Me encanta perderme en campañas que se alargan durante meses; por eso en España se siente que el role play vive en dos mundos que se mezclan: el de las mesas con dados y el de los videojuegos que fomentan historias personales.
En las tiendas y en las quedadas es imposible no oír hablar de «Dragones y Mazmorras» en su edición 5ª, que se ha consolidado como punto de entrada para muchos. Junto a eso, los clásicos de mesa como «Vampiro: La Mascarada» y «La llamada de Cthulhu» siguen atrayendo a quienes buscan atmósferas más oscuras y narrativas potentes. También hay propuestas autóctonas, como «Aquelarre», que brindan flavour ibérico y medieval que engancha a los que preferimos tramas históricas.
En el terreno digital la ola reciente de «Baldur's Gate 3» ha hecho crecer la afición por el rol tradicional, y títulos como «The Witcher 3», «Skyrim» o «Divinity: Original Sin 2» son recurrentes en conversaciones. Para encontrar partidas apuesto por Discord, foros locales, jornadas y plataformas como Foundry o Roll20; muchas colecciones de amigos nacen allí. Me quedo con la sensación de que el rol en España es una comunidad viva, con espacio para lo épico, lo íntimo y lo experimental.
Me encanta perderme en mundos ajenos y crear personajes que se sienten reales; por eso empecé por observar mucho antes de escribir una sola línea.
Lo primero que hice fue entrar a varios servidores de Discord y foros hispanohablantes para leer las normas y cómo se estructuran las partidas: secciones IC/OOC, plantillas de ficha y el ritmo de los posts. Aprendí a identificar qué tipo de roleo encajaba conmigo —post por post, por escenas rápidas o por chat en tiempo real— y empecé con algo corto y sin demasiada presión. Creé una ficha sencilla, con motivaciones claras y un par de secretos que pudiera usar como gancho para otros jugadores.
Cuando ya me sentía menos tímido lancé mi primer post: una escena breve, un par de frases con sensación y una acción sencilla. Respondí rápido a las interacciones y, sobre todo, respeté los límites y notas OOC de los demás. Esa combinación de preparación y humildad me permitió disfrutar desde el principio; todavía ahora me ayuda a conectar con grupos nuevos.
Me flipa montar partidas de role play con colegas y te cuento cómo lo hago para que todo fluya sin dramas.
Normalmente empiezo con un 'session zero' informal: hablamos del tono (¿comedia, thriller, slice of life?), acordamos límites y definimos cómo vamos a resolver conflictos narrativos. Me gusta que cada persona traiga una ficha simple y una pequeña motivación para su personaje; así evitamos personajes genéricos y ganamos conflictos interesantes desde el minuto uno.
En las sesiones presenciales procuro ambientar el espacio con música, una libreta para notas y snacks típicos que ayudan a romper el hielo. Si jugamos online, uso un canal de voz y compartimos imágenes o mapas en el chat. También alternamos el rol de dirección para que nadie se sature: un día yo llevo la trama principal, otro día alguien más dirige una mini-aventura. Al final siempre dedico cinco minutos para feedback: qué moló, qué chirrió y qué podríamos ajustar. Siento que con estas bases el role play en España se vuelve más cercano y divertido, y además la gente se atreve a improvisar y a jugar con ideas locas.
Siempre me ha flipado cómo un simple mensaje en el tablón de una tienda puede abrirte a medio barrio de roleros; recuerdo la emoción de encontrar partidas en Madrid pegando carteles en tiendas de cómics y juegos. Busca las tiendas locales de juegos de mesa y cómics: muchas tienen grupos fijos, noches de rol o un tablón físico donde la gente deja notas buscando jugadores. Suelen colgar flyers de partidas de «Dungeons & Dragons», «La llamada de Cthulhu» o one-shots temáticos, y el personal suele conocer a los masters de la zona.
Otra vía que nunca falla es pasarte por salones y convenciones (salón del cómic, salón del manga, jornadas de rol locales). Allí conoces tanto partidas presenciales como grupos que se reúnen semanalmente. También pregunto directamente en las tiendas por asociaciones o clubes universitarios que organizan sesiones; la comunidad suele ser abierta y agradecida si te presentas con ganas. Al final, lo que más me gusta es el olor a fichas y papel en las tiendas: es un imán para quien quiera jugar, y casi siempre me llevo una nueva partida entre amigos.