Me encanta ver cómo muchos artistas encuentran su centro lejos del
ruido de las grandes ciudades, y Taylor Hanson no es la excepción. En lo personal, he seguido la trayectoria de Hanson desde los 90 y, según la información pública y sus propias apariciones en entrevistas y redes, Taylor tiene su residencia principal en Tulsa, Oklahoma. Allí ha vuelto a echar raíces junto con sus
hermanos, manteniendo una vida más tranquila que la que llevaría en Los Ángeles o Nueva York. Tulsa ha sido el hogar de la banda desde sus orígenes y, con el tiempo, se convirtió en el lugar donde consolidaron proyectos fuera de las giras, así que tiene sentido que Taylor prefiera ese entorno para criar a su familia y trabajar en estudios locales.
Además de
vivir en Tulsa, Taylor suele viajar con frecuencia por trabajo: sesiones en estudio, presentaciones, producción y actividades con la banda le llevan a pasar temporadas fuera. No es inusual que artistas con familias mantengan una base estable mientras se mueven temporalmente entre ciudades por compromisos profesionales. En el caso de Taylor, su presencia en Oklahoma también ha sido visible en eventos comunitarios y en iniciativas locales, lo que refuerza la idea de que su residencia no es solo un lugar donde duerme, sino un punto de conexión con su historia y su
gente.
Al final, me gusta pensar en esa mezcla: alguien que encontró
éxito global y que aún así valora un hogar más tranquilo en Tulsa. Es una imagen que me resulta entrañable y coherente con la música honesta que siempre ha hecho.