Me enganchó de principio a fin la energía que trae «Mission: Impossible - Protocolo Fantasma», y gran parte de eso viene del reparto que no solo actúa, sino que se mueve como una maquinaria bien engrasada.
Tom Cruise es el
alma del filme: su entrega física hace creíble cada salto y cada decisión de
ethan Hunt, y eso contagia a los demás. Jeremy Renner aporta un contraste serio y contenido, mientras que
simon Pegg ofrece los toques de humor necesarios para alivianar tensiones sin romper el ritmo. Paula
patton tiene presencia y se nota que puede sostener escenas de acción, aunque a veces la escritura no le da tanto brillo como a Cruise.
El villano, interpretado con frialdad por Michael Nyqvist, añade textura al conflicto y ayuda a que el repertorio de héroes brille más. En conjunto, diría que el reparto protagoniza muy bien: hay química, profesionalismo y compromiso físico, y eso convierte escenas espectaculares en momentos realmente memorables. Terminé con la sensación de haber visto un equipo que funciona tanto en adrenalina como en química humana.