Graciela también tenía los ojos enrojecidos, visiblemente conmovida, y le hizo una seña.—Vuelve a casa, ya es tarde. Cuídate en el camino.Vanessa aceptó sin protestar. De pronto se preguntó si, de seguir vivos sus papás, sería igual la escena cuando ella y Rafael fueran a comer a la casa familiar. Su mamá la llenaría de cariño y consejos, pendiente de cada detalle.Su papá y Rafael comerían, beberían y hablarían de trabajo, de proyectos, de planes… Pero en la vida no existen los “si hubiera”. Ella ya no tenía papá ni mamá.Todos tenían padres, menos ella. De regreso, Rafael iba recostado en el asiento, con la cara pálida y los párpados tan pesados que apenas podía mantener los ojos abiertos. Había bebido de más y, como hacía un momento le había dado el aire en la entrada, el alcohol se le subió y se mareó más.Pero aun así sostenía con firmeza la mano de Vanessa, sentada a su lado, y la miraba de reojo con intensidad.—Ya no llores. Sé buena chica.Su voz, afectada por el alcohol, so
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