Mi memoria musical está llena de temas que identifico inmediatamente con Burton y Elfman, y creo que esa es la mejor prueba de su alianza creativa.
Desde una mirada más desenfadada y de quien comparte playlists con amigos, diría que Danny Elfman ha sido el colaborador habitual de Tim Burton durante décadas: muchos de los grandes títulos llevan su firma sonora —piensa en «Pee-wee's Big Adventure», «Beetlejuice», «Batman», «Edward Scissorhands», «The Nightmare Before Christmas», «Charlie y la fábrica de chocolate» o «
alicia en el país de las maravillas»—. No obstante, no trabajaron juntos en absolutamente todas las películas de Burton; hay excepciones y
experimentos con otros compositores, pero la asociación Elfman–Burton dejó una huella muy visible.
Cuando veo esas películas, la música me transporta y me devuelve la sensación de que estoy en un mundo donde lo extraño y lo entrañable conviven. Esa mezcla sonora es, para mí, una de las razones por las cuales tantas escenas se han quedado grabadas: Elfman supo traducir en notas lo que Burton ponía en imágenes, y esa química creativa es algo que valoro cada vez que vuelvo a sus películas.