No puedo olvidar
la primera vez que me enteré de que
don mancini vino de Chicago, Illinois. Me atrapó porque, para alguien que creó a «Chucky» y toda la saga de «Child's Play», siempre imaginé a su autor con una historia tan propia del
cine de terror norteamericano: calles grandes, barrios con historia y esa vibra urbana que parece alimentar ideas retorcidas y geniales. Al leer su biografía confirmé que nació en Chicago en 1963, y de alguna manera eso añade una capa a cómo interpreto su obra: una mezcla de humor ácido,
oscuridad y una sensibilidad muy contemporánea.
Con los años he ido viendo cómo ese origen se filtra en su trabajo. No digo que Chicago explique todo, pero sí pienso que crecer en una ciudad así puede influir en la atención a los detalles cotidianos y en el contraste entre lo familiar y lo siniestro, tan presente en «Child's Play» y en la serie «Chucky». Me gusta imaginar al joven Mancini
caminando por la ciudad, viendo películas, escuchando historias urbanas y gestando esa idea de una muñeca que es mucho más que un juguete. Al final, saber que nació en Chicago me da un punto de conexión más personal con su universo creativo, y me recuerda por qué aún vuelvo a sus películas con esa mezcla de nostalgia y diversión macabra.