Desde mi rincón de oyente joven y curioso, he escuchado varias veces a María O'Donnell en la radio y en programas de streaming, y la recuerdo más como una figura que aporta análisis puntual que como la conductora de un ciclo fijo últimamente. En diferentes momentos se la ha visto conduciendo espacios o formando parte de la grilla de emisoras, pero en los últimos tiempos su presencia ha sido más episódica: columnas, entrevistas y participaciones en mesas de debate.
No me extrañaría que haya hecho o haga algún podcast propio, porque es algo que muchos periodistas aprovechan para desarrollar temas con calma, pero por lo que sigo públicamente no parece encargarse de un programa radiofónico regular de larga duración en la actualidad. Aun así, cuando participa aporta matices inteligentes y entrevistas bien trabajadas; es fácil encontrar sus intervenciones si buscas por su nombre en las plataformas de audio o en las redes del medio.
Me llamó la atención seguir su trabajo en distintas plataformas durante años y, en mi experiencia como oyente atento, puedo decir que María O'Donnell tiene una larga trayectoria que cruza prensa, televisión y radio. A lo largo de su carrera ha participado en programas radiales como conductora y como columnista, aportando análisis y entrevistas con un estilo claro y directo. Es común que periodistas con su perfil alternen entre conducir ciclos propios y colaborar en espacios de debate, así que no sorprende verla en roles variados.
En cuanto a si actualmente dirige un programa de radio estable, hasta donde lo he visto en su actividad pública más reciente, no aparece como directora de un programa diario o fijo de larga duración. Más bien suele participar como columnista, invitada o colaboradora en ciclos de actualidad y opinión, y a veces aparece en emisiones especiales o podcasts. Si te interesa seguir sus intervenciones, suelo revisarlas en las redes del medio donde colabora o en su perfil profesional, donde anuncian sus apariciones. Personalmente valoro mucho su capacidad para conectar temas complejos con conversaciones cotidianas; siempre deja una reflexión interesante al terminar cada intervención.
Hace años que la sigo y puedo decir con tranquilidad que María O'Donnell tiene experiencia tanto en radio como en otros medios, pero en los últimos tiempos su rol más evidente ha sido el de columnista e invitada en distintos programas, no el de directora de un ciclo radial permanente. Su trayectoria incluye conducir emisiones y participar en mesas de debate, por lo que es una voz conocida en la radio, aunque ahora su presencia suele ser puntual y ligada a temas concretos o entrevistas especiales. Me gusta cómo maneja la conversación: aporta contexto sin empachar al oyente, así que cuando aparece en la radio siempre me quedo con alguna idea nueva.
2026-05-13 14:22:43
17
View All Answers
Scan code to download App
Related Books
Renací para dejar al Don
Grogan
0
2.1K
En cuanto abrí los ojos, lo supe.
Había vuelto a mis veintisiete años.
Cuando era la heredera de los Leone. La chica de oro de Arezzo. Prometida del Don Grimaldi: Marco Grimaldi.
Guapo. Rico. Elegido por la revista Time como el “esposo más codiciado del mundo”. Incluso la familia real de Inglane había intentado casar a una princesa con él.
Todos me llamaban la mujer más afortunada del mundo.
Sí, claro.
¿Lo primero que hice al regresar?
Tomé el contrato matrimonial y me dirigí directamente a la hija de la amante de mi padre:
la prometida que Marco había deseado desde el principio.
Bella Leone.
Deslicé el contrato sobre la mesa.
—Es tuyo. Te casarás con Marco.
Ella simplemente me miró fijamente.
Seis años. Ese fue el tiempo que lo perseguí. Y ahora le entregaba el contrato como si no significara nada.
—De todas formas, todos piensan que eres la mejor opción —dije—. Así que adelante. Convence a papá para que los Grimaldi cambien el contrato. Puedes tener el título de Donna Grimaldi.
Esta vez no.
Jamás volveré a ser esa esposa asfixiada e invisible del Don.
Antes de darme cuenta, me había convertido en la mujer invisible que vivía a la sombra de mi esposo, Adrian Kane, el Don de la mafia.
Era un ama de casa ahogada entre quehaceres, mientras él se lucía con su secretaria, Viola, diez años menor que yo.
—Viola es muy capaz —dijo Adrian una vez—. Ella sí sabe cómo ayudarme.
Aquella noche se cumplía nuestro décimo aniversario.
Vi un elegante vestido de diseñador y un collar sobre la mesa de la sala. Por un segundo, me sentí feliz.
Pensé que Adrian por fin había decidido llevarme a la gala anual de la mafia y presentarme oficialmente como su Donna.
Pero el vestido y el collar eran para Viola.
Más tarde, esa misma noche, los descubrí entrando a escondidas. Adrian y Viola estaban borrachos, toqueteándose como si yo no existiera.
Hice una sola llamada.
—Quiero unirme a una misión de Médicos Sin Fronteras. Asígnenme a un lugar lejos de aquí.
Antes de casarme con Adrian, yo tenía toda una carrera médica por delante. Pero lo dejé todo por él.
Ahora era momento de elegirme a mí misma y dejar atrás todo lo que, en realidad, nunca fue mío.
Descubrieron a mi prometido con mi propia hermana la misma noche de nuestra fiesta de compromiso… en una bodega privada, cruzando todos los límites.
Mi apellido quedó manchado.
Mi nombre, arrastrado por el suelo.
Y yo… convertida en la burla de toda la mafia de Chicago.
Entonces, como salido de la oscuridad, apareció Don Lorenzo Falcone.
Frente a todas las familias, sin titubear, me pidió matrimonio.
Con una sola jugada, limpió mi honor… y selló una alianza mucho más peligrosa.
Durante cuatro años, me trató como a una reina.
Intocable. Intensa. Suya.
Pero había algo que él no podía darme: un heredero.
Una vieja herida lo condenaba.
Hasta este año.
Gracias al médico de confianza de la familia… quedé embarazada.
Y desde ese momento, su atención hacia mí se volvió obsesiva. Devota. Absoluta.
Creí que lo tenía todo.
Que ese hombre frío y poderoso era mi salvación.
Mi refugio. Mi único aliado.
Hasta que una noche… escuché lo que nunca debí.
—Jefe, Arabella te ama. ¿Cómo pudiste hacerle esto? —dijo su mano derecha, con rabia contenida—. Manipulaste al médico… cambiaste los frascos… la convertiste en la portadora del heredero de los Moretti. ¿Todo porque Isabella no soportaba el dolor? El bebé nacerá en dos meses… ¿qué piensas hacer?
Silencio.
Y luego… su voz. Helada. Cruel.
—Cuando nazca, Isabella se lo llevará. Es la única forma de asegurar su lugar con los Moretti.
—¿Y Arabella?
—Le diré que el bebé murió.
Mi mundo se rompió en ese instante.
—Seguirá siendo la señora Falcone —añadió, sin emoción—. Tendrá todo lo que quiera.
Así que eso era yo para él.
Un medio.
Un cuerpo.
Un sacrificio.
Mi “protector”… siempre perteneció a otra.
¿Ese hijo que crecía dentro de mí, manchado por su mentira?
No lo quería.
¿Y ese matrimonio construido sobre traición?
Se terminó.
Le salvé la vida a Don Stefano Marino, de la familia Marino.
En el momento en que una bala estaba a punto de alcanzarlo, fui yo quien lo protegió con mi cuerpo. Debido a la deuda de vida que tenía conmigo, Stefano decidió que sería yo quien se casara con él, en lugar de mi hermana mayor, Anna Costa, en la alianza matrimonial.
Pero en nuestra noche de bodas, Stefano prefirió beber hasta quedar inconsciente en algún lugar de la ciudad antes que consumar nuestro matrimonio conmigo. Como una tonta ingenua, pensé que algún día sería capaz de derretir su corazón de hielo con mi amor. Pero no habían pasado ni cinco años cuando Stefano regresó con un niño que se parecía a él y a Anna.
—Anna ha sufrido tremendamente durante su tiempo en el extranjero mientras intentaba criar a su hijo sola. Necesito compensárselo.
Entonces, Stefano me entregó el acuerdo de divorcio.
—Has acaparado el puesto de Donna durante muchos años. Es hora de que se lo devuelvas a ella.
Solo entonces descubrí que, en realidad, Stefano había pasado esa noche con Anna, la misma noche de nuestra boda. Saqué el informe de embarazo con el que pensaba sorprender a Stefano, solo para que él lo rompiera en mil pedazos.
—No necesito otro hijo.
Una vez que esas frías palabras cayeron, me enviaron por la fuerza al quirófano, donde sufrí un sangrado intenso después, lo que resultó en mi muerte y la de mi bebé no nacido.
Cuando desperté de nuevo, vi a Stefano, que estaba a punto de recibir un disparo. Esta vez, empujé a Anna en su dirección.
El día de mi revisión prenatal, descubrí que mi esposo, el Don, me había programado una cirugía para interrumpir mi embarazo en lugar de reservar mi paquete de atención posparto.
Al principio creí que se trataba de un terrible error administrativo y estuve a punto de reírme en su cara. Sin embargo, Vincenzo me habló con una voz completamente gélida e inexpresiva:
—No se trata de un error. Debo ser honesto contigo sobre algo. He estado saliendo con otra mujer; ella es buena y no tiene intenciones de suplantarte como la Donna. Pero quedó embarazada y ya la he hecho sufrir bastante. Le prometí que le daría a su hijo el apellido Moretti para evitarle cualquier humillación.
Me quedé completamente paralizada en la camilla de exploración.
—¿Por eso decidiste asesinar a nuestro hijo? —pregunté, con la voz temblándome por la impresión.
Vincenzo me limpió el gel de ultrasonido del vientre y me dedicó una sonrisa cínica.
—Quiero que adoptes al hijo de Giuliana. Voy a interrumpir tu propio embarazo porque temo que tengas favoritismos y termines tratando a su hijo de forma diferente si tienes uno propio.
Acto seguido, me entregó un formulario de consentimiento con absoluta calma.
—Te prometo que tú siempre serás la Donna de la familia. Ella jamás ocupará tu lugar.
Le sostuve la mirada durante un largo y tendido silencio mientras los enfermeros comenzaban a trasladar mi camilla hacia el quirófano. No me resistí. Daba igual.
«Vincenzo Moretti, te vas a arrepentir de esto cada día por el resto de tu vida».
Él todavía no lo sabía, pero yo era la única mujer en este mundo capaz de darle un heredero legítimo.
Una vez que quedé embarazada, fui aclamada como la mujer más preciosa del submundo.
Mi esposo, el nuevo Don de la familia Jenkins, cerró toda una ala de un hospital privado para mis chequeos, mientras que mi padre, el Don de los Collins, convocó a todos los chefs con estrellas Michelin de Nueva York a la mansión, solo para que yo pudiera elegir cualquier cosa que se me antojara. El bebé que llevaba en mi vientre estaba destinado a ser el único heredero de las dos familias de la mafia más poderosas.
Pero el día en que debíamos firmar los documentos que aseguraban la herencia de mi hijo, ambos desaparecieron.
—Surgió un asunto familiar urgente —dijo mi esposo, Vincent, besando mi frente—. Podemos finalizar la herencia del niño cuando regresemos. No hay prisa.
Poco después de que se marcharan, recibí un enlace a una transmisión en vivo anónima. La voz de mi padre se escuchaba en el video, más fría de lo que jamás la había sentido.
—Estás diciendo que tu contrato de matrimonio con Evangeline nunca fue válido. ¿Eso no convierte al niño en un bastardo?
Vincent, relajado en un club, sopló un anillo de humo. Acurrucada en sus brazos estaba mi media hermana, Sarah.
—Evangeline siempre ha tenido todo el amor y el afecto. A su hijo no le faltará nada —respondió Vincent—. Sarah ha sido burlada por su estatus durante años. Tengo que hacer las cosas bien para ella, darle a nuestro hijo un nombre legítimo.
En ese momento, mi corazón se paralizó y apenas podía respirar. Entonces mi teléfono vibró de nuevo. Era un mensaje de texto:
[Bienvenida a casa a la familia Gallo, mi reina.]
[Solo di la palabra, y el niño que llevas llevará el apellido Gallo y se convertirá en el heredero más poderoso del submundo estadounidense.]
Tu pregunta sobre María O'Donnell me hizo repasar lo que sigo de prensa cultural y libros en los últimos tiempos.
Por lo que tengo visto, no hay registro de un libro completamente nuevo de su autoría lanzado en los últimos meses. Ella sigue muy activa en medios: escribe columnas, participa en programas y sus intervenciones suelen retomarse en notas y charlas. A veces ese ritmo mediático se confunde con una salida editorial, pero publicar un libro implica un proceso distinto y, hasta donde tengo constancia, no se anunció una novedad editorial reciente a su nombre.
Me gusta su estilo y siempre tengo la expectativa de que reúna sus textos o publique algo nuevo; sería natural que en algún momento componga un libro con piezas periodísticas, entrevistas o ensayos. Mientras tanto, disfruto mucho seguir sus columnas y programas, que mantienen viva la misma voz crítica y cercana que uno esperaría leer en un libro suyo.
Recuerdo con claridad ver su nombre en listados de reconocimientos de la prensa argentina, y sí: María O'Donnell ha sido reconocida por su trayectoria periodística. A lo largo de su carrera se la premió sobre todo por su trabajo en radio y prensa escrita; recibió diplomas, menciones y distinciones que suelen otorgarse a quienes mantienen una voz constante y sólida en los medios. No siempre son trofeos grandes y rimbombantes: hay premios institucionales, menciones especializadas y reconocimientos por programas puntuales que suman a una carrera larga y consistente.
Como oyente he seguido varias de sus entrevistas y programas, y entiendo que esos reconocimientos responden a una producción sostenida y a su capacidad para construir espacios de diálogo. Muchas veces los premios llegan por acumulación: columnas, programas y entrevistas que marcan agenda. Personalmente, me parece justo que le hayan dado reconocimiento porque su impronta en la radio argentina y en la crónica política es palpable, y esos gestos de la comunidad periodística ayudan a visibilizar carreras que influyen en el debate público.
Me encanta cuando una periodista logra trasladar la claridad del periodismo tradicional al formato audio; con María O'Donnell sucede algo parecido, porque su trabajo se escucha tanto en radio como en episodios que luego se distribuyen en formato podcast. He seguido varias entregas suyas donde analiza decisiones de gobierno, movimientos sociales y el pulso de la política argentina, y muchas de esas charlas aparecen disponibles para escucharlas en plataformas donde se suben programas de radio como podcasts. No siempre son series largas con capítulos semanales bajo un único título exclusivo, pero sí hay material prolongado y episodios centrados en temas políticos que llevan su firma o en los que participa activamente.
Si lo que buscas es un programa dedicado exclusivamente y de manera permanente a la política con su nombre como cabecera, la oferta puede variar según la temporada: hay momentos en que conduce ciclos o participa de espacios que se publican como podcasts y otros en que su presencia es más puntual en columnas o entrevistas. Para mí esto es positivo, porque mantiene la conversación flexible: una semana puede ser una entrevista extensa, otra una mesa de análisis, y todo eso termina alojado como episodios que sirven para repasar la coyuntura cuando quieras.
En definitiva, sí: hay podcasts y episodios con enfoque político en los que María O'Donnell participa o conduce, aunque la forma concreta y la continuidad pueden cambiar con el tiempo; personalmente disfruto su estilo analítico y directo cada vez que lo encuentro en mi lista de reproducción.