No puedo creer lo versátil que fue Danny Pudi dentro de «Community»: casi todo el tiempo lo conozco como Abed Nadir, pero ese personaje es una caja de disfraces en sí mismo. Principalmente interpretó a Abed, el chico obsesionado con la cultura pop y el meta-humor, con su voz neutra, su mirada directa y su manera única de entender el mundo como si fuera una serie de televisión. Esa es la base: Abed aparece constantemente como el observador externo que a la vez impulsa la narrativa del grupo.
Más allá de esa versión «por defecto», Danny Pudi encarna un montón de alter egos dentro de la propia ficción. Está el famoso «Evil Abed», la versión oscura y aterradora que surge en líneas temporales alternas y en momentos de ruptura emocional; está la versión de Abed envuelto en estilos concretos —por ejemplo en el especial navideño en stop-motion donde todo es una
fantasía visual—; y están las pequeñas actuaciones internas: Abed imitando personajes de acción, participando en sketches de «Troy and Abed», o poniéndose en modo director/realizador cuando la historia lo pide. A eso súmale su papel como fan acérrimo de series dentro de la serie, como «Inspector Spacetime», donde interpreta al viewer/aficionado que se mete tanto en el universo ficcional que prácticamente lo revive.
Personalmente, disfruto cómo Pudi transforma a Abed sin necesidad de cambiar de cuerpo: lo hace con matices de voz, posturas, y gestos mínimos que delinean cada versión. No es que Danny interprete docenas de personajes distintos fuera de Abed, sino que convierte a Abed en un actor multifuncional, y eso es pura
magia televisiva. Al final, el mérito es que su actuación convierte lo meta en algo profundamente humano y entrañable para la serie.