Mag-log inNoah estaba cómodamente recostado en el sofá, con una pierna cruzada sobre la otra y la vista fija en la película que veía. Sostenía un tazón de palomitas mientras disfrutaba de una película de terror, completamente absorto.
En ese momento, Evans se acercó a él.
—Aquí tiene, tío Noah. Le traje un poco de jugo de naranja.
Evans dejó la bandeja sobre la mesa y le ofreció el vaso.
Noah lo observó con desconfianza.
—¿Y a qué se debe tanta amabilidad? ¿Por qué de repente me traes jugo?
—Bueno, lleva aproximadamente treinta minutos comiendo muchas palomitas. Lo más lógico es que ya tenga sed, así que pensé en traerle algo para refrescarse.
Cuando Evans terminó su explicación, Noah soltó un largo suspiro de frustración.
—Desaparece de mi vista. Tus discursos son desesperantes.
—Que lo disfrute.
Evans hizo una pequeña reverencia y se marchó.
Subió rápidamente las escaleras, sacó un pequeño teléfono de juguete y habló en voz baja.
—Cambio. Ryan, ¿estás listo para la siguiente fase? En aproximadamente cinco minutos irá al baño. Repito, ¿estás listo? Cambio.
Escondido detrás de la encimera de la cocina, Ryan sostenía un recipiente lleno de miel.
—Cambio. Todo está listo, Evans. El ataque comenzará muy pronto. Cambio.
Ni siquiera habían pasado cinco minutos cuando Noah se levantó apresuradamente para ir al baño.
En ese instante, Ryan salió corriendo de la cocina y chocó contra él.
El recipiente salió volando de sus manos y toda la miel cayó sobre la ropa de Noah.
Los ojos del hombre se abrieron de par en par.
—¡¿Pero qué demonios...?!
Le lanzó una mirada fulminante.
Ryan tragó saliva.
—Lo siento mucho, tío Noah. Por favor, no me pegue.
Noah observó al pequeño, respiró hondo e intentó contener su enojo.
Tenía unas enormes ganas de darle un buen regaño, pero logró controlarse.
—¡Quítate de mi camino!
Empujó suavemente a Ryan hacia un lado y continuó su camino escaleras arriba.
Sin embargo, antes de que pudiera llegar, Aida apareció corriendo.
—¡Tío Noah, venga rápido conmigo!
La niña lo tomó de la mano.
—¿Y ahora qué pasa? —preguntó él, cada vez más irritado.
—Es Ava. Está llorando muchísimo en el patio trasero. ¡Por favor, venga!
Antes de que Noah pudiera negarse, Aida prácticamente lo arrastró hasta el jardín.
Allí, junto al camino de piedra, la pequeña Ava lloraba desconsoladamente.
Noah se masajeó el puente de la nariz y suspiró.
—Estos niños son un verdadero dolor de cabeza...
Mientras intentaba consolar a Ava, Ryan apareció a cierta distancia con una resortera en las manos.
Apuntó cuidadosamente hacia un enorme avispero que colgaba sobre Noah.
—¡Ava, corre! —gritaron Evans y Aida al mismo tiempo.
La pequeña salió corriendo de inmediato.
Un segundo después...
¡Pum!
La piedra impactó directamente contra el avispero.
En cuestión de segundos, un enorme enjambre de avispones salió disparado.
Noah apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Los insectos comenzaron a perseguirlo y a picarlo sin piedad.
—¡¡¡Aaaaaah!!!
El hombre corría de un lado a otro completamente desesperado, tratando inútilmente de espantarlos.
A lo lejos...
Los cuatrillizos observaban la escena muertos de la risa.
—¡Jajaja!
Chocaron las manos entre ellos, orgullosos del éxito de su "operación".
De repente...
—¡¡¿Qué demonios están haciendo ustedes?!!
La voz de Lena hizo que los cuatro niños se quedaran completamente inmóviles.
Todos pensaron exactamente lo mismo.
«Se acabó el juego.»
Lena llevó primero a Noah al hospital.
Después de asegurarse de que estaba fuera de peligro, le pidió disculpas una y otra vez antes de regresar a casa.
Los cuatro cuatrillizos estaban ahora formados en una fila, con la cabeza agachada.
Frente a ellos estaba Lena, con los brazos cruzados y una expresión tan seria que ninguno se atrevía a levantar la vista.
—Ryan...
La voz firme de su madre hizo que el pequeño levantara lentamente la cabeza.
—¡Yo no hice nada!
Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera pensarlo.
Enseguida volvió a bajar la mirada.
Evans le lanzó una mirada de reproche.
—Evans... Aida... ¿Van a decirme qué pasó o tendré que obligarlos?
Los dos intercambiaron una mirada nerviosa.
Ryan se inclinó hacia Evans y le susurró:
—Este es el momento en el que debes usar tu responsabilidad como el mayor y uno de tus largos y aburridos discursos. Sálvanos, por favor.
Lena los interrumpió.
—Voy a contar hasta tres. Si ninguno habla... hoy no habrá almuerzo ni cena para nadie.
Los cuatro levantaron la cabeza de golpe.
Ryan hizo un puchero.
—¡Pero a mí me encanta comer!
—Uno...
—Dos...
—Tre...
—¡Fue idea de Ava! —gritaron los tres al mismo tiempo, señalando a su hermanita.
Ava abrió enormemente los ojos.
—¡¿Yo?!
Los otros tres no dudaron ni un segundo en traicionarla.
—¡Ryan fue quien quiso hacerle una broma! Incluso dijo que podíamos hacer que lo atropellara un autobús o lanzarlo a una presa.
Lena abrió los ojos horrorizada.
—¡¿Que?!
Miró a los cuatro completamente incrédula.
Los niños fulminaron con la mirada a Ava.
Ella acababa de revelar todos sus planes.
Entonces, una idea cruzó por la mente de Evans.
Adoptó su expresión más seria y miró a sus hermanos.
—¿Cómo pudieron ustedes tres planear una broma tan peligrosa contra un hombre inocente? Aida... ¿por qué no viniste a informarme de lo que estaban preparando?
—¿¡Qué!? —Aida abrió los ojos de par en par. ¡Ese mocoso astuto e inteligente estaba buscando la manera de librarse del castigo!
—Créeme, mamá. Si hubiera sabido lo que estaban planeando... los habría detenido a toda costa. Pero tienes razón. Debemos castigarlos por haberle hecho esa broma al tío Noah.
—Yo me ofrezco para ir por el cinturón.
El pequeño bribón estaba a punto de subir las escaleras de puntillas cuando...
—¡Ni un paso más, jovencito! —la voz de Lena lo dejó congelado en el sitio.
—¡Vuelve aquí antes de que te lance por la ventana!
El niño regresó de inmediato junto a sus hermanos y bajó la cabeza.
—¿Por qué le hicieron algo así a Noah?
Los cuatro pequeños soltaron un largo suspiro.
—Porque no nos cae bien —admitió Aida primero.
—Y además es muy molesto. Siempre está mandándonos qué hacer —añadió Ryan.
—Sí, mami. Todo el tiempo finge ser bueno delante de ti. Además... pensamos que quería alejarte de nosotros. No queríamos perderte.
Al escuchar esas palabras, el gesto de Lena se suavizó y su corazón se enterneció.
—¿Por qué pensarían algo así? Él solo intentaba ayudarme a cuidar de ustedes.
—Preferimos seguir sin papá antes que dejar que alguien te aparte de nuestro lado —declaró Aida.
—¡Sí, mami! —respondieron los demás al unísono.
—Lo sentimos mucho.
Lena no pudo evitar sentir que el corazón le daba un vuelco al ver aquellas caritas llenas de culpa. Sus ojitos brillaban con un sincero arrepentimiento.
—Ay... ¿cómo podría seguir enojada con ustedes, mis pequeños?
Se agachó hasta quedar a su altura.
—Vengan aquí.
Los cuatro corrieron enseguida para abrazarla.
—Nadie va a separarme de ustedes. Los amo con todo mi corazón.
Lena besó la frente de cada uno.
—¡Nosotros también te amamos, mami! —respondieron entre risitas.
Todos... excepto Ava, que desvió la mirada.
Pero de pronto, la expresión de Lena volvió a endurecerse.
—Aunque...
Los niños tragaron saliva.
—Eso no cambia que los voy a castigar por lo que hicieron. Especialmente a ti, Evans.
—¿Eh? ¿Y por qué a mí? —protestó el pequeño haciendo un puchero.
—Porque eres el mayor. Debiste detenerlos. Además, me mentiste.
—Pero... pero...
—Nada de peros.
Evans bajó la cabeza derrotado.
—Quedan castigados hasta el día antes de nuestro viaje. Y no se discute.
—¡¿Quééé, mami?!
El tiempo pasó rápidamente para todos...
Excepto para los cuatrillizos, que sintieron que el castigo duró una eternidad.
Finalmente llegó el día del viaje.
Tres horas después, el avión aterrizó.
Lena respiró profundamente antes de bajar junto a sus hijos.
Mientras el taxi avanzaba hacia la casa de la señora Amelia, los recuerdos comenzaron a regresar.
No podía creer que hubiera vuelto a aquella ciudad maldita.
Un lugar lleno de dolor, traiciones y recuerdos que prefería olvidar.
Aun así, estaba decidida a comenzar una nueva vida junto a sus hijos.
Y, sobre todo...
A recuperar todo lo que por derecho le pertenecía.
Al llegar, los cuatrillizos salieron corriendo hacia la casa.
—¡Abuelita Amelia!
La anciana los recibió con una enorme sonrisa.
Para ellos, ella era como una verdadera abuela.
Había preparado todo tipo de platillos.
Los cuatro comieron hasta quedar completamente satisfechos, riendo y disfrutando del ambiente familiar.
La señora Amelia observó emocionada cómo aquellos cuatro adorables niños hacían todo lo posible por sacar una sonrisa a su madre.
Y Lena...
No pudo evitar sentirse inmensamente afortunada.
UNA SEMANA DESPUÉS
Lena salió apresuradamente de casa después de apenas probar el desayuno.
No tenía que preocuparse por los niños, pues estaban bajo el cuidado de la señora Amelia.
En ese momento solo había una cosa importante:
Llegar puntual a su entrevista.
Sentada en el taxi, golpeaba suavemente el suelo con el pie mientras esperaba con impaciencia que el tráfico avanzara.
Había solicitado empleo en B&W Graphic Industry, la empresa de diseño gráfico más prestigiosa y reconocida del mundo.
Jamás imaginó que la llamarían para una entrevista.
Solo había probado suerte.
Y quién sabe...
Tal vez ese día la fortuna estuviera de su lado.
Aunque había un pequeño problema.
—He oído que trabajar en esa empresa es un verdadero infierno... todo por culpa de él. ¿Y ahora quiero ser su secretaria? Dios mío, por favor ayúdame... Ojalá no sea tan terrible como dicen.
¿De quién estaba hablando?
Mientras tanto...
El sonido de unos pasos firmes resonó por todo el edificio.
En cuestión de segundos, todos los empleados entraron en pánico.
Quienes estaban conversando regresaron corriendo a sus escritorios.
Los pasillos quedaron completamente vacíos.
Todos fingían trabajar.
Cada empleado que se cruzaba con él hacía una respetuosa reverencia.
Él, como siempre...
Los ignoraba por completo.
Vestido con un impecable traje negro, caminaba con una presencia imponente.
Al pasar junto a un escritorio, se detuvo.
Un empleado dormía profundamente, incluso roncando.
Denzel golpeó suavemente el escritorio con los nudillos.
El hombre dio un brinco.
—¡Estoy despierto! ¡No estaba dormido!
Pero al levantar la vista y encontrarse con aquellos fríos ojos verdes...
Sintió que la sangre se le helaba.
—S... señor... ¿en qué... puedo ayudarlo?
Temblaba de pies a cabeza.
Denzel ni siquiera cambió de expresión.
—No es necesario.
Hizo una breve pausa.
—Está despedido.
Eso fue todo.
Entró tranquilamente a su oficina mientras los guardias sacaban al empleado, ignorando por completo sus súplicas.
Una vez sentado en su silla, giró lentamente hacia el enorme ventanal.
Entonces...
Su rostro quedó completamente al descubierto.
Denzel Brenton.
Director ejecutivo y propietario de B&W Graphic Industry.
Noah estaba cómodamente recostado en el sofá, con una pierna cruzada sobre la otra y la vista fija en la película que veía. Sostenía un tazón de palomitas mientras disfrutaba de una película de terror, completamente absorto.En ese momento, Evans se acercó a él.—Aquí tiene, tío Noah. Le traje un poco de jugo de naranja.Evans dejó la bandeja sobre la mesa y le ofreció el vaso.Noah lo observó con desconfianza.—¿Y a qué se debe tanta amabilidad? ¿Por qué de repente me traes jugo?—Bueno, lleva aproximadamente treinta minutos comiendo muchas palomitas. Lo más lógico es que ya tenga sed, así que pensé en traerle algo para refrescarse.Cuando Evans terminó su explicación, Noah soltó un largo suspiro de frustración.—Desaparece de mi vista. Tus discursos son desesperantes.—Que lo disfrute.Evans hizo una pequeña reverencia y se marchó.Subió rápidamente las escaleras, sacó un pequeño teléfono de juguete y habló en voz baja.—Cambio. Ryan, ¿estás listo para la siguiente fase? En aproxima
—Hola, mamá. Perdón por no haberte llamado estos últimos días. ¿Cómo has estado?Lena hablaba por teléfono con la señora Amelia mientras terminaba el último trozo de panqueque, después de asegurarse de que los cuatrillizos hubieran comido hasta quedar satisfechos.—Estoy bien, querida. No deberías preocuparte por mí. Soy yo quien debería preguntarte cómo estás. ¿Cómo están tú y los cuatrillizos?—Todos estamos bien, mamá. Estoy haciendo todo lo posible por sacarlos adelante. Nunca imaginé que cuidar de cuatro niños sería tan difícil, pero vale la pena. Mis pequeños son los niños más comprensivos del mundo. Verlos felices y conformes con lo poco que puedo darles es todo lo que siempre he deseado.La señora Amelia soltó una cálida carcajada.—Qué afortunada eres, hija. Esos cuatro traviesos son mucho más maduros de lo que corresponde a su edad. Cuesta creer que solo tengan seis años.Lena rió junto con ella.—Dime una cosa, querida. ¿De verdad estás segura de que quieres regresar? Si lo
DOS MESES DESPUÉS...Lena contemplaba fijamente el resultado que sostenía entre las manos, incapaz de creer lo que veía.Estaba embarazada de dos meses.Su mente regresó de inmediato a la noche que pasó con aquel desconocido. Recordaba perfectamente todo lo que había sucedido aquella noche, excepto el rostro del hombre al que le había entregado su virginidad.¿Por qué su vida tenía que ser tan miserable?Aún seguía intentando aceptar que la habían echado de la casa de su padre y que ahora vivía con su cuidadora, la señora Amelia. De no ser por ella, probablemente ya estaría viviendo en la calle.Con manos temblorosas, Lena le mostró el resultado de la prueba de embarazo.Al principio, la señora Amelia se quedó completamente sorprendida.Pero al ver la angustia reflejada en el rostro de Lena, comprendió que, más que un juicio, lo único que necesitaba en ese momento era apoyo.La señora Amelia conocía muy bien todo lo que Lena había sufrido a manos de su madrastra y de su hermanastra.Y
Elena se quedó completamente inmóvil, incapaz de apartar la mirada de la escena más devastadora de su vida. Su prometido estaba arrodillado frente a su hermanastra, deslizándole un enorme anillo de diamantes en el dedo.—Jason... ¿qué... qué estás haciendo? —preguntó con la voz temblorosa.Los dos la miraron con absoluto desprecio. Jason rodeó la cintura de Charlotte con un brazo y la atrajo hacia él antes de depositar un suave beso sobre sus labios.Entonces llegó el golpe más cruel.Charlotte, la hermanastra que había hecho de su vida un infierno, estaba embarazada de Jason, el hombre al que Elena amaba con todo su corazón y con quien soñaba pasar el resto de su vida.Y, para empeorar las cosas, ambos se casarían la semana siguiente.—¡¿Cómo pudieron hacerme esto?! —gritó Elena mientras se abalanzaba sobre Jason con la mano levantada.Antes de que pudiera alcanzarlo, una fuerte bofetada la golpeó en el rostro.El impacto la hizo perder el equilibrio, y un fuerte empujón de su malvad







