MasukLORENZOEstaba sentado en mi oficina, tomando café en paz, y todavía no podía quitarme de la cara esa sonrisa de idiota enamorado.Mi hermosa Omega, satisfecha y embarazada, dormida en mi cama... ¿qué más podía pedirle a la vida?La puerta se abrió de golpe de la nada mientras yo firmaba unos contratos.Ni siquiera me molesté en levantar la mirada. Ya sabía quién era. La única loca que entraba así en mi oficina.—Bueno, bien por los bastardos con suerte que pueden despertarse follando —dijo sin rodeos, dejándose caer en el sillón con toda la gracia de una piedra.—Joder, hueles bien... mmm, dulce... —la sentí olfatear el aire sin la menor vergüenza.—Deja de coquetear acerca de mi Omega delante de mí —por fin levanté la mirada, con la irritación escrita en toda la cara—. Además de venir a comprobar si estoy follándome a Victoria o no, ¿tienes algo útil que informar?—Aburrido.Puso los ojos en blanco, cruzó una pierna sobre la otra y apoyó la mejilla en la mano.—Para que conste, ella
LORENZOEl gemido caliente de mi Omega hizo temblar las paredes de mi habitación.Mis manos se cerraron con fuerza sobre sus caderas mientras las garras de su loba se hundían en mi pecho, su cuerpo temblando cuando se corrió tan rico con mi polla enterrada hasta el fondo dentro de ella.Mis ojos de lobo devoraron esa imagen que siempre me prendía fuego.Su cabello todo revuelto por el sueño, su piel sudada iluminada por los pocos rayos de sol que se colaban entre las cortinas.Abrió los ojos y me dio esa sonrisa satisfecha que me volvía loco.Diosa, estoy jodidamente enamorado de esta mujer.—Mi turno, nena... —mi voz salió ronca, lobuna, mientras la empujaba con cuidado contra las sábanas y la tomaba con una lujuria sin freno.Con ella en cuatro, frotando sin vergüenza el culo contra mí, agarré mi polla y la empujé dentro de ese coño empapado de placer y de su orgasmo.—Aahhh... —el gemido de Victoria hizo que mi polla diera un tirón, vibrando con el placer de hundirme una y otra vez
LORENZOLe arranqué el saco de la cabeza.Tenía los ojos inyectados en sangre, llenos de lágrimas, y el maquillaje corrido por toda la cara. Se veía hecha mierda. La única otra vez que la había visto así fue cuando murió mi padre.Ella solo me miró con la mordaza todavía metida en la boca y, aunque pudo haberme hablado en la mente, eligió quedarse callada.Orgullosa y terca. Jamás bajaba la cabeza.Esa era la Matriarca Greco.Agarré la mordaza y se la bajé de un tirón, liberando sus labios, todavía húmedos de lágrimas.—Te dije que ella te estaba mintiendo, pero tu hambre de poder te nubló el juicio —dije al fin de manera fría.—¿Y por eso le hiciste todo esto a tu propia madre? ¿Me trataste como una rehén? ¿Y ahora qué, Patriarca Greco? ¿De verdad vas a deshacerte de mí? —preguntó al fin, con la voz áspera y seca.—¿Deshacerme de ti? ¿Qué clase de desgraciado sin corazón crees que soy para deshacerme de mi propia madre? No soy como tu... —dije, inclinándome sobre ella, con un brazo a
LORENZOLe subí la manta por encima y le acaricié el cabello una última vez antes de dejarla dormida en el sofá.Hoy había apostado muchísimo, pero lo que más me importaba era su seguridad… y saber si la confianza de Victoria en mí realmente llegaba tan lejos.Una sonrisa tenue me tiró de la comisura de los labios. La boca todavía me ardía por nuestros besos desesperados y todas esas mordiditas deliciosas que esa loba salvaje siempre dejaba en mí.Victoria se sentía como si hubiera sido hecha para mí, y solo esperaba poder convertirme en el hombre que ella llevaba tanto tiempo anhelando.Mi valiente Omega, confiándome su vida sin dudarlo.Esa vena posesiva, dominante y protectora de Alfa dentro de mí casi ronroneaba de satisfacción.Mi lobo lamía y protegía a la pequeña Omega que dormía en paz con su cachorro creciendo dentro de ella, su mate, su alma gemela.Dejé que mis dedos bajaran hasta su vientre, intentando sentir ese vínculo con mi cachorro aunque todavía fuera demasiado pront
VICTORIAMiré a Lorenzo, inquieta, y extendí la mano para levantarle el mentón y hacer que me mirara.—Tu madre me mostró un video… uno donde decías que me quitarías a mi bebé y se lo darías a esa mujer para que lo criara…Él frunció el ceño, y un destello de ira le atravesó los ojos.—Así que de verdad te mostró esa mierd4 que grabó a mis espaldas solo para torturarte con eso… —Bajó la cabeza y se pellizcó el puente de la nariz.—¿De verdad crees que yo te haría algo así? ¿Que te tendría encerrada como una incubadora solo para quitarte a nuestro bebé y entregárselo a esa perra de Alina…? Vicky…—Lo admito… por un segundo, entré en pánico. Sonabas tan seguro. Me dolió muchísimo…—No, no, amor, eso jamás se me cruzó por la cabeza. Si lo dije, fue para ganar tiempo, para engañar a nuestros enemigos. Victoria, me deshice de las amenazas que pendían sobre nuestra familia —dijo, presionando un beso en mi palma, donde mi mano descansaba contra su mandíbula.—Nuestra familia de tres… o los b
VICTORIASu gruñido se fusionó con mi grito, rebotando contra cada pared.La mano en mi garganta subió hasta cubrirme la boca, tragándose cada sonido roto de placer mientras mi macho me tomaba como un lobo en pleno celo.Lorenzo empezó a embestirme, profundo e implacable, cada movimiento llevándome más alto y destrozándome de la mejor manera.En cuatro, aferrada al respaldo, clavé las uñas en el cuero mientras mi cuerpo se sacudía sin control con cada golpe duro de sus caderas.Una mano enorme y callosa se cerró alrededor de mi pecho, brusca y posesiva.Entonces sentí su peso sobre mi espalda, piel contra piel, el sudor deslizándose entre nosotros mientras el placer seguía creciendo.Mi cuerpo se aferraba a él con codicia, atrayéndolo, exprimiendo cada embestida brutal.Lorenzo gruñía como un loco contra mi oído, encendiéndome cada nervio con palabras sucias y excitantes.El mueble empezó a crujir bajo la fuerza del sexo, y los sonidos de nuestros cuerpos chocando solo se volvieron má
VICTORIAOmega reproductora.Así llamaban a las Omegas que reducían a nada más que herramientas de cría dentro de las manadas.Era arcaico, humillante, inhumano… Incluso con los problemas de fertilidad, muchas manadas lo habían prohibido.Pero Luca me estaba condenando a ser violada por sus hombres
VICTORIAEl papel crujió dentro del auto, sumido en la oscuridad del estacionamiento subterráneo.Mi corazón se aceleró mientras esperaba el resultado, sin atreverme a mirar hacia el asiento del copiloto.—La prueba es… negativa. No estás embarazada, Vicky.Cerré los ojos, intentando controlar las
LORENZOTener a mi Omega temblando y gimiendo sobre mi cuerpo me estaba volviendo loco.Pero esto no se trataba de mí. Se trataba de ella... y de su placer.Sus piernas tensas no dejaban de estremecerse, bien abiertas sobre mis muslos, mientras mi mano le metía el dildo en su coño apretado.Lo moví
VICTORIALos jadeos se me escapaban de la garganta mientras su mano posesiva me mantenía en mi sitio, controlándome con una presión que me robaba el aliento.Sus labios finos se movían sobre mi boca entreabierta, chupando y mordisqueando.Su lengua entró, enredándose con la mía, recorriendo mi boca







