un jadeo grave atorado en la garganta, y me observaba sin parpadear.
Su temperatura era tan alta que, al rozarme, sentía que podía quemarme.
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Después de escuchar mi explicación, cayó un silencio incómodo al otro lado.
—Señorita… ¿no será que no está enfermo, sino hambriento?
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Hace unas noches me tocó lidiar con una cigarra que se había metido en la sala y terminé aprendiendo una técnica muy sencilla y respetuosa para sacarla sin hacerle daño.
Primero apagué las luces interiores y abrí una ventana grande con cuidado: muchas veces los bichos se orientan hacia la claridad o la brisa y salen solos si les das la ruta. Si eso no funciona, uso un vaso o un frasco transparente y una cartulina rígida: me acerco despacio, coloco el vaso sobre la cigarra y deslizo la cartulina por debajo para atraparla sin tocarla. Luego llevo el contenedor fuera, lo aparto suavemente y la dejo posarse sobre una rama o un arbusto.
Si la tengo encima de ropa o cortinas, prefiero usar guantes finos o un paño suave para no dañar sus alas; evitar aplastarla es clave. Evito insecticidas y aspiradoras potentes porque suelen matar o lastimar a la cigarra. Al final siempre me siento mejor sabiendo que la liberé afuera y pienso que no hay por qué convertir un encuentro veraniego en un drama: la naturaleza sigue su curso y yo me quedo con una anécdota más.
Me fastidia cuando una cigarra se cuela en la sala y se queda golpeando la ventana; siento que rompe la calma veraniega. Para evitar que vuelvan a entrar, mi primer paso siempre es revisar las entradas físicas: ventanas, puertas, rejillas de ventilación y cualquier hueco alrededor de tuberías. Instalar burletes en puertas, fajas de goma en ventanas y reparar o cambiar mosquiteros con agujeros pequeños es fundamental. También pongo malla metálica fina en las rejillas del ático, chimeneas y salidas de ventilación para que no haya huecos por donde se cuelen.
Otro hábito que me ha funcionado es controlar la iluminación exterior durante la noche. Las cigarras son atraídas por la luz, así que uso bombillas amarillas o LED de baja atracción y apago faroles innecesarios. Además corto las ramas que rozan el tejado y alejo macetas y pequeñas plantas de las entradas: menos vegetación pegada a la casa significa menos sitios donde se posan antes de intentar entrar.
Si alguna entra, prefiero capturarla con calma: vaso y cartón para soltarla fuera, o con un paño suave. Evito insecticidas porque son poco eficientes para esto y pueden matar insectos beneficiosos. Al final me quedo más tranquilo sabiendo que la casa está sellada y que la próxima emergencia será mucho menos probable.