Sacó la llave, pero, antes de introducirla en la cerradura, sonó su teléfono. Era papá.—¿Por qué tardas tanto? Ana está muy alterada y necesita que regreses.Mamá observó la puerta durante unos segundos. Convencida de que yo solo quería preocuparlos, guardó la llave.—Lo resolveremos cuando terminen las pruebas —dijo antes de darse la vuelta y marcharse.Dentro, mi cadáver permanecía apoyado contra la puerta, con una mano todavía levantada para golpearla.Mi alma flotaba en el aire mientras observaba su espalda con desesperación.Esa noche, cuando Ana supo que yo seguía encerrada, me envió un mensaje:"Luci, dejé chocolate en el bolsillo oculto de la barriga del oso de peluche. Por favor, come un poco y aguanta. En cuanto terminen las pruebas, volveré por ti. Sabes que tienes el estómago delicado, así que no pases tantas horas sin comer".Ana nunca olvidaba que yo tenía el estómago muy delicado. Durante todos esos años, cada vez que me encerraban en la cámara frigorífica, buscaba la f
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