Me resulta evidente que Vicente Risco sí escribió sobre mitos gallegos y que esas aportaciones quedan repartidas entre artículos, ensayos y colaboraciones en revistas como «Nós», más que en un único libro con ese título. En mis lecturas he visto cómo recogió y analizó relatos tradicionales —desde historias de meigas hasta procesos míticos ligados al paisaje— y los enlazó con debates sobre la identidad gallega, lo que hizo que su obra sirviera tanto a la etnografía como a la literatura.
No esperes encontrar necesariamente un volumen moderno llamado exactamente «Mitos gallegos» firmado por él, pero sí hallarás sus estudios y recopilaciones dispersos en publicaciones de la época y en ediciones críticas posteriores. Para mí, su legado en la mitología gallega es más bien fragmentario y a la vez fundacional: sus piezas ayudan a entender por qué ciertas creencias siguen vivas y cómo se articulan con la historia cultural de Galicia.
Siempre me ha llamado la atención cómo ciertos autores consiguen dar forma escrita a historias que hemos oído en el campo o en la cocina de casa, y Vicente Risco es uno de ellos. En mi lectura sobre la recuperación cultural gallega de principios del siglo XX, encontré que Risco no se limitó a la teoría: además de su célebre ensayo político «Teoría do Nacionalismo Galego», escribió y publicó numerosos artículos y estudios sobre la mitología y el folclore de Galicia en la revista «Nós» y en otras recopilaciones. Su trabajo mezcla la sensibilidad literaria con un enfoque etnográfico: recoge relatos orales, examina figuras como las meigas, la Santa Compaña y otros seres del imaginario popular, y trata de situarlos en una identidad cultural más amplia.
Como lector curioso, me gustó ver cómo sus piezas no son solo transcripciones de cuentos, sino reflexiones sobre el sentido de esos mitos en la vida rural y en la construcción de identidad. Sus artículos ayudaron a fijar muchas leyendas que, de otro modo, habrían quedado dispersas. Hoy en día se le reconoce como una figura clave para quienes estudian la mitología gallega, aunque su obra también se lee con distancia crítica debido a sus ideas políticas posteriores. Aun así, para cualquiera interesado en las raíces mágicas de Galicia, sus escritos son una puerta valiosa y vívida.
Recuerdo leer fragmentos de revistas antiguas y pensar que parte de lo que hoy conocemos como patrimonio oral gallego llegó a conservarse gracias a autores como Vicente Risco. En un tono más académico y al mismo tiempo cercano, puedo decir que Risco publicó ensayos y recopilaciones sobre leyendas y mitos gallegos, muchos de ellos aparecidos en «Nós», donde combinaba notas de campo, análisis y reinterpretaciones culturales.
Desde mi punto de vista más reflexivo, lo interesante es cómo trató esas historias: no solo las dejó como curiosidades, sino que las insertó en discursos sobre lengua, identidad y resistencia cultural. A lo largo de sus textos aparecen relatos sobre meigas, ritos, creencias rurales y procesos de transformación social que explican por qué ciertas leyendas perviven. Aunque no siempre se encuentran fácilmente compilaciones tituladas exclusivamente como “mitos”, su contribución al estudio y la difusión de la mitología gallega es palpable en sus artículos y en la influencia que ejerció sobre generaciones posteriores de etnógrafos y escritores. Personalmente valoro esa mezcla de pasión literaria y trabajo de campo que muestra un cariño profundo por las tradiciones.
2026-04-04 07:27:41
6
View All Answers
Scan code to download App
Related Books
Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.
Cocojam
0
617
El día que descubrí que estaba embarazada de gemelos, vi a mi compañero destinado, el Alfa Viggo, acompañar a otra loba a su control prenatal.
Me paralicé. El informe del embarazo se arrugó entre mis dedos.
El mismo lobo que besaba cada centímetro de mi cuerpo, el mismo lobo que juró ser mío y solo mío. Aquella noche, sus ojos estaban tan fríos como el hielo.
—Está esperando a mi cachorro. Su loba es inestable. Prepararás sus tónicos calmantes. Todos los días.
—Es muy sensible. No puede dormir sin mi olor. Así que llévate tus cosas al ala oeste. Dale espacio.
La enorme mansión quedó sumida en un silencio sepulcral.
Mi loba lanzó un desgarrador aullido de dolor. El sufrimiento de nuestro vínculo de compañeros me desgarró el alma. Pero no derramé ni una sola lágrima.
Tomé con calma la maleta que ya había preparado y caminé hacia la puerta.
Los guardias intentaron detenerme, pero Viggo ni siquiera levantó la cabeza.
—Volverá —dijo mientras hacía girar su copa de vino, con toda la arrogancia de un alfa—. Tres días. No aguantará más que eso. Su loba enloquecerá sin mi contacto. Regresará arrastrándose para suplicarme que me deje volver.
Los miembros de la manada y los aliados que se encontraban en la ceremonia estallaron en carcajadas.
Algunos incluso hicieron apuestas delante de mí. Pusieron en juego una mina de mineral aurora valorada en un millón de dólares.
Apostaron a que el miedo de convertirme en una loba vagabunda acabaría conmigo y que, antes de la medianoche, estaría de rodillas, suplicándole a Viggo que me dejara regresar.
Pero ninguno sabía la verdad.
Estaban muy equivocados.
Mi padre biológico ya había enviado en secreto el emblema de nuestra familia.
Mi manada ya estaba esperándome.
Esta vez rompería nuestro vínculo de compañeros de una vez por todas.
Renació en la época de los matrimonios entre humanos y bestias
Puente
7.5
22.1K
Después de que la Gran Guerra entre Humanos y Bestias terminara, ambas partes acordaron que los híbridos gobernarían el mundo.
Cada cien años, se celebraba un matrimonio entre humanos y bestias. Aquel que concibiera primero un híbrido se convertiría en el gobernante de la siguiente generación.
En mi vida pasada, elegí casarme con Luciano, el primogénito de la manada de lobo, famoso por su devoción. Logré dar a luz antes que nadie a un lobo blanco híbrido.
Nuestro hijo se convirtió en el próximo gobernante de la Alianza, y Luciano, como era de esperar, obtuvo un poder absoluto.
Mientras tanto, mi hermana menor, seducida por la belleza de la manada de zorro, se casó con el heredero de los zorros. Pero obsesionado con sus conquistas amorosas, le contagió una enfermedad que la dejó estéril.
Consumida por la envidia, mi hermana prendió fuego a mi habitación, matándome a mí y a mi pequeño lobo blanco.
Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día del matrimonio.
Mi hermana, habiendo renacido también, se adelantó y subió a la cama de Luciano.
Yo lo sabía: ella también recordaba su vida anterior.
Pero lo que ella no sabía era que Luciano, bajo su fachada de amante ideal, era un ser cruel y violento.
¡Jamás sería un buen esposo!
Era la prometida de Ian Chávez, conocido como el "Príncipe Cisne", ofreció su posición de Primer Bailarín para casarse conmigo.
Él, tan arrogante y solitario, sin embargo, ofreció la más absoluta sumisión en el escenario a mi coreografía de "La Corona Eterna".
Tres años de estudio en París después, a mi regreso, descubrí que esa bailarina suplente, cuya espalda se parecía a la mía, ya se había adueñado de nuestro salón de ensayos privado.
En la fiesta de bienvenida, Ian abandonó a los patrocinadores para correr detrás de la suplente, que lloraba.
Tras el terciopelo del telón, escuché las palabras tiernas que nunca me había dirigido a mí:
—Yamina, al principio te elegí porque eras su sombra, solo buscaba un sustituto.
—Pero eres tan diferente, tu coreografía me embriaga, incluso más que la suya.
—Solo asegurémonos de que ella no lo sepa antes de la función de despedida de “La Corona Eterna”.
Desde el salón de ensayos llegaron gemidos sofocados y esa frase:
—Te daré incluso mi posición de Primer Bailarín.
Y justo allí, donde él una vez tomó mis manos y juró que Yo, Estrella López, sería su única alma gemela para toda la vida.
Di la vuelta y me fui.
De vuelta en el camerino y llamé al Sr. Díaz, su mayor rival.
—Director Díaz, acepto el contrato para cambiar de compañía. Y por favor, prepáreme un regalo. Que la función de despedida de Ian se convierta en el mayor escándalo que el mundo del arte haya visto.
Giorgo Romero, el Don de la familia Romero, cayó en una emboscada tendida por un demente suicida que llevaba explosivos atados al cuerpo.
Cuando eso ocurrió, mi esposo, Fabio López, y sus hombres ya se habían marchado a un desfile de moda con su amor de la infancia, Reina Digiorno, para escoltarla y protegerla allá.
En lugar de presionar el botón de señal en mi anillo, me lancé hacia Giorgo a pesar de estar a punto de dar a luz. Así, con mi propio cuerpo, lo protegí de la explosión.
Sin embargo, en mi vida anterior, sí había presionado el botón.
Fabio había dejado plantada a Reina para regresar corriendo a la escena y salvarle la vida a Giorgo. Gracias a ese mérito, lo ascendieron al puesto de subjefe.
Pero Reina se enfureció con Fabio por abandonarla antes de tiempo y, por pura rabia, cruzó la autopista sin mirar a los lados. Así fue como la atropellaron y murió.
Fabio no dijo nada… pero el día en que entré en trabajo de parto, me mandó a una casa de subastas clandestina.
—¡El Don tenía a tantos soldati protegiéndolo! ¿Por qué me obligaste a volver, entonces? ¿No es porque solo querías la gloria de ser la esposa del subjefe? ¡Si no fuera por ti, Reina no habría muerto! ¡Debes sufrir mil veces lo que ella sufrió!
Yo solo podía mirar cómo los invitados pujaban por mis órganos, uno por uno. Ni siquiera el cordón umbilical de mi recién nacido se salvó de la subasta.
Al final, morí por una infección que se produjo mientras me arrancaban los órganos.
Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que emboscaron a Giorgo.
Advertencia: Contenido explícito para adultos, con temas de trío, dominación y fantasías eróticas.
En el reino medieval de FeWard, la princesa Irmak, heredera al trono, huye de las ataduras de un matrimonio concertado y de las intrigas palaciegas que amenazan su sucesión. Pero cuando se encuentra con los misteriosos gemelos Kuzey y Átila —antiguos dragones disfrazados de seductores guerreros— se enciende una llama prohibida. Cautivada por sus caricias ardientes y posesivas, Irmak descubre una antigua profecía que los une en una danza de lujuria, celos e intensa doble penetración. Mientras una oscura maldición invocada por un hechicero traicionero y las maquinaciones de un ambicioso señor amenazan con destruirlo todo, Irmak debe abrazar su deseo paranormal de salvar FeWard... y rendirse por completo a sus compañeros dragones gemelos. Un romance erótico paranormal lleno de pasión ardiente, batallas épicas y un amor que arde eternamente.
En el salón VIP de un casino clandestino, Maeve, la princesa de la familia Falcone, había bebido demasiado licor fuerte.
Empujada por el alcohol, alguien la incitó a revelar lo más vergonzoso que había hecho para ganarse al Don.
Hizo girar su copa, me señaló —yo repartía cartas detrás de la mesa— y echó la cabeza hacia atrás con una carcajada.
—Hace siete años, cuando Declan estaba en coma tras un tiroteo, tomé su teléfono privado. Y borré el mensaje de auxilio que esa perra le envió. Hasta el último rastro. Luego respondí en su nombre: *Eres una carga. Vete a morir.*
—No se imaginan lo que pasó después. Esa idiota se quedó afuera de la casa segura toda la noche bajo la lluvia, como un perro callejero. Casi me muero de la risa…
La sala estalló en carcajadas vulgares.
Solo el hombre entronado en la cabecera permaneció en silencio.
La copa de whisky de cristal en su mano estalló con un chasquido seco.
La sangre se mezcló con el licor ámbar, deslizándose por las venas del dorso de su mano antes de gotear sobre la alfombra.
Sus ojos, inyectados en sangre, cargados de una violencia mortal, estaban clavados en mí.
Yo repartí con calma la última carta boca abajo frente a él y le ofrecí un pañuelo de seda blanco, impecable.
—Don Declan, debería limpiarse la mano. La sangre sobre el paño da mala suerte.
Después de todo…
hay manchas que nunca se borran.
He pasado horas rastreando referencias sobre Vicente Risco y, sí, sus archivos personales se conservan, aunque no están todos en un solo lugar.
Muchos de los papeles de Risco —cartas, cuadernos de apuntes, borradores y recortes de prensa— quedaron repartidos entre varias instituciones públicas y privadas en Galicia y en archivos nacionales. Existe además un legado reconocido que agrupa buena parte de su documentación en una entidad con su nombre, y otras piezas aparecen en fondos de bibliotecas universitarias, en la Real Academia Galega y en colecciones especializadas; parte del material ha sido catalogado y en algunos casos digitalizado para consulta pública.
Si te interesa profundizar, conviene buscar en los catálogos en línea de las bibliotecas gallegas y en los repositorios regionales: ahí suelen aparecer descripciones de los fondos y las condiciones de acceso. A mí me encanta imaginar las cartas y los manuscritos: leerlas da una sensación íntima de cómo pensaba y vivía Risco, y ver que esas piezas están preservadas en instituciones genera un alivio enorme para quienes valoramos la memoria cultural.
Me encanta descubrir la red epistolar que tejieron los intelectuales gallegos, y con Vicente Risco no es la excepción. Sí, Risco mantuvo correspondencia con varios autores de su tiempo, sobre todo con los miembros y colaboradores de la llamada Xeración Nós; nombres como Ramón Otero Pedrayo o Alfonso Daniel Rodríguez Castelao aparecen con frecuencia en los estudios sobre esa etapa. Esas cartas no eran meras salutaciones: discuten ideas sobre literatura, tradición cultural, política y la construcción de una identidad gallega moderna, y muestran cómo se iba forjando un proyecto colectivo desde conversaciones privadas.
Además, Risco intercambió misivas con escritores y pensadores fuera de Galicia, en contextos más amplios de la península; esos cruces epistolares ayudan a entender sus acercamientos y sus distanciamientos ideológicos a lo largo de las décadas. Parte de esa correspondencia se conserva en archivos y en algunas ediciones académicas que han seleccionado cartas relevantes para reconstruir debates literarios y culturales. Leer estos papeles es asomarse a un Risco menos mitificado y más humano: se perciben dudas, certezas y hasta giros personales que las obras publicadas no siempre muestran.
Personalmente, me parece fascinante cómo esas cartas permiten seguir la transformación intelectual de un autor: no sólo transmiten hechos, sino la textura del pensamiento en movimiento. Eso convierte a la correspondencia en una fuente imprescindible para cualquiera que quiera comprender la Galicia intelectual de la primera mitad del siglo XX.
Me encanta hablar de figuras que marcaron paisajes culturales, y Vicente Risco es una de ellas.
He visto cómo su voz apareció en páginas como «Nós» y en textos como «Aires da miña terra» y «Do pensamento galego», y esa mezcla de erudición y cariño por lo popular caló hondo. Risco ayudó a articular una idea de Galicia que no era solo geografía: era lengua, mitos, paisajes y memoria colectiva. Promovió la recuperación del folclore, la literatura en gallego y un orgullo cultural que, durante décadas, se tradujo en escuelas, bibliotecas y revistas. Esa labor intelectual fue clave para que muchos se reconocieran en una identidad distinta de la española dominante.
Sin embargo, no puedo obviar las sombras. Su evolución política, con un giro hacia posturas autoritarias y un distanciamiento de ciertos planteamientos progresistas, complica su legado. Para algunas personas su figura simboliza tanto la emancipación cultural como aspectos excluyentes del nacionalismo. En mi experiencia, hablar de Risco en círculos culturales siempre despierta cariño por su contribución literaria y críticas por su cosmovisión política. Al final pienso que influyó de manera profunda y ambivalente: construyó herramientas simbólicas para la identidad gallega, pero también dejó ideas polémicas que hay que situar en contexto y debatir.