Me encanta cómo Sundance siempre se siente como un laboratorio donde los
documentales se muestran en estado crudo y excitante, y la última edición no fue la excepción. Este año el festival presentó decenas de documentales en distintas secciones: Competencia U.S. Documentary, World Documentary, Premieres documentales, Spotlight y una sección robusta de cortos documentales. Vi una gran variedad temática: historias íntimas de familias,
retratos de artistas, crónicas sobre crisis ambientales, relatos de justicia social y experimentos formales que juegan con el tiempo y la memoria.
Lo que más me gustó fue la mezcla de voces emergentes y cineastas ya consolidados; muchas piezas se apoyaron en archivos personales, grabaciones domésticas y entrevistas que dejaban ver procesos humanos complejos. También hubo documentales con corte investigativo sobre política y empresas tech, y otros más ligeros que celebran la música o el deporte desde el costado humano. Si te interesa una experiencia completa, Sundance también ofreció pases especiales y mesas redondas donde los equipos hablaban sobre ética y montaje documental. En mi impresión personal,
la selección confirmó que el documental sigue siendo el lugar donde se prueban formatos y se abren conversaciones urgentes sin perder sensibilidad narrativa.