Mi sensación al ver su Instagram es que ofrece guiños bien medidos a su vida sin ser un diario abierto. Con veintitantos y siendo de los que devoran fotos y stories, lo que veo es una mezcla clara: publicaciones relacionadas con su trabajo (rodajes, eventos, promos), algún que otro viaje y momentos con amigos, pero nada que parezca invadir un espacio íntimo. Sus captions suelen ser escuetos o con humor, y las fotos transmiten un control sobre lo que quiere mostrar; eso me dice que selecciona cuidadosamente lo privado que comparte.
En varias historias se perciben fragmentos más espontáneos —risas en un café, detrás de cámaras— pero suelen ser efímeros y no profundizan en relaciones personales o rutinas domésticas. Tampoco he visto datos sensibles como direcciones o horarios fijos; en general mantiene límites: comparte su vida social y profesional, pero guarda lo más íntimo. Personalmente, valoro cuando una figura pública muestra partes de su cotidianidad sin convertir cada detalle en espectáculo, así que me quedo con la impresión de que su Instagram humaniza sin traspasar fronteras, y eso me resulta respetuoso y cercano a la vez.
Recuerdo cuando algunos clips de chavales presumidos empezaron a circular por todas partes y nadie tenía una etiqueta fija para eso; así nació, para mí, la idea del meme del «niño rico». Al principio era más bien un conjunto disperso: imágenes de casas lujosas, vídeos cortos donde muchachos mostraban coches, bolsos o manías de lujo, y montajes que exageraban esa actitud para burlarse. Eso pasó durante la era de Vine y luego se trasladó a Twitter e Instagram, donde los formatos de reacción y los memes de plantilla lo consolidaron.
Con el tiempo TikTok le dio nuevo aire: audios repetidos, duetos y samplings con humor negro permitieron que la figura del «niño rico» se convirtiera en un estereotipo reconocible. No fue un solo origen, sino una conversación viral entre plataformas: clips reales, fotos de influencers, memes de «starter pack» y capturas de stories se mezclaron hasta crear el arquetipo. Personalmente me encanta cómo internet recicla estas imágenes para criticar privilegios, y seguir su evolución me parece fascinante y a veces divertido.