PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONADesde aquel día, Petal regresaba al reino licántropo cada atardecer, y Dread la esperaba en el mismo lugar, con la mano extendida, como si temiera que ella pudiera desvanecerse en cualquier momento. Él sostenía su mano hasta que llegaba la hora de su partida; siempre la soltaba con reticencia, pero no sin antes hacerle prometer que regresaría al día siguiente, sin llegar tarde jamás.Pasaban cada instante juntos, y su vínculo se fortalecía con el paso de los días. Petal se acostumbró a su tacto, a la calidez de su presencia, a la forma en que parecían gravitar el uno hacia el otro, sin separarse nunca por mucho tiempo, ya fuera en los pasillos, en la biblioteca, en el comedor o en el dormitorio. Y cada noche, cuando ella se recostaba a su lado en la cama, la mano de él recorría suavemente su espalda, sin que su mirada se apartará jamás de ella, como si estuviera memorizando cada detalle de su ser. Justo como ahora.Las mejillas de Petal se ruborizan m
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