Ya ni siquiera era uno de los mejores en su grupo…Adrián siempre había sido el mejor de su generación. Olivia dijo, furiosa:—Adrián, ¿se puede saber qué estás haciendo?Él apenas se incorporó; no le respondió a la profesora, y mucho menos escuchó los gritos de Olivia.—Adrián, ¿te pasó algo? Dime. Puedes contarme, ya sea por los estudios, por algo personal o… por algún problema sentimental, puedes hablar conmigo. —La profesora le hablaba con paciencia; quería ayudarlo con lo que fuera.Al final, Adrián solo contestó:—Gracias, profesora. Sé lo que hago.—A ver… —Sus palabras la sacaron de quicio, pero se contuvo y siguió hablándole con calma—: Adrián, sé que siempre fuiste un muchacho con criterio propio y mucha disciplina. Cualquiera puede tropezar en plena juventud, pero tienes que entender algo. Un tropiezo no se supera dejándose caer, sino levantándote más fuerte que antes y siendo más fuerte que tus rivales. Si te derrumbas por esto y empiezas a quedarte atrás, entonces la gente
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