Me gusta pensar en «Upstairs, Downstairs» como una vitrina de actores británicos que pasaron por papeles muy distintos, y en ese mosaico Patrick Ryecart aparece más como un rostro conocido que como uno de los ejes de la trama. He visto la serie varias veces y, aunque Ryecart hizo apariciones en producciones de época, su intervención en «Upstairs, Downstairs» no fue de las que cambian el curso de la historia ni lo colocan en el núcleo del reparto. En otras palabras, no lo consideraría un intérprete con un papel central o recurrente en la versión clásica de los setenta.
Desde mi punto de vista de fan veterano, la serie se apoya en nombres como Jean Marsh, Eileen Atkins y
simon Williams, además de un reparto estable en los puestos de servicio, y esos son los que suelen asociarse con los papeles clave. Ryecart, con su formación y presencia teatral, aportó profesionalidad y un buen desempeño en los episodios en los que participó, pero más en calidad de apoyo o invitado que como protagonista. Eso no le resta mérito, la tele de aquella época vivía de ese tipo de contribuciones sólidas que enriquecían el entramado social de la serie.
Personalmente disfruto fijándome en cómo actores que hoy reconocemos por el teatro o la televisión pasaron por papeles pequeños en series grandes; ver a Ryecart en ese contexto me recuerda que el talento británico se forja en muchos escenarios y apariciones, no solo en los papeles principales.