Recuerdo quedarme pegado a la pantalla
la primera vez que vi cómo entraron en escena Wallace y su inseparable compañero: Gromit aparece sin
palabras pero con una presencia clarísima y llena de matices en «A Grand Day
out». En esa película los creadores lo presentan como el contraste perfecto de Wallace: mientras Wallace suelta ideas estrafalarias y parlotea, Gromit actúa con calma, mirada fija y gestos precisos que lo dicen todo. Los animadores usaron stop-motion y modelado manual para lograr esos microgestos en las orejas, los ojos y la postura, así que su personalidad se construye visualmente, no por
diálogos.
Me gusta cómo la película planta pistas pequeñas sobre su carácter: es metódico, atento a los detalles y a la vez transmite cariño y frustración contenida hacia las locuras de Wallace. La
ausencia de voz hace que cada suspiro, cada ceja levantada y cada mirada a cámara funcionen como un monólogo silencioso. Además la música y los efectos sonoros subrayan su reacción; todo eso lo convierte en un personaje que comprendes al instante, sin necesidad de palabras.
En resumen, la presentación de Gromit en «A Grand Day Out» es un ejercicio de mostrar, no contar: diseño de personaje, coreografía de movimientos y dirección visual trabajan juntas para que sintieras desde la primera escena que él era el corazón silencioso de la dupla.