La Jonquera es un paraíso para los amantes de la gastronomía catalana, y uno de mis lugares favoritos es «Can Cargol». Este restaurante familiar tiene décadas de historia y su especialidad son los caracoles preparados de formas tradicionales que te transportan a la cocina de la abuela. Su arroz de conejo y setas también es legendario.
Lo que más me enamora es el ambiente rustico, con paredes de piedra y manteles de cuadros. No te pierdas su crema catalana, hecha con vaina de vainilla auténtica y quemada justo frente a ti. Es como si cada plato contara una historia de la región.
Me fascina explorar sitios con esencia local, y en La Jonquera, «Els Tinars» es una joya escondida. Su carta cambia según la temporada, pero siempre incluye productos km0. Prueba su «fricandó» (un estofado de ternura increíble) o el «trinxat de la Cerdanya», un plato de patata y col que te llena el alma.
El trato es cercano, casi como comer en casa de un amigo. Pide su vino de la zona, un Empordà que marida perfecto con todo. Siemre salgo con ganas de volver.
Si buscas autenticidad, «Cal Xel» es imprescindible. Sus «butifarras» caseras y el pan con tomate son obras maestras simples. El secreto está en la calidad de sus ingredientes y en horno de leña que usan desde los años 60. Cada bocado sabe a tradición pura.
2025-12-30 18:29:38
4
View All Answers
Scan code to download App
Related Books
La Deliciosa Amiga De Mi Hija
Mangonel
0
5.9K
—Papacito, ¿no tienes algo largo y duro por ahí? ¿Me lo prestas un ratito...?
En pleno paseo de primavera con mi hija, su mejor amiga se me acercó de pronto, con las mejillas encendidas, a pedirme esa clase de cosa.
Estaba sentada en el pasto frente a mí, y abrió las piernas de par en par.
—Hay bichos en el pasto y se me metieron por la falda, qué picazón... Papacito, ¿no tienes un palito por ahí? Ráscame poquito, por favor.
Al ver ese cuerpo voluminoso y tentador, esos muslos blancos como nieve, se me encendió la sangre. Aproveché que mi hija no estaba viendo y me bajé los pantalones.
—¿De qué te va a servir un palito? Aquí te va algo mejor.
Al enterarse de que Bruno Muñoz, su primer amor, había muerto, mi esposa de mi vida anterior, con quien estaba de luna de miel a bordo de un crucero, se lanzó por la borda y se quitó la vida.
Fue entonces cuando entendí que ella nunca había logrado olvidar a Bruno.
Cuando volví a nuestros años de juventud, ella me soltó la mano sin dudarlo y caminó directo hacia Bruno.
Los vi alejarse y luego me di la vuelta.
Desde ese momento, nuestras vidas serían como dos líneas paralelas que jamás volverían a cruzarse.
Diez años después, nos reencontramos en una recepción en San Camilo.
Ella ya se había convertido en una figura emergente de la alta sociedad y apareció del brazo de Bruno, mostrándose muy cariñosa con él.
Al verme entrar a la recepción buscando a alguien, no pudo evitar soltarme:
—¿Por qué sigues tan aferrado a mí? Aunque lleves diez años esperándome, jamás voy a enamorarme de ti.
No le hice caso.
Solo fui a un rincón y saqué de ahí a mi hijo, que estaba comiéndose a escondidas un pedazo de pastel.
De pronto, a Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas y me tomó la mano con fuerza.
—Lo haces para provocarme, ¿verdad? ¿No dijiste que en esta vida solo me amarías a mí?
—¿Te gusta cómo se siente montar?
Estábamos sobre el lomo del caballo que no dejaba de saltar; yo iba agarrando a la esposa de mi amigo de su cinturita mientras la falda se le subía con cada rebote.
Él estaba ahí cerca, metido en la casa y concentrado con las cartas, sin saber que yo estaba con su mujer enfrente de él...
Riven, mi compañero destinado, era el Alfa de una manada patética al borde del colapso.
Durante cinco años fui su sombra, su estratega. Levanté su manada de la nada hasta que la Alianza nos reconoció, y estábamos listos para trasladarnos a las tierras fértiles.
Riven prometió que celebraríamos nuestra ceremonia de unión en cuanto nos instaláramos en el nuevo territorio.
Sin embargo, durante el banquete de celebración, la noche anterior a la mudanza, me arrojó a una celda.
Anunció públicamente que Jenna, la loba que llevaba a su cachorro en el vientre, sería la Luna de la manada.
No podía dar crédito. Le grité, pero él me hizo una mueca de desprecio y señaló un cristal que vibraba con magia oscura.
—¡Jenna ya tiene pruebas de tu traición! Te acostaste con otros Alfas para conseguir su apoyo. ¡Me das asco!
Le supliqué. Pero él me cortó la mejilla con el borde de plata de la carta de disolución de vínculo, apartándome formalmente de su lado.
Pero él no sabía quién era yo en realidad.
Soy la hija del Rey Alfa.
Las estrategias, el poder, las alianzas... nada de eso era suyo. Todo era mío.
Así que lo recuperé todo.
Era la prometida de Ian Chávez, conocido como el "Príncipe Cisne", ofreció su posición de Primer Bailarín para casarse conmigo.
Él, tan arrogante y solitario, sin embargo, ofreció la más absoluta sumisión en el escenario a mi coreografía de "La Corona Eterna".
Tres años de estudio en París después, a mi regreso, descubrí que esa bailarina suplente, cuya espalda se parecía a la mía, ya se había adueñado de nuestro salón de ensayos privado.
En la fiesta de bienvenida, Ian abandonó a los patrocinadores para correr detrás de la suplente, que lloraba.
Tras el terciopelo del telón, escuché las palabras tiernas que nunca me había dirigido a mí:
—Yamina, al principio te elegí porque eras su sombra, solo buscaba un sustituto.
—Pero eres tan diferente, tu coreografía me embriaga, incluso más que la suya.
—Solo asegurémonos de que ella no lo sepa antes de la función de despedida de “La Corona Eterna”.
Desde el salón de ensayos llegaron gemidos sofocados y esa frase:
—Te daré incluso mi posición de Primer Bailarín.
Y justo allí, donde él una vez tomó mis manos y juró que Yo, Estrella López, sería su única alma gemela para toda la vida.
Di la vuelta y me fui.
De vuelta en el camerino y llamé al Sr. Díaz, su mayor rival.
—Director Díaz, acepto el contrato para cambiar de compañía. Y por favor, prepáreme un regalo. Que la función de despedida de Ian se convierta en el mayor escándalo que el mundo del arte haya visto.
—¡Ay, qué duro!... como que ya te urgía, ¿no?
Esa noche de San Valentín, mi amigo, su esposa y yo regresábamos al pueblo en auto.
Lo que no esperaba era que su esposa, medio dormida, me confundiera.
Su mano suave me acariciaba los muslos duros como piedra, una y otra vez.
Y de vez en cuando frotaba sus meloncitos blancos contra mí:
—Amor... juega con tu zorrita.
¿Cómo iba a aguantarme al escuchar eso?...
Me encanta explorar rincones con auténtico sabor en Tetuán. Uno de mis lugares favoritos es «Casa Juan», un pequeño restaurante familiar donde sirven un cuscús que te transporta directo a Marruecos. La atmósfera es acogedora, con manteles coloridos y olores que invaden el comedor desde la cocina. Su tajín de cordero es legendario, cocinado lentamente con ciruelas y almendras.
Otro imprescindible es «El Rinconcillo de Tetuán», escondido tras una fachada discreta. Aquí el pescado frito con harissa y los buñuelos de berenjena son obras maestras. No tienen carta extensa, pero cada plato está hecho con ingredientes traídos directamente del mercado de Tetuán. Ideal para quien busca autenticidad sin pretensiones.
La Jonquera es un pueblo fascinante en el nordeste de Cataluña, justo en la frontera con Francia. Es conocida principalmente por su ambiente comercial, con un montón de outlets y tiendas donde puedes encontrar desde ropa hasta electrónica a precios interesantes. Pero más allá de las compras, tiene un encanto histórico; fue un punto clave durante la Guerra Civil española y aún conserva bunkers y memoriales.
Lo que más me gusta es su mezcla de culturas, con influencias francesas y catalanas. Hay restaurantes donde pruevas platos típicos de ambos lados de la frontera, como el «crema catalana» junto a un buen vino francés. Si pasas por ahí, no te pierdas el Museo Memorial del Exilio, que cuenta historias poderosas sobre quienes huían de la guerra.
La Jonquera en verano es un lugar con mucho más que compras y frontera. Me encanta explorar sus alrededores naturales, como el Parque Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, perfecto para rutas en bici o avistamiento de aves. También hay pequeñas calas cerca de la costa brava, ideales para escapar del bullicio.
Por las noches, el ambiente en algunos bares locales es genial para probar tapas auténticas. Recomiendo especialmente la butifarra y el pan con tomate. Si te gusta la historia, el Castillo de Requesens ofrece vistas increíbles y una excursión fascinante.