Me resultó imposible ignorar la controversia que rodea a Rasputia en «Norbit», y aun hoy me sigue pareciendo un caso interesante de cómo la comedia puede chocar con la sensibilidad social.
Vi la película cuando ya tenía cierta edad para analizar códigos humorísticos, y lo que me llamó la atención fue la acumulación de recursos: exceso de maquillaje, protésis corporales y un personaje diseñado para ser grotesco y dominante. Eddie
murphy, en su intento por multiplicar su presencia cómica, creó a Rasputia como una caricatura extrema; el resultado provoca risa, pero también incomodidad porque se apoya en
estereotipos sobre
el cuerpo, la
agresividad femenina y en ocasiones en
matices raciales que hoy muchos consideran dañinos.
No quiero negar que hay habilidad técnica y compromiso actoral en la transformación, y que la comedia de ese tipo busca el choque.
sin embargo, mi impresión personal es que el personaje podría haberse escrito con más matices sin perder el efecto cómico. La controversia no es gratuita: muestra cómo ciertos recursos humorísticos envejecen mal a medida que cambia la conciencia cultural. Me quedo con la sensación de que Rasputia es memorable, pero también representativa de una comedia que merece ser revisada y discutida con honestidad.