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Capítulo 7

last update publish date: 2026-05-08 00:51:35

“¿¡Qué me perdí!?” La voz de Kate rompió el silencio. Jacob apartó las manos de inmediato y me bajó la blusa, mientras yo lamentaba que ella hubiera llegado justo entonces.

“Hubo una pelea y Camila fue daño colateral”, dijo Jacob con su tono serio habitual.

Jacob le dirigió una mirada asesina, pero Kate, siendo Kate, ni se inmutó.

“¡Oh, Cami!” Kate se arrodilló a mi lado, con el rostro lleno de culpa. “Había demasiada gente en el baño; no pensé que me iba a tardar tanto. Esto es mi culpa; no debería haberte dejado aquí sola. Lo siento tanto.”

Me apartó un mechón de la cara y secó una lágrima con la naturalidad de quien siempre había estado para mí. Así éramos: cuidándonos mutuamente, compensando lo que la vida nos lanzaba. Me regaló una sonrisa suave, esa que siempre me hacía sentir que todo estaría bien, aunque por dentro estuviera rota.

“¿Quién es el imbécil al que debo patear en la espinilla?”, preguntó Kate para disminuir la tensión y logró sacarme una sonrisa.

“No tengo ni la menor idea”, respondí ya un poco más tranquila.

“Tenemos que llevarte al hospital. El tobillo está mal y tienes moretones en la espalda. En el camino llamaré a Sam”, sentenció Jacob.

Asentí sin fuerzas.

Steve se acercó con una expresión sincera.

“Lo siento mucho, Cami. Espero que te recuperes pronto. Jacob, avísame si necesitas algo.”

“Gracias”, dijimos los dos al mismo tiempo. Nos miramos sorprendidos, y enseguida gritamos:

“¡Jinx!”

Jacob lo dijo primero. Ganó.

“Un Kit Kat” fue lo que Jacob pidió.

Kate nos observó incrédula.

“Ok, entonces… ¿te pasa encima media multitud y aun así tienes ánimos de jugar al ‘Jinx’? Ay, Cams, eres única.”

“Sí, lo es”, susurró Jacob, demasiado bajo como para que alguien más lo oyera.

Con la ayuda de ambos intenté incorporarme, pero era evidente que no podía caminar.

“Jacob, perdí mi teléfono. No sé dónde quedó…”

Miramos alrededor, pero no había rastro de él. Quizá alguien había aprovechado la ocasión para llevárselo.

“Luego te compro otro. ¿Lista?”

«¿Lista para qué?»

Me miró fijo y, antes de que pudiera decir nada, me levantó en brazos con un movimiento firme. Quedé a horcajadas sobre él, mis piernas rodeando su cintura, mis brazos alrededor de su cuello, instintivamente. Mis ojos abiertos como platos.

“¡Jacob! ¿Qué estás haciendo?”, pregunté, mascullando las palabras, con la voz más nerviosa de la historia. Oh, Dios, no me lo esperaba. No sabía si debía sentir vergüenza o… otra cosa.

“Caminando al coche, Camila. Tienes la espalda lastimada y no puedes apoyar el pie. Te cargué. Fin.” Lo dijo con tanta naturalidad como si la posición en la que me llevaba fuera la más lógica del mundo. Quizá, él tenía razón, pero eso no evitaba que mi corazón se desbocara. La posición era demasiado sugerente y, por un instante, hasta se me olvidó el dolor del tobillo.

Al mirar a Kate, vi que apenas podía contener la risa, con una expresión traviesa que decía esto se pone bueno’. Nathalia, en cambio, parecía a punto de explotar; la vi dar un paso, decidida a seguirnos, hasta que una de sus amigas la detuvo. Elegí mirar hacia otro lado, sobre todo porque sabía que mis mejillas estaban sonrojadas y no quería que fuera tan evidente para sus amigos.

El coche no estaba lejos, tristemente. Yo me aferraba al cuello de Jacob y, al apoyar la cabeza en su hombro, mis labios rozaron su piel sin querer. Lo sentí tensarse, pero en lugar de apartarme, me sostuvo con más fuerza contra él.

Cuando llegamos, Kate abrió la puerta y Jacob me acomodó en el asiento con un cuidado sorprendente. Se inclinó sobre mí un instante más de lo necesario, rozando mi mejilla con la yema de los dedos, antes de apartarse y cerrar la puerta. Kate se sentó en su lugar sin decir nada.

En cuanto encendió el motor, llamó a Sam para avisarle. No entró en detalles; sólo le explicó que se me había lastimado el tobillo y que nos veríamos en el hospital.

Durante el trayecto, yo trataba de mirar por la ventana, pero en realidad no dejaba de observarlo de reojo. Cada vez que la luz de un semáforo iluminaba su perfil, me parecía distinto. No lograba entender qué había cambiado; sólo sabía que lo inesperado de la noche no se reducía a una caída ni a un tobillo torcido. Algo más se había movido, y no estaba segura de quererle poner nombre.

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