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Capítulo 2

Penulis: Zafira
—Señora.

Una mano sujetó la muñeca de mamá.

Era Mateo Salazar, mi amigo de la infancia, el chico que había crecido conmigo y me había prometido que estudiaríamos en la misma universidad.

De pie frente a la cámara frigorífica, frunció ligeramente el ceño.

—Luci siempre ha sido muy competitiva. En este momento no escuchará nada de lo que usted le diga.

Hizo una pausa antes de volverse hacia la puerta.

—Luci, sé que te parece injusto, pero Ana es inocente. No puedes ponerla en peligro por tu propio futuro. Por una vez, intenta ser un poco más considerada. ¿Sí?

Desde el interior no hubo respuesta. Yo ya no tenía fuerzas para hablar ni para mover el cuerpo.

Mi cuerpo estaba rígido, como si fuera a quebrarse con cualquier movimiento, y aún conservaba la postura en la que había quedado tras golpear la puerta.

La sangre que me había brotado de la frente me cubría los ojos. Aunque antes estaba tibia, ya se había congelado en un costado de mi rostro.

La puerta se abrió apenas una rendija.

Fijé la mirada en aquella franja de luz, pero enseguida desapareció cuando la puerta volvió a cerrarse.

Oí a Mateo suspirar al otro lado.

—No te preocupes, Luci. Cuando todo esto haya pasado y comprobemos que Ana está bien, hablaré con tus padres para que puedas prepararte durante otro año y volver a presentarte a las pruebas. Aún podremos estudiar en la misma universidad.

Sus pasos se alejaron.

Todos se habían ido.

La casa quedó sumida en un silencio absoluto.

Yo permanecí inmóvil, con la mano levantada frente a la puerta.

Ya no respiraba.

Mi alma abandonó el cuerpo y vi cómo todos rodeaban a Ana mientras se subía al auto. Mamá le arregló el cabello. Papá le abrochó el cinturón de seguridad. Mateo revisó que llevara la credencial de acceso a las pruebas.

Todos sonreían, aliviados.

Solo mi cuerpo permanecía encerrado, convertido en una estatua que jamás volvería a hablar.

Mi alma siguió a Ana hasta la sede de las pruebas.

Todos contestaban las preguntas a toda velocidad.

Solo Ana no paraba de moverse en su asiento y miraba el reloj una y otra vez.

Cuando terminó la primera jornada de las pruebas, regresó al hotel que habían reservado cerca de la sede para esos dos días y les rogó de inmediato a nuestros padres que volvieran a casa.

—Sigo muy preocupada por Luci. Anoche casi no comió y esta mañana tampoco desayunó. ¡Tenemos que regresar a verla!

Mamá frunció el ceño.

—¿Para qué quieres verla? Solo lleva un día sin comer. ¿Acaso eso es más importante que tus pruebas?

Ana se echó a llorar.

Se aferró a la manga de mamá, pero ella le dio una fuerte bofetada.

Con los ojos enrojecidos y la voz ahogada, mamá le dijo:

—Durante estos dos días, tu única obligación es concentrarte en las pruebas. De lo contrario, todo lo que Luci está sacrificando por ti habrá sido en vano.

Ana se mordió con fuerza los labios.

Entonces mamá añadió:

—Quédate tranquila. Volveré a casa por algunas cosas y aprovecharé para ver cómo está Luci.

Solo entonces Ana respiró aliviada.

Mamá regresó pronto a casa.

Recogió unas cosas de la mesa y se dirigió a la cámara frigorífica. Su voz se suavizó un poco.

—Luci, sé que estás enojada, pero hacemos esto porque queremos proteger a Ana. Resiste un poco más. Cuando terminen las pruebas, saldremos de viaje unos días en familia. Entonces te compraré esas figuras coleccionables que tanto deseas. ¿De acuerdo?

No recibió respuesta.

La mirada se le llenó de furia.

—Luci.

Bajó la voz.

—¿Cuándo dejarás de pensar únicamente en ti? ¿De verdad tenemos que quedarnos de brazos cruzados viendo morir a Ana solo para satisfacer tu vanidad? ¿Cómo puedes ser tan cruel?

Mientras hablaba, golpeó con fuerza la puerta.

De pronto se detuvo.

Frunció el ceño y acercó el oído a la puerta.

—¿Por qué no se oye nada?

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