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Capítulo 749

Author: Ámbar O.
Vanessa se quedó helada. No esperaba que vinieran a secuestrar a alguien tan temprano. Pasado el impacto, alzó la voz para detenerlos:

—¿Quiénes son ustedes? ¡Suéltenla ya!

Los matones iban cubiertos de pies a cabeza, con mascarilla y gorra; solo se les veían los ojos. Observaron a Vanessa con aire calculador.

¿No era esa precisamente la otra mujer que debían capturar?

Las órdenes que habían recibido eran llevarse no solo a Susana, sino también a Vanessa. Vanessa solo contaba con tres acompañant
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    —Levántese primero.Vanessa se apresuró a ayudarla a incorporarse. Después de todo, ella había tenido algo que ver con la muerte de Marta.—Yo me encargo de rescatarla, pero, señorita Aguirre, ¿y la grabadora?Susana titubeó; no terminaba de confiar en Vanessa.—Mi mamá sí me dejó una grabadora, y me pidió que, si algo pasaba, acudiera a usted o al señor Cisneros.Susana la sacó de un bolsillo interior y dijo:—Si logra rescatar a mi hija y ella sale sana y salva, le juro que se la entrego.Era su condición para el intercambio. Vanessa clavó la mirada en la grabadora; los ojos le brillaron. No tenía motivos para negarse.Ayudó a Susana a sentarse.—Está bien, acepto.—Gracias. —Susana se animó y volvió a guardar la grabadora.En un mensaje de voz, su mamá le había advertido que esa cosa no solo podía salvarle la vida, sino también darle dinero.Para salvar a su hija, Susana tuvo que mostrársela a Vanessa. Cuando rescataran a la niña, quizá todavía podría obtener una buena suma por la g

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    Vanessa se quedó helada. No esperaba que vinieran a secuestrar a alguien tan temprano. Pasado el impacto, alzó la voz para detenerlos:—¿Quiénes son ustedes? ¡Suéltenla ya!Los matones iban cubiertos de pies a cabeza, con mascarilla y gorra; solo se les veían los ojos. Observaron a Vanessa con aire calculador.¿No era esa precisamente la otra mujer que debían capturar?Las órdenes que habían recibido eran llevarse no solo a Susana, sino también a Vanessa. Vanessa solo contaba con tres acompañantes. Además de ella, estaban Daniel y dos guardaespaldas.Los secuestradores eran cinco o seis. Al darse cuenta de que tenían ventaja numérica, arrojaron a Susana al interior de la camioneta, cerraron la puerta y, con cuchillos y palos en mano, atacaron con ferocidad al grupo de Vanessa.Vanessa entrecerró los ojos, sin miedo.¡Perfecto!También quería comprobar si detrás de todo estaba la persona de la que sospechaba.—Señorita, váyase primero.Daniel se apresuró a interponerse frente a ella par

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    Primero doña Juana y ahora doña Marta. No podía haber tantas coincidencias.Vanessa asintió sin decir más; no dejaba de repasar mentalmente todo el asunto. Alguien llamó a propósito para alejarla de ahí. Y lo que esa persona dijo por teléfono fue: “Tu abuelo tuvo un problema de salud”.Angustiada, Vanessa no se detuvo a pensarlo. Se dio cuenta después, en el auto, pero ya era tarde para regresar. Una cosa sí quedaba clara. Tal como sospechaba, el contenido de la grabadora parecía muy importante.Alguien parecía querer ocultar algo. Yolanda confesó durante una transmisión en vivo que había matado al padre de Vanessa; las pruebas eran contundentes. En la audiencia final, dentro de unos días, la declararían culpable y la enviarían a prisión. Nadie podría cambiarlo.Así que... Quienes estaban detrás de todo no buscaban ocultar ese crimen, sino otro secreto. En la morgue, Rodrigo vio a Vanessa irse después de su arrebato y arqueó las cejas con aire provocador.—Parece que ni el señor Cisner

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 747

    Rafael recibió la cachetada destinada a ella. Vanessa lo miró atónita, algo molesta.—¿Por qué no la esquivaste? —preguntó Vanessa.—¿Ganar tanto dinero últimamente te nubló el juicio? ¡Y te quedas ahí parada para que te golpeen! —La reprendió Rafael, con la voz grave y sin rastro de la ternura de antes.En sus últimos encuentros, él o la regañaba o la hacía enojar. Vanessa bajó la mirada.—No es asunto tuyo.Quiso apartarlo, pero Rafael la puso detrás de él para protegerla y se volvió hacia Susana.—¿Qué pasó? Habla.Rafael imponía respeto con su sola presencia. A Rafael le bastó mirarla para que Susana, al borde del colapso, se intimidara y se calmara un poco.—¡Fue ella! ¡Vino a buscar a mi mamá y la mató!Desbordada por el dolor, Susana señaló a Vanessa con furia.—Hoy vino con su gente a buscar a mi mamá y, al poco rato, ella ya estaba tirada.Susana trabajaba en un banco y estaba muy al tanto de los rumores. Reconocía a Vanessa y sabía perfectamente quién era Rafael. Además, era

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    Apenas subieron al auto, Ricardo recibió el aviso y, alarmado, le dijo a Rafael:—Malas noticias, señor Cisneros. Le pasó algo a la señora.—Vamos.Vanessa hablaba por teléfono con Rodrigo; él la había llamado. Al enterarse de que Vanessa estaba en el hospital, Rodrigo colgó y se dirigió allá de inmediato.—¿Qué pasó?Cuando llegó al hospital, Vanessa estaba de pie frente a la morgue, pálida. Al escuchar su voz, volvió lentamente la mirada hacia él y apenas logró hablar.—Murió.Cuando Rodrigo la llamó, el médico acababa de declarar la muerte de Marta. Vanessa pensó en todas sus idas y venidas al hospital, y la tensión acumulada terminó por desbordarla. Parpadeó varias veces y se quedó inmóvil, ausente.Daniel se acercó a Rodrigo y habló sin rodeos.—Vinimos a pedirle algo a doña Marta. Nos alejamos un momento y, cuando regresamos, ya estaba herida.—¿Ya ordenaron una investigación?—Sí, pero todavía no hay resultados.Apenas Daniel terminó de hablar, le entró una llamada de uno de sus

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    El corazón se le detuvo. Corrió hacia ella y se arrodilló a su lado.—¿Qué te pasa? ¿Qué ocurrió?Marta, apenas consciente, miró a Vanessa y, con un esfuerzo, alzó la mano para señalar hacia algún punto.—La ni... ña... la plu...No alcanzó a terminar la frase. Su mano cayó inerte. Vanessa palideció. El intenso olor a sangre le revolvió el estómago. Contuvo las náuseas y gritó con todas sus fuerzas:—¡Llamen a una ambulancia! ¡Rápido!Daniel llegó corriendo al escuchar los gritos y sacó el celular para pedir una ambulancia.Mientras tanto, Rafael estaba reunido con Ignacio Linares en un club privado. Rafael miraba fijamente un punto, sin parpadear, y su presencia intimidaba a Linares sin que este supiera bien por qué.—Si la señorita León decidió no colaborar por mi relación con don Édgar, entonces en serio no puedo eludir mi responsabilidad.Linares dejó escapar un suspiro fingido.—No haber concretado el trato con una profesional tan talentosa como la señorita León es, sin duda, una

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