Recuerdo haber leído varias columnas donde la prensa intentaba provocarle y, en casi todas, Vaquerizo ejerció una especie de estrategia de desgaste: contestaciones cortas, bromas y una disponibilidad selectiva para entrevistas. No es que se esconda siempre, sino que parece medir muy bien cuándo dar la versión pública de una historia. A veces responde en medios, otras en redes, y muchas veces prefiere convertir la crítica en anécdota graciosa para que la controversia se vuelva parte del show en lugar de un drama.
Desde ese punto de vista más tranquilo, se nota alguien que entiende el juego mediático y lo utiliza a su favor. No tengo la sensación de que busque la confrontación permanente; más bien la evita salvo que tenga algo claro que defender. Y cuando decide responder, pone en juego su personalidad intensa y divertida, lo que termina por suavizar golpes y, en ocasiones, por generar más repercusión de la que la crítica buscaba originalmente. Para mí, es una mezcla de autodefensa y puesta en escena que funciona bastante bien.
Me cuesta encasillar cómo responde Vaquerizo a la prensa porque suele jugar con varias máscaras públicas y eso confunde a quienes esperan reacciones uniformes. He visto que, en muchas ocasiones, su estrategia es usar el humor y la ironía como escudo: contesta con comentarios sarcásticos en redes, participa en entrevistas donde transforma la crítica en anécdota divertida y, sobre todo, se mantiene fiel a su personaje público. Eso hace que muchas de sus respuestas no suenen a defensa seria, sino a performance, y eso desarma a los periodistas más duros.
En otras ocasiones opta por la indiferencia: sencillamente ignora artículos que no le interesan y cambia el foco hacia proyectos nuevos o apariciones con amigos. Personalmente, me parece inteligente; sabe cuándo una polémica puede crecer y cuándo es mejor no alimentar al fuego. Al final creo que su relación con la prensa es consciente y calculada: responde cuando le apetece o cuando puede aprovechar la situación para reforzar su imagen, y no suele caer en el enfrentamiento directo salvo que la cosa se ponga personal. Esa mezcla entre provocación y distancia es lo que lo hace tan entretenido de seguir para mí.
He notado que Vaquerizo no responde a la prensa siempre de la misma manera: a veces contesta directamente, a veces ignora y otras convierte la crítica en parte de su espectáculo. En mi experiencia siguiendo sus apariciones, la táctica más habitual es no entrar al juego serio; más bien contesta con ironía, chascarrillos o intervenciones públicas donde reinterpreta la noticia.
Esa actitud tiene dos caras: por un lado protege su vida personal y evita peleas interminables; por otro, alimenta su figura mediática y hace que cualquier dardo termine siendo materia para conversación. En definitiva, creo que responde cuando le conviene y prefiere el humor o la distancia antes que la confrontación frontal, y eso dice mucho de cómo entiende su papel en el mundo del entretenimiento.
2026-03-25 00:06:00
11
Leer todas las respuestas
Escanea el código para descargar la App
Related Books
Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás
Yolanda
7
221.0K
Durante cinco años, Santiago Rodríguez y Valeria Núñez vivieron juntos bajo un matrimonio por conveniencia. Incluso después de descubrir que él tenía una amante, ella decidió aguantar la situación con paciencia.
Pero todo cambió cuando se dio cuenta de que el niño que había estado criando como suyo era, en realidad, fruto de la relación entre Santiago y su amante.
En ese momento, entendió que su matrimonio había sido una farsa desde el primer día.
La amante, actuando como si fuera la esposa legítima, se presentó en su casa con los documentos de divorcio que Santiago había redactado.
Justo ese día, Valeria se enteró de su embarazo.
Si su esposo había sido corrompido, ya no tenía sentido estar con él. Y si el niño era de la amante, entonces debía dejárselo.
Valeria, terminando con el amor y las emociones, reveló su verdadera naturaleza y se enfocó en prosperar económicamente.
Aquellas personas que la maltrataron anteriormente se iban a lamentar de sus acciones e iban a luchar entre sí para ganar su perdón. Los jóvenes ricos, que se burlaron de ella por ascender socialmente mediante un hombre, se arrepentían y le ofrecían grandes sumas de dinero buscando su amor. Y el pequeño que había sido influenciado por la otra mujer se lamentaba rogándole que fuera su mamá mientras lloraba.
*
A altas horas de la noche, Valeria atendió una llamada de un número desconocido.
Por el auricular escuchó la voz de Santiago, era evidente que estaba borracho.
—Valeria, no debes aceptar esa propuesta de matrimonio. En cuanto a los documentos de divorcio… No los he firmado.
Tyler ha pasado por más cosas que la mayoría, y la vida nunca le ha dado un verdadero respiro. Todo lo que quiere es terminar su trabajo y resolver su vida, pero un viaje salvaje a Las Vegas lo cambia todo. Despierta casado con Quin McKenzie, el mismo hombre que le hizo la vida miserable años atrás y que probablemente ni siquiera lo recuerda.
Quin es rico, controlador y está desesperado por conservar su herencia, así que le ofrece un trato a Tyler: seguir casados hasta que cumpla treinta años y recibir dinero a cambio. Tyler no confía en él, pero necesita el dinero que Quin le ofrece, así que acepta.
Lo que comienza como un matrimonio falso pronto se convierte en algo complicado y real. Los sentimientos empiezan a involucrarse y las barreras comienzan a derrumbarse. De repente, Tyler está arriesgando su corazón por un hombre que juró odiar.
Ahora, con secretos saliendo a la luz y el tiempo agotándose, ambos tienen que decidir: ¿esto fue solo un error… o algo por lo que vale la pena luchar?
Durante tres años, utilicé las conexiones de mi familia para generarle a la empresa cientos de millones en ingresos.
Y, aun así, en la reunión trimestral, una becaria recién llegada se plantó frente a todos… y se atrevió a señalarme.
Proyectó mis registros de asistencia y de gastos, uno por uno, como si fueran pruebas irrefutables.
Dijo que tenía “ausencias injustificadas”.
Dijo que estaba “malgastando el dinero de la empresa”.
—Estos clubes exclusivos, estos restaurantes… —enumeró—. Cada vez son miles de dólares. Son gastos completamente innecesarios.
Luego, miró directamente al director general.
—Le sugiero que la despida cuanto antes. Así podrá proteger el flujo de caja de la empresa.
Entonces miré a Claude.
Claude Laurent. El director general de la compañía.
Y también… mi antiguo compañero de clase.
Él sabía perfectamente cuánto dinero había generado cada una de esas reuniones.
Sabía que, cuando yo no estaba en la oficina, estaba sentada en algún bar negociando con inversionistas… a veces bebiendo más de la cuenta solo para cerrar un trato.
Lo sabía todo.
Aun así, me sostuvo la mirada con frialdad.
—Caroline, ¿qué tienes que decir sobre las ausencias y los gastos que Lia acaba de presentar?
Sonreí.
—Nada —respondí.
Porque no hacía falta explicar nada.
Muy pronto… todos entenderían el precio de ese pequeño espectáculo.
Mi esposo estaba trabajando durante las fiestas, otra vez. Lo habían enviado fuera de la ciudad para supervisar una de las operaciones portuarias de la Familia y una serie de casas de juego. Por lo tanto, decidí comprar un boleto y sorprenderlo.
Solo quedaban asientos en clase ejecutiva.
Mirando el precio de cinco cifras, apreté los dientes y me gasté los ahorros de todo un año.
Todo para que luego ni siquiera pudiera averiguar cómo bajar la maldita bandeja.
La socialité sentada a mi lado soltó una risa fría.
—¿Nunca has volado en clase ejecutiva?
Forcé una sonrisa incómoda.
—Disculpa. Tú debes de ser… importante. Tienes esa aura.
—¿Oh, yo? No. El hombre que me mantiene es el importante. Alquilaría un jet privado si yo se lo pidiera. La clase ejecutiva es prácticamente rebajarse.
Parpadeé.
—¿Un… benefactor? Eso es raro.
—Para nada. Soy su secretaria. Cometo muchos errores. Le cuesta una fortuna. Me grita hasta que lloro. Y luego, bueno… llorar lleva a otras cosas. —Ella guiñó un ojo—. Ya sabes cómo es.
—Qué curioso —dije, con la voz tensa—. Mi esposo tiene una asistente que le ayuda a manejar las cuentas de los muelles. También se equivoca mucho.
—¿Estás casada?
Me recorrió de arriba abajo con la mirada.
—Mi hombre tiene una esposa de tu edad. Dice que está harto de ella. Que tocarla es aburrido. Dice que es mucho más emocionante el simple hecho de apartarme el cabello de la cara.
Se inclinó más cerca.
—Le dije que quería verlo para Año Nuevo. Así que le dijo a la esposa que tenía que trabajar.
En ese momento, el diamante en su dedo atrapó la luz. Era idéntico al anillo de boda que yo había perdido.
El cuerpo se me heló.
No. Matteo solo era un ejecutor de bajo nivel. Un simple soldado en el que la Familia confiaba ocasionalmente para hacer operaciones menores: envíos en el muelle, apuestas clandestinas, nada más.
¿Cuándo se convirtió en un Don?
El día en que hubo un intento de asesinato contra el Don, mi esposo, el jefe de seguridad de la familia Russo, estaba ocupado apaciguando a su amante, quien había perdido los estribos y se había marchado.
No lo llamé para pedir ayuda, sino que usé mi propio cuerpo como escudo para proteger al Don a pesar de que estaba en mi octavo mes de embarazo.
En mi vida pasada, mi esposo dejó atrás a su amante y regresó con su equipo de soldados para salvar al Don después de que yo le pedí ayuda por teléfono. Mi esposo terminó salvando al Don y la familia lo recompensó con un ascenso, pero su amante murió en el proceso. Aunque mi esposo no dijo nada al respecto, me arrojó al tanque de tiburones el día en que estaba en labor de parto.
Yo estaba cubierta de sangre cuando lo miré en busca de una respuesta. Sin embargo, lo único que hizo fue mirarme con frialdad.
—¿Por qué tuviste que hacerme salvar al Don cuando él tenía tantos otros soldados para protegerlo? ¡Me obligaste a regresar porque eres una mujer interesada que solo busca fama y fortuna! ¡Si no hubiera sido por tu llamada telefónica, Aurora no habría muerto! ¡Debes pagar por todo lo que ella sufrió!
Terminé siendo despedazada por los tiburones, y ni siquiera el bebé que llevaba en mi vientre se salvó.
Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día del intento de asesinato contra el Don.
Colter Giordano, mi prometido desde hace seis años, heredero de la familia Giordano, recibió una bala por una bailarina llamada Mia.
No la recibió por mí.
Una bala me atravesó el hombro. La sangre, caliente y pegajosa, me manchó el vestido.
Pero mi corazón dolía más.
Me preguntó si estaba bien. Solo una vez.
Luego se apresuró a llevar a Mia al hospital, dejándome sangrando en el suelo.
Al día siguiente, la foto de Mia apareció en mi feed de Instagram.
Ahí estaba ella, en una suite de lujo del hospital. Colter se estaba desviviendo por un rasguño en su brazo que apenas se notaba.
El pie de foto era de solo dos palabras: [Mi Héroe.]
Le di me gusta a la publicación.
Luego hice una llamada encriptada.
—La oferta de la familia Falcone —dije—. La acepto. Consígueme un avión a Sicilia. Tres días.