He hecho búsquedas rápidas cuando quiero ver algo sin esperar, y con «All Things Fair» lo más directo es mirar esas tiendas digitales que funcionan en España.
Abro Prime Video (tanto la suscripción como la tienda de películas), la app de Apple TV y Google Play Películas; muchas veces está para alquilar por 24-48 horas o para comprar. También compruebo Rakuten TV y YouTube Movies, porque hay títulos que solo aparecen en una de esas tiendas. Filmin y MUBI son buenos para cine independiente o europeo, así que si la película es menos comercial puede aparecer allí.
No olvides comprobar la disponibilidad de subtítulos y doblaje en la ficha de la película antes de pagar. En mi experiencia, pagar un alquiler puntual suele ser la vía más rápida si no está incluida en ninguna suscripción, y eso me evita búsquedas eternas.
¿Quieres verla rápido desde España? Te doy un plan sencillo y práctico: primero revisa JustWatch para España y después entra directamente a Prime Video, Apple TV, Google Play, Rakuten TV y YouTube Movies: ahí suelen estar las opciones de alquiler y compra para «All Things Fair».
Si eres más de suscripciones, mira Filmin y MUBI primero, luego Netflix España y HBO Max por si la incluyen en su catálogo. Si no aparece en ninguna de esas, busca una copia física en Amazon España o tiendas de segunda mano; muchas veces la encuentras ahí. Yo prefiero comprobar también la disponibilidad de subtítulos antes de pagar, porque para ciertas películas eso marca la diferencia. Al final, con estas comprobaciones rara vez tardo mucho en encontrarla y la experiencia suele salir bien.
Lo habitual en mi caso es empezar por plataformas especializadas y pensar en opciones alternativas: con «All Things Fair» primero reviso Filmin y MUBI, orientadas a cine de autor; si no aparece, chequeo Netflix España y HBO Max por si entra en alguno de sus catálogos.
Si la película no está en streaming por suscripción, paso a las tiendas digitales (Apple TV, Google Play, Prime Video Store, Rakuten TV o YouTube Movies) donde suele estar disponible para alquilar o comprar. Otra vía que me funciona es mirar en tiendas online de segunda mano o en la sección de DVDs de Amazon España: a veces la edición física es la única forma de verla. También recomiendo activar alertas en JustWatch para que te avise cuando la peli llegue a alguna plataforma en España.
Personalmente valoro que la versión tenga subtítulos en español o el audio en versión original para disfrutarla mejor, y si la encuentro en alquiler pago con tranquilidad; la comodidad suele justificar el gasto pequeño.
Tengo una pequeña ruta para encontrar «All Things Fair» en España que siempre sigo cuando me entra la curiosidad por una peli concreta.
Primero consulto JustWatch o cualquier buscador de catálogos para España: ahí verás si aparece en Netflix España, Prime Video (tanto en catálogo como en alquiler/compra), HBO Max, Filmin o MUBI. Si no está en streaming por suscripción, muchas veces sale en tiendas digitales como Apple TV, Google Play o Rakuten TV para alquilar o comprar. También reviso YouTube Movies y la tienda de Prime Video por si aparece solo en formato de pago.
Si tampoco aparece ahí, miro tiendas físicas y de segunda mano (Amazon España, eBay) por si hay DVD/Blu‑ray, o la he encontrado en la web de festivales y ciclos de cine que a veces ofrecen visionados puntuales. En mi experiencia, «All Things Fair» suele estar en plataformas de alquiler antes que en catálogos por suscripción, así que lo más práctico es buscar en JustWatch y decidir entre alquilar o pillar una copia física si eres coleccionista. Al final, siempre me quedaré con la sensación de haberla visto cómodamente y con subtítulos decentes.
2026-07-10 16:16:59
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Y desde ese momento, mi vida cambió por completo.
Después de seis años de relación, justo cuando estaba a punto de casarse, su novio la dejó con una sola frase:
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Diez millones al mes para gastar, recursos ilimitados, un esposo que supuestamente viajaba todo el tiempo por trabajo y una convivencia sin interferencias. Además, podía aplastar a su ex solo por el estatus de la familia Ferrer.
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***
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Mi esposo estaba trabajando durante las fiestas, otra vez. Lo habían enviado fuera de la ciudad para supervisar una de las operaciones portuarias de la Familia y una serie de casas de juego. Por lo tanto, decidí comprar un boleto y sorprenderlo.
Solo quedaban asientos en clase ejecutiva.
Mirando el precio de cinco cifras, apreté los dientes y me gasté los ahorros de todo un año.
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Forcé una sonrisa incómoda.
—Disculpa. Tú debes de ser… importante. Tienes esa aura.
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Parpadeé.
—¿Un… benefactor? Eso es raro.
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—Qué curioso —dije, con la voz tensa—. Mi esposo tiene una asistente que le ayuda a manejar las cuentas de los muelles. También se equivoca mucho.
—¿Estás casada?
Me recorrió de arriba abajo con la mirada.
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—Le dije que quería verlo para Año Nuevo. Así que le dijo a la esposa que tenía que trabajar.
En ese momento, el diamante en su dedo atrapó la luz. Era idéntico al anillo de boda que yo había perdido.
El cuerpo se me heló.
No. Matteo solo era un ejecutor de bajo nivel. Un simple soldado en el que la Familia confiaba ocasionalmente para hacer operaciones menores: envíos en el muelle, apuestas clandestinas, nada más.
¿Cuándo se convirtió en un Don?
Una empleada me expuso en redes sociales.
Dijo que era una jefa miserable y tacaña por no darles una canasta navideña.
Pero la gente en internet no sabía que, según la tradición de mi empresa, en cada festividad y también en su cumpleaños, cada empleado recibía sin falta una tarjeta de regalo de 200 dólares.
Como medio internet me estaba haciendo pedazos, decidí seguirles el juego y publiqué un comunicado:
“Para respetar las tradiciones navideñas, este año se cancelan las tarjetas de regalo. En su lugar, todos recibirán una canasta navideña.”
Apenas salió el comunicado, la empresa entera se convirtió en un caos.
Los empleados se plantaron frente a la puerta de mi oficina y me rogaron que les devolviera las tarjetas de regalo.
Una empleada de mi empresa se fue a desahogarse en TikTok porque, según ella, yo no le aprobaba la licencia por matrimonio.
“Tenemos un bajo índice de matrimonios, una baja natalidad, y es culpa de ustedes, malditos capitalistas. ¡Ni siquiera me apruebas la licencia por matrimonio! ¿Para ti solo soy una esclava? Me creí tus mentiras, eso de ‘vamos a ser una empresa de puras mujeres, una empresa amigable con las mujeres’, y mírate ahora: se te cayó la máscara; ya se te vio la cara de capitalista que exprime a la gente hasta dejarla seca.”
El video explotó de la nada; un montón de jóvenes se sintieron identificados y se me fueron encima en redes, al punto de que hasta me mandaron navajas por correo.
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“Lo siento, pero la licencia por matrimonio de Blanca no la voy a aprobar. Puede denunciar ante el Ministerio de Trabajo y pedir una audiencia de conciliación; si no hay acuerdo, puede demandarme en un juzgado laboral si quiere.”
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Estuve ocho años con un hombre divorciado. Nos separamos noventa y cuatro veces y nos divorciamos cinco. Una más, y sería la número cien, pero me cansé.
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Y aun con todo el dolor que me causó, nunca tuve el valor de dejarlo del todo.
La última vez que nos divorciamos fue por otra razón absurda: su ex y su hijo participarían en un programa familiar, y para cuidar la imagen de familia feliz, volvió a divorciarse.
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Me enganchó desde los primeros planos: «All Things Fair» retrata la adolescencia como un territorio ambiguo, lleno de deseos que se sienten más grandes que la propia experiencia. Yo recuerdo cómo en la película el chico va descubriendo el mundo a través de una mezcla de ternura y confusión; la atracción no es limpia ni heroica, es torpe, a veces cargada de culpa y otras de esperanza. Esa contradicción me pareció realísimo, porque el amor adolescente suele ser así: puro en intención, pero enredado en inseguridades.
Además, la historia no ignora la diferencia de poder ni las consecuencias: el romance está atravesado por dinámicas adultas que complican el crecimiento. Vi en «All Things Fair» una lección dura sobre límites y responsabilidad, pero también una elegía a la pérdida de la inocencia. Al terminar la película me quedé con esa mezcla de cariño y molestia; me pareció preciosa y dolorosa a la vez, como un recuerdo que nadie debería idealizar pero que enseña mucho sobre ser joven.