Me viene a la mente su historia como ejemplo de cómo cambian las reglas del juego con las redes sociales.
Recuerdo que Winnie Harlow no tuvo un 'contrato de moda gigante' de la noche a la mañana: su salto a la fama fue una mezcla de presencia en Instagram y participación en «America's Next Top Model», que le dio visibilidad masiva. Esa exposición se tradujo en trabajos y pequeñas colaboraciones al principio, campañas puntuales y editoriales independientes que poco a poco fueron formando su book profesional.
Más adelante consiguió representación con agencias de mayor peso y terminó fichando por una agencia internacional importante, lo que le abrió puertas a pasarelas y grandes marcas. En resumen, su primer contrato serio llegó tras consolidar su imagen pública; no fue un golpe único de suerte, sino una escalera de oportunidades que supo aprovechar, y eso para mí lo hace todavía más inspirador.
No puedo evitar pensar en cómo cambia la dinámica de la industria: a veces la fama televisiva o en redes no equivale instantáneamente a un contrato exclusivo con una gran firma. En el caso de Winnie Harlow, su carrera arrancó con atención orgánica en Instagram y con el impulso de «America's Next Top Model», lo que le generó múltiples propuestas y trabajos iniciales.
Estos encargos menores fueron clave para demostrar demanda y profesionalismo; más tarde, al consolidarse su nombre, llegó el trato con agencias internacionales que amplificaron su alcance. Para mí eso dice mucho sobre resiliencia y estrategia: construyó credenciales reales antes de firmar con los grandes, y eso la preparó para sostener una carrera larga, no solo un pico de fama pasajero.
Veo su trayectoria como algo mixto entre talento, timing y mucha perseverancia. Empezó ganando atención en redes por su apariencia distintiva debido a la vitiligo, y su paso por «America's Next Top Model» amplificó esa visibilidad. No obtuvo un contrato exclusivo de una gran casa inmediatamente, sino que recibió ofertas de trabajo, sesiones y pequeños contratos que le permitieron construir un portafolio real.
Con ese bagaje llegó la oportunidad de firmar con agencias más grandes que la conectaron con campañas internacionales. Por eso siempre me ha gustado contar su historia: muestra que hoy en día la primera firma importante suele venir después de mucha actividad previa, no necesariamente como primer movimiento profesional. Me parece un camino auténtico y motivador.
Tengo en la memoria su recorrido como ejemplo práctico de cómo se consigue el primer contrato: no fue un solo golpe, sino varios pasos. Tras llamar la atención en Instagram y participar en «America's Next Top Model», empezó a recibir ofertas y trabajos puntuales que actuaron como su primer contrato profesional real.
Después de esa fase inicial, acabó firmando con agencias de mayor envergadura que la pusieron en campañas internacionales. Me inspira su proceso porque demuestra que la visibilidad hay que convertirla en trabajo consistente antes de llegar a lo grande.
2026-07-15 14:09:10
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En Vivo: La Hundí con Pruebas en Su Boda
Zafira
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Una empleada de mi empresa se fue a desahogarse en TikTok porque, según ella, yo no le aprobaba la licencia por matrimonio.
“Tenemos un bajo índice de matrimonios, una baja natalidad, y es culpa de ustedes, malditos capitalistas. ¡Ni siquiera me apruebas la licencia por matrimonio! ¿Para ti solo soy una esclava? Me creí tus mentiras, eso de ‘vamos a ser una empresa de puras mujeres, una empresa amigable con las mujeres’, y mírate ahora: se te cayó la máscara; ya se te vio la cara de capitalista que exprime a la gente hasta dejarla seca.”
El video explotó de la nada; un montón de jóvenes se sintieron identificados y se me fueron encima en redes, al punto de que hasta me mandaron navajas por correo.
Yo, como jefa, me lancé a hacer un live y me le fui directo contra ella.
“Lo siento, pero la licencia por matrimonio de Blanca no la voy a aprobar. Puede denunciar ante el Ministerio de Trabajo y pedir una audiencia de conciliación; si no hay acuerdo, puede demandarme en un juzgado laboral si quiere.”
El live reventó de gente.
Entre los que la apoyaban, aparecieron supuestos abogados y hasta se ofrecían a ayudarla gratis a demandarme, pero Blanca se quedó con el gesto tenso, como si no tuviera salida.
“Yo solo quería mi licencia; nunca pensé en renunciar, y mucho menos en demandar a Samantha…”
Me metí en una novela.
Y no como la protagonista ni como la villana, sino como una extra bonita, sin nombre, de esas que solo aparecen de fondo para rellenar escenas.
El problema es mi hermano mayor: de todos los personajes, es el único que se comporta como una persona normal, y justo por eso, en la novela lo pintan como el “amor imposible” de la protagonista: un dios frío, reservado, casi intocable, al que ella jamás logra conquistar.
Cuando ella se le declara entre lágrimas, él responde que está estudiando.
Cuando le promete entregarle todo, él dice que anda montando un negocio.
Cuando ella se deja caer y se pierde entre galanes, él ya está en la cima, con un éxito brutal y diez mil millones de dólares al año.
Yo, de verdad, pensé que iba a vivir en paz, sin deseos, sin tentaciones, así para siempre.
Hasta que una noche, ya de madrugada, lo encontré con una prenda que yo reconocería en cualquier parte entre sus manos… y, en voz baja, casi obsesivo, repitiendo un nombre una y otra vez.
Un nombre demasiado familiar, demasiado cercano.
Callan me besó a fondo, avivando las llamas entre nosotros antes de mordisquearme el labio.Deseosa de más, abrí la boca como una dulce invitación. Pasó su lengua por la mía y profundizó el beso. Me aferré a los lados de su camisa, balanceándome contra él.Las manos de Callan bajaron hasta agarrarme las nalgas y tirar de mí contra él. Sentía su dureza contra mi muslo.—Callan... Susurré mientras sus labios recorrían mi cuello.—¿Mhm? —Callan murmuró contra mi piel.—Hazme el amor.*Tras una ruptura que supuso la pérdida de su negocio, Isla tiene una política de no tener citas con sus compañeros de trabajo. Es una mujer con algo que demostrar, y ningún hombre se lo va a quitar esta vez.Excepto, quizá, el director general Callan. Después de una noche de vapor, Callan está decidido a derribar los muros de hielo de Isa.¿Podrá Isa dejar atrás el pasado y arriesgarlo todo por Callan?"No sólo otra chica nueva" es una creación de Scarlett Rossi, autora de eGlobal Creative Publishing.
Mi figura siempre atrae miradas adondequiera que vaya. Mis ojos, intensos y penetrantes, tienen esa extraña capacidad de desarmar a cualquiera que se cruce en mi camino. En Hollywood me consideran uno de los mayores símbolos de belleza y sensualidad. Sin embargo, después de cinco años viviendo en esta ciudad, ningún productor se ha atrevido siquiera a acercarse a mí.
La razón es simple: el hombre que comparte mi cama es Don Vincenzo, el jefe más temido y despiadado de la mafia de Nueva York.
Pasé siete años a su lado y, durante todo ese tiempo, me hizo creer que era especial. Después de cada encuentro, cuando por fin recuperábamos el aliento, me envolvía entre sus brazos, me besaba con devoción absoluta y me llevaba al baño para borrar con delicadeza cualquier rastro de la pasión que acabábamos de compartir.
¡Qué ingenua fui al pensar que sería la única mujer de su vida y que algún día llegaría a ser su Donna!
Todo cambió la noche de mi cumpleaños número veintiocho. Después de la cena familiar, lo escuché hablar de mí y reírse con uno de sus hombres de confianza.
—Chloe sirve para pasar el rato, pero mi Donna tiene que ser alguien diferente.
En ese instante, arranqué de mi pecho el corazón frágil que había creído en cada una de sus promesas y decidí convertirme en lo que él, aparentemente, deseaba: una amante perfecta, una mujer interesada únicamente en su dinero. Pero, para mi sorpresa, ni siquiera eso fue suficiente para Vincenzo.
Sus ojos oscuros y penetrantes se clavaron en los míos.
—¿De verdad no quieres nada más de mí, además de un penthouse en Manhattan?
Deslicé suavemente los brazos alrededor de su cuello y fingí sorpresa.
—¿Me estás diciendo que también puedo pedirte un Ferrari?
Durante cinco años, Leo Belmonte —el heredero del Don— fue la única luz en mi vida.
El día de la prueba del vestido de novia, me sonrió para decirme que yo no era más que el reemplazo de Mia, su intocable primer amor.
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Los broches del vestido me cortaron las palmas hasta dejarlas ensangrentadas, pero a él lo único que le importaba era el atuendo.
Su adorada Mia me atropelló en la autopista, y él me prohibió llamar a la policía; usó las cenizas de mi madre en mi contra para mantenerme a raya.
Mientras las redes sociales me tachaban de rompehogares, fue él quien me clavó a la picota pública con sus propias manos.
La noche en que al fin me di por vencida, abordé el helicóptero privado de la familia Deluca.
Fue entonces cuando descubrieron la verdad: yo no era una hija bastarda sin hogar. Era la única heredera que el Don más poderoso de Europa había buscado durante todos esos años.
Alguna vez lo consideré mi salvación. Ahora se arrodilla a mis pies para suplicar perdón, y lo único que me inspira es repulsión.
Muy pronto, me erigiré en la cima del bajo mundo, un lugar que él jamás podría volver a alcanzar.
Colter Giordano, mi prometido desde hace seis años, heredero de la familia Giordano, recibió una bala por una bailarina llamada Mia.
No la recibió por mí.
Una bala me atravesó el hombro. La sangre, caliente y pegajosa, me manchó el vestido.
Pero mi corazón dolía más.
Me preguntó si estaba bien. Solo una vez.
Luego se apresuró a llevar a Mia al hospital, dejándome sangrando en el suelo.
Al día siguiente, la foto de Mia apareció en mi feed de Instagram.
Ahí estaba ella, en una suite de lujo del hospital. Colter se estaba desviviendo por un rasguño en su brazo que apenas se notaba.
El pie de foto era de solo dos palabras: [Mi Héroe.]
Le di me gusta a la publicación.
Luego hice una llamada encriptada.
—La oferta de la familia Falcone —dije—. La acepto. Consígueme un avión a Sicilia. Tres días.
Mi feed cambió radicalmente el día que empecé a ver a Winnie Harlow en campañas y pasarelas; su presencia fue como una bocanada de aire fresco en un mundo que había estandarizado tanto la belleza. Yo, con veintipocos años y devorando editoriales de moda, noté que ya no era solo una cara llamativa: representaba a gente con vitíligo, quería decirle al mercado que la diversidad tenía mercado y voz. Verla en portadas y anuncios me hizo preguntarme por qué tantas marcas antes evitaban cualquier rasgo que no encajara en el molde clásico.
Con el tiempo me di cuenta de que su impacto fue doble: por un lado abrió puertas para modelos con características visibles distintas; por otro, obligó a marcas y fotógrafos a repensar la narrativa visual. No todo fue perfecto —a menudo la diversidad se usaba como etiqueta— pero ella consiguió que la conversación siguiera adelante. Me quedo con la sensación de que la moda ganó en honestidad y matices gracias a figuras como ella, y que todavía hay camino por recorrer, pero ahora vamos con más argumentos y rostros reales.
Me encanta hablar de cómo funcionan estas cosas en la práctica, porque muchas veces la gente piensa que la propia celebridad es la que guarda todos los clips. En el caso de Winnie Harlow, sus apariciones en programas como «America's Next Top Model» y otras entrevistas fueron grabadas por las productoras y las emisoras; es el equipo del show el que hace la grabación y conserva el archivo maestro.
Eso no quita que Winnie y su equipo compartan fragmentos en redes: en Instagram, TikTok o en sus historias suele haber recortes o reposts de entrevistas y segmentos. También es común que las cadenas suban episodios completos o clips destacados a sus plataformas oficiales, por lo que quien quiera ver esas apariciones las puede encontrar ahí.
En resumen, ella probablemente no tuvo que grabarlas por su cuenta, pero sí ha difundido y reaprovechado material que ya estaba grabado por la producción, y yo suelo guardarme los episodios favoritos en playlists o en enlaces oficiales cuando quiero volver a verlos.
Me fascinó cómo Winnie Harlow transformó lo que otros veían como una limitación en su sello personal.
Recuerdo haber leído sobre su infancia marcada por el vitiligo y por el acoso escolar; no fue un camino fácil y por eso su triunfo me parece aún más potente. Pasó por situaciones de exclusión y críticas en redes sociales, y sin embargo usó esas experiencias para hacerse visible y contar su verdad. Su paso por «America's Next Top Model» fue un punto de inflexión: la exposición fue dura pero también le abrió puertas que antes parecían cerradas.
Hoy la veo en campañas, portadas y pasarelas, y me inspira que haya ganado espacio en medios que antes seguían cánones muy cerrados, como «Vogue» y otras revistas internacionales. Para mí su historia es un recordatorio de que la industria puede cambiar cuando una persona se planta y exige respeto; su autenticidad no solo la llevó a triunfar sino que abrió camino para otras personas con diferencias en la piel. Me deja con la sensación de que la moda tuvo que aprender a ser más humana gracias a voces como la suya.
Me encanta ver cómo figuras públicas eligen proyectos que resuenan con su identidad, y con Winnie Harlow pasa justo eso: sí, ha colaborado con marcas en campañas recientes y lo ha hecho de formas muy variadas. En los últimos años la he visto participando tanto en campañas globales de moda y belleza como en proyectos más pequeños y dirigidos a la inclusión y la sostenibilidad. No se limita a posar: participa en activaciones creativas, campañas digitales y colaboraciones donde su voz y su historia sobre vitíligo suman peso a la comunicación de la marca.
Desde mi punto de vista, eso le da autenticidad a sus colaboraciones. Algunos proyectos han sido anuncios tradicionales, otros han sido colecciones cápsula o colaboraciones en redes sociales que mezclan contenido visual con mensajes de empoderamiento. Me parece refrescante que las marcas la busquen no solo por su imagen, sino por lo que representa, y eso se nota en la calidad y la coherencia de las campañas donde aparece. Me deja con la sensación de que sus elecciones ayudan a normalizar cuerpos diversos en la publicidad contemporánea.