En muchas tertulias y columnas que he leído apareció su nombre: Fernando Savater se ha convertido en una figura recurrente cuando la conversación gira en torno a universidades y políticas educativas. Yo, que sigo debates públicos y redes, recuerdo varios artículos suyos y participaciones en medios donde analizó la función de la educación superior en la sociedad.
Sus intervenciones suelen mezclar preocupación por la calidad educativa con ideas sobre libertad académica y el papel formativo de la universidad. Más que tecnicismos, él tiende a poner el foco en valores y en la formación integral del estudiante, y por eso sus opiniones generan tanto respaldo como críticas. Me gusta que provoque diálogo, aunque no siempre comparta todas sus conclusiones.
No suelo perderme los ciclos de conferencias ni los debates que organizan las facultades, y en varias ocasiones escuché o leí contribuciones de Fernando Savater sobre temas universitarios. En mi experiencia, su participación no se limitó a exponer teoría: planteó críticas concretas a modelos educativos que, según él, desvían la universidad de su misión formativa.
A lo largo de los años lo vi implicado en discusiones sobre el currículo, la orientación ética de la enseñanza y la necesidad de defender espacios de pensamiento independiente dentro de la universidad. También promovió, en sus columnas y conferencias, una idea de la educación superior ligada al desarrollo cívico y cultural, más allá de meras competencias laborales. Esa mezcla de filosofía y activismo académico me parece lo que le ha hecho tan visible en estos debates.
Recuerdo que en varios debates públicos a los que asistí se mencionaba a Fernando Savater como referente en cuestiones educativas; por eso, cuando investigo sobre educación superior, su nombre aparece con frecuencia. Personalmente, he leído sus opiniones orientadas a preservar la autonomía universitaria y a fomentar el pensamiento crítico entre estudiantes.
No se limitó a la academia: participó en medios, foros y encuentros donde abordó las consecuencias sociales de las políticas educativas. Es un interlocutor que polariza, pero también logra que se planteen preguntas importantes sobre qué y cómo se enseña en la universidad, algo que valoro como ciudadano interesado en la educación.
Mucha gente confunde la grafía del apellido, pero si te refieres a fernando savater (con «v»), sí: ha tomado parte activa en debates sobre la educación superior durante décadas. Yo lo he seguido desde que leí «Ética para Amador», y lo que más me llamó la atención fue su capacidad para trasladar discusiones filosóficas al terreno práctico de la enseñanza y las universidades.
Ha intervenido en foros universitarios, artículos de opinión y programas de radio y televisión sobre temas como la autonomía universitaria, la formación crítica y los objetivos de la educación superior. No es raro encontrarle comentando reformas educativas, defendiendo una educación que fomente la responsabilidad individual y el pensamiento crítico, y cuestionando medidas que, a su juicio, empobrecen la enseñanza.
Personalmente valoro que su voz no sea sólo académica: aporta argumentos accesibles y polémicos a la vez, lo que genera conversaciones necesarias sobre cómo queremos formar a quienes pasan por la universidad.
2026-04-07 02:08:28
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Resulta que realmente no se puede despertar a alguien que finge estar dormido.
Recuerdo con claridad una charla que escuché suya en la universidad y cómo llenó el aula: Fernando Savater ha sido una figura muy presente en el ámbito académico español durante décadas. No solo ha escrito libros que se usan en clases, como «Ética para Amador», sino que también ha impartido conferencias, seminarios y cursos en distintas universidades de España. Su estilo directo y accesible encaja tanto en aulas formales como en ciclos de debate y en auditorios universitarios.
He visto reseñas y vídeos de sus intervenciones en ciudades como Madrid, San Sebastián y Barcelona, y sé que durante años mantuvo una relación estrecha con la Universidad del País Vasco, donde ejerció docencia y participó en programas culturales. Además, ha sido invitado a dar clases magistrales y conferencias en centros como la Universidad Complutense y otras universidades que convocan ciclos de filosofía y humanidades. Su presencia no se limita a la docencia: también colabora en congresos, mesas redondas y actos públicos que conectan la universidad con la sociedad.
Lo que más me llama la atención es cómo su discurso, siempre cargado de humor y ejemplos cotidianos, logra atraer a estudiantes de distintas edades. Para mucha gente joven, sus conferencias son la puerta de entrada a temas filosóficos que de otro modo parecerían abstractos. Personalmente, salí de una de sus charlas con ganas de recomendar «Ética para Amador» a todo el mundo.
Me emociona pensar en cómo la filosofía de divulgación llega hoy a cualquier pantalla: Fernando Savater es, sin duda, uno de los nombres más reconocibles en ese terreno. Él se hizo famoso por acercar temas complejos al público general con libros como «Ética para Amador», y eso facilitó que muchas de sus charlas y seminarios acabaran grabados y disponibles en línea. Sin embargo, si la pregunta es estricta —si ofreció un curso online formal y estructurado bajo el título de "filosofía aplicada"— la respuesta es más matizada: no hay un curso masivo y oficialmente catalogado como un MOOC suyo dedicado específicamente a "filosofía aplicada" que sea ampliamente citado como su obra central en plataformas de cursos masivos.
Lo que sí existe es mucho material suyo accesible en la red: conferencias, debates, entrevistas y clases magistrales en vídeo o audio que tratan temas prácticos de la filosofía y pueden servir como un curso informal. También ha participado en actividades educativas de universidades y centros culturales que, en ocasiones, han publicado contenidos online. En resumen, no siempre verás un «curso online» con su firma y programa cerrado, pero hay abundante contenido suyo en formato digital que funciona como enseñanza aplicada. A mí me gusta combinar esos vídeos con sus libros cuando quiero aprender su enfoque aplicado: se siente directo y muy usable.