86Hunter llegó al hospital con la furia vibrándole por las venas. Estaba molesto por haber tenido que dejar a Claire a último momento. Ella parecía apaciguada y dispuesta a aceptar su petición. El “sí” que él deseaba estaba en la punta de su lengua.La llamada, sin embargo, la maldita llamada telefónica tenía que llegar en el momento equivocado.Recordó a Reggie, el jefe de sus siete guardaespaldas, que se había quedado con los otros tres llamándolo. Su voz sonaba agotada y superficial en la llamada.—Señor, Zara se despertó gritando en mitad de la noche anoche. No le informé antes porque usted me pidió que no lo molestara antes de que saliera del hospital.—Pero, señor, está teniendo ataques de pánico indefinidos y los médicos no logran calmarla. Se niega a tomar medicamentos, tanto tabletas como líquidos, y está pidiendo por usted. Está siendo violenta con las enfermeras.—Está afirmando haber visto a alguien en su habitación otra vez. Revisamos a fondo y no encontramos a nadie cer
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