No puedo olvidar la energía de aquellos talleres en Los Ángeles: recuerdo que
miranda garrison impartió sus clases públicas en la escena de Hollywood, ofreciendo sesiones abiertas en varios estudios conocidos de la ciudad y en eventos especiales. Era habitual verla dar clases en estudios que recibían tanto a bailarines locales como a visitantes: espacios donde se mezclaba gente de distintos niveles, desde aficionados hasta profesionales que querían pulir su técnica. Esa mezcla, para mí, era lo mejor; había un ambiente cercano pero muy exigente, típico de la comunidad de
baile de Los Ángeles.
Además de los estudios fijos, sé que también participó en workshops y clases magistrales fuera del aula regular —en convenciones, festivales y eventos de danza—, lo que le permitió impartir clases públicas en distintos puntos, incluso fuera de California en ocasiones. Esa movilidad es común en coreógrafos con su trayectoria: alternan entre un estudio en Hollywood y apariciones en festivales o escuelas de danza en otras ciudades, lo que amplía mucho su alcance.
Personalmente, me atraía cómo combinaba técnica y estilo en esas clases públicas: no se limitaba a
enseñar pasos, sino a transmitir una sensibilidad escénica que se notaba en cada ejercicio. Así que, en resumen, sus clases públicas las impartió principalmente en Los Ángeles, en estudios de Hollywood y en workshops itinerantes que recorrían otras plazas de baile, dejando una huella bastante palpable en la comunidad local.