Siempre que voy a un concierto de Hombres G me fijo en la cadena de señal de la guitarra, y Pablo suele vestirla con pedales discretos pero eficaces.
Si lo pienso desde la mirada de quien toca por hobby, lo que más me interesa es cómo los efectos están al servicio del tema. En canciones rítmicas y pop, el chorus y un toque de reverb hacen que los acordes brillen; en los solos aparece un overdrive o un boost para empujar el ampli. En algún directo también he notado delays cortos en frases puntuales, nada excesivo, más para darle espacio a la melodía que para crear capas sonoras intrincadas. Además, la estética de su sonido sugiere que prioriza la simplicidad: pedalera ordenada, cambios poco dramáticos y una conexión directa con el amplificador.
Esa aproximación me parece honesta y funciona en estadios o salas: los efectos están ahí para ayudar, no para disfrazar la guitarra. Me deja la sensación de que conoce muy bien lo que necesita cada canción y actúa con criterio, lo que se nota en la solidez del directo.
Me encanta notar cómo pequeños pedales cambian el carácter de una banda, y con Pablo Benegas pasa justo eso: usa efectos, pero con mesura. En mis escuchas en vivo suele primar un sonido claro y nítido, con un par de herramientas en la pedalera —afinador, overdrive suave, chorus y alguna vez delay— que ajustan el timbre sin robar protagonismo a la melodía. No busco procesos complejos cuando escucho a Hombres G; prefiero esa economía de recursos que hace que los clásicos suenen tal como deben pero con un empuje contemporáneo. Al final, su forma de usar pedales me transmite madurez sonora y buen gusto, y siempre salgo del concierto con la sensación de haber escuchado las canciones bien tratadas.
No es raro ver a Pablo Benegas con una pedalera en el escenario, aunque su enfoque nunca ha sido el de llenar el sonido con efectos llamativos.
He seguido a Hombres G desde hace años y lo que más me llama la atención es cómo Pablo usa los pedales para colorear y sostener el tono más que para llamar la atención. En muchos conciertos mantiene una base bastante limpia y brillante, y recurre a overdrive suave para empujar la señal en los solos, a chorus ligero para dar cuerpo a algunos acordes y a delay/reverb discretos para añadir atmósfera en pasajes más largos. También es habitual ver una caja de afinación y algún pedal de volumen o boost para los momentos en que necesita sacar la guitarra del conjunto.
En resumen, su uso es práctico y musical: no se trata de un festival de modulaciones, sino de recursos que mantienen las canciones reconocibles y potentes en vivo. Esa moderación me afecta como oyente: valoras la canción primero y el efecto como acompañante, y por eso sus directos suenan tan redondos y disfrutables para la mayoría del público.
2026-03-09 05:51:00
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Fui al concierto y puedo decir con alegría que Pablo Benegas sí tocó la guitarra durante buena parte del show. Estuve en la grada relativamente cerca y su presencia fue notoria: arrancó con los acordes rítmicos característicos que uno espera en canciones como «La Muralla Verde» y mantuvo el pulso en los temas más coreados. No se escondió, pero tampoco estuvo buscando lucirse en cada solo; su enfoque fue más de sostén y de conectar con la banda y el público.
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En definitiva, vi a Pablo tocar y como fan me pareció que eligió bien su rol: ni siempre al frente ni escondido, sino como el pegamento que mantiene las canciones sólidas. Salí del concierto con la sensación de que su aporte fue clave para que el set funcionara armoniosamente.
No puedo negar que he visto al menos una docena de entrevistas donde Pablo Benegas habla de su trayectoria musical.
Como guitarrista y compositor dentro de «La Oreja de Van Gogh», Benegas ha aparecido en prensa, radio y televisión hablando tanto del proceso creativo como de las giras y los cambios en la formación del grupo. En entrevistas promocionales relacionadas con discos como «El viaje de Copperpot», «Lo que te conté mientras te hacías la dormida» o «Cometas por el cielo», suele comentar anécdotas sobre la composición, la elección de arreglos y cómo se construyen las canciones en equipo. Muchas de esas charlas se encuentran en medios españoles tradicionales, podcasts y también en entrevistas en YouTube, donde explica detalles técnicos y personales.
Me gusta que, aunque muchas veces las entrevistas las haga el grupo entero, Pablo suele tener momentos propios para hablar de sus influencias, de la guitarra como lenguaje y de cómo el paso del tiempo ha moldeado la identidad sonora de la banda. Al final de varias entrevistas deja una sensación cercana: tiene claridad para explicar procesos y cierta nostalgia al recordar comienzos y cambios. Esa mezcla de profesionalidad y naturalidad me hace seguir buscando sus declaraciones cada vez que sale un nuevo proyecto.
Me encanta fijarme en los detalles de los directos, y con Ed O'Brien pasa que sí, lleva guitarras y pedales bastante concretos, aunque siempre con margen para la experimentación.
En directo suele alternar guitarras Fender —Stratocasters y Telecasters— y algunas hollowbody como las Gibson de tipo ES para tonos más cálidos. También he visto acústicas cuando el set lo pide; no es alguien que dependa de una única guitarra todo el concierto. Lo importante es que busca guitarras que respondan bien a efectos y sustain, porque gran parte de su voz guitarrera es ambiental.
En cuanto a pedales, su arsenal está orientado a texturas: delays, reverbs generosas, modulaciones y looping. Pedales que aparecen con frecuencia en fotos y rig rundowns son el Line 6 DL4 (por su función de looper/sampler), pitch shifters tipo Digitech Whammy, delays analógicos y digitales como Electro-Harmonix Memory Man o unidades modernas tipo Strymon Timeline/BigSky, y cajas de reverb tipo Eventide o Strymon. También usa controladores y racks para orquestar los cambios en vivo. Al final, lo que más destaca es cómo mezcla gadgets concretos para conseguir ese mar de sonido tan suyo.