Hace años que la frase ‘‘Larry Appleton’’ me trae imágenes de oficinas mal ventiladas y de un hombre intentando poner orden en el caos ajeno. En «Perfect Strangers» Mark Linn-Baker encarnó a Larry con una mezcla de neurosis amable y ganas genuinas de hacer lo correcto; es el contrapunto perfecto a la espontaneidad de Balki. Lo que más valoro es cómo Mark equilibró el slapstick con momentos más sinceros: Larry no es solo la víctima cómica, también es el corazón práctico de la pareja.
Recuerdo que las escenas donde Larry intenta explicar algo técnico o social terminaban en un desastre encantador; Mark tiene una forma de subir la apuesta sin perder el control, lo que hace que la risa venga acompañada de empatía. Además, su lenguaje corporal y su timing cómico son ejemplo de cómo un actor puede sostener una sitcom durante temporadas sin que el personaje se vuelva plano.
Al final, Larry Appleton se queda como ese amigo que, aunque te regañe por llegar tarde, también te defiende cuando hace falta. Mark Linn-Baker aportó a ese rol una mezcla de vulnerabilidad y rectitud que todavía me conmueve cuando revisito «Perfect Strangers».
Me encanta pensar en la claridad con la que Mark Linn-Baker definió a Larry Appleton en «Perfect Strangers»: es el tipo ordenado que choca con lo impredecible y, en ese choque, nacen las mejores escenas. Larry es el preservador de normas y expectativas, alguien que intenta encajar la locura de su primo en su propio esquema de vida; Mark lo interpretó con un perfecto equilibrio entre frustración y cariño.
En apenas unos gestos y cambios de tono, consiguió que Larry fuera creíble y simpático, no solo un punto de contraste cómico. Esa capacidad de mostrar inseguridad sin perder autoridad en la escena es lo que hace que su interpretación aguante el paso del tiempo. Cuando veo episodios ahora, me doy cuenta de que Larry aporta la estructura a la comedia, y Mark Linn-Baker lo supo jugar a favor del humor y del corazón de la serie.
Menuda mezcla de nostalgia y risa me provoca recordar a Mark Linn-Baker en «Perfect Strangers». Yo siempre lo identifico con Larry Appleton, el tipo nervioso, ordenado y algo inseguro que termina siendo el blanco perfecto para las ocurrencias de su primo. Mark le dio a Larry una mezcla perfecta de desesperación amable y comicidad física: gestos contenidos, miradas que dicen mucho y ese paso de ingenuo a exasperado que hace que cada escena funcione.
Ver a Larry es ver a alguien que intenta controlar el mundo y fracasa con gracia; esa tensión entre su necesidad de rutina y las interrupciones constantes de Balki (interpretado por Bronson Pinchot) es el motor de la comedia. Mark Linn-Baker construyó al Larry que conocemos: no un villano ni un tonto, sino una persona con inseguridades cotidianas que aprende, a su ritmo, a abrirse. Eso hace que sus momentos de corazón funcionen tanto como los chistes.
A día de hoy sigo sorprendiéndome de lo bien que envejecen sus interpretaciones en «Perfect Strangers». Larry es una figura con la que te puedes identificar, y Mark le imprimió humanidad bajo la carcasa del humor clásico de los años ochenta. Me quedo con la sensación de que, sin su controlado desbordamiento, la serie no habría tenido la misma chispa.
2026-06-25 12:27:59
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Kaugnay na Mga Aklat
La hermosa esposa del señor Rowland
Ogwu kosiso
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«Pero yo, Denovon Rowland, necesito una esposa».
A Emily se le aceleró el corazón.
«No quiero tener otra cita a ciegas», dijo él con voz firme y segura. «Así que, si estás dispuesta…»
Se inclinó ligeramente hacia ella, bajando el tono de voz lo justo para que ella sintiera como si el mundo se hubiera detenido.
«Casémonos».
Emily jadeó en silencio, atónita.
«Te prometo que no estarás en desventaja», añadió con delicadeza.
Aquello la golpeó más fuerte que cualquier insulto o traición a los que se hubiera enfrentado. Esto… esto no era algo que ella hubiera esperado. No hoy. No viniendo de él.
Sus labios se entreabrieron, pero no salió ningún sonido. Estaba paralizada.
Denovon se dio cuenta.
Le dedicó una pequeña sonrisa... confiada, tranquila y segura.
«Dormí y piénsalo», dijo. «Esperaré tu respuesta».
Y, sin más, se dio la vuelta
Traicionada por su familia, por su prometido, y sin nada. Emily Carter lo había perdido todo.
Hasta que Denovon Rowland, el frío multimillonario director ejecutivo, le ofreció un trato: su nombre a cambio de su silencio. Ahora, como su esposa, no solo está sobreviviendo, sino que está recuperando todo lo que le robaron. Y esta vez, es intocable.
Tyler ha pasado por más cosas que la mayoría, y la vida nunca le ha dado un verdadero respiro. Todo lo que quiere es terminar su trabajo y resolver su vida, pero un viaje salvaje a Las Vegas lo cambia todo. Despierta casado con Quin McKenzie, el mismo hombre que le hizo la vida miserable años atrás y que probablemente ni siquiera lo recuerda.
Quin es rico, controlador y está desesperado por conservar su herencia, así que le ofrece un trato a Tyler: seguir casados hasta que cumpla treinta años y recibir dinero a cambio. Tyler no confía en él, pero necesita el dinero que Quin le ofrece, así que acepta.
Lo que comienza como un matrimonio falso pronto se convierte en algo complicado y real. Los sentimientos empiezan a involucrarse y las barreras comienzan a derrumbarse. De repente, Tyler está arriesgando su corazón por un hombre que juró odiar.
Ahora, con secretos saliendo a la luz y el tiempo agotándose, ambos tienen que decidir: ¿esto fue solo un error… o algo por lo que vale la pena luchar?
Durante tres años, utilicé las conexiones de mi familia para generarle a la empresa cientos de millones en ingresos.
Y, aun así, en la reunión trimestral, una becaria recién llegada se plantó frente a todos… y se atrevió a señalarme.
Proyectó mis registros de asistencia y de gastos, uno por uno, como si fueran pruebas irrefutables.
Dijo que tenía “ausencias injustificadas”.
Dijo que estaba “malgastando el dinero de la empresa”.
—Estos clubes exclusivos, estos restaurantes… —enumeró—. Cada vez son miles de dólares. Son gastos completamente innecesarios.
Luego, miró directamente al director general.
—Le sugiero que la despida cuanto antes. Así podrá proteger el flujo de caja de la empresa.
Entonces miré a Claude.
Claude Laurent. El director general de la compañía.
Y también… mi antiguo compañero de clase.
Él sabía perfectamente cuánto dinero había generado cada una de esas reuniones.
Sabía que, cuando yo no estaba en la oficina, estaba sentada en algún bar negociando con inversionistas… a veces bebiendo más de la cuenta solo para cerrar un trato.
Lo sabía todo.
Aun así, me sostuvo la mirada con frialdad.
—Caroline, ¿qué tienes que decir sobre las ausencias y los gastos que Lia acaba de presentar?
Sonreí.
—Nada —respondí.
Porque no hacía falta explicar nada.
Muy pronto… todos entenderían el precio de ese pequeño espectáculo.
El puesto como secretaria privada de Don Aido Derocchi era una posición legítima con una remuneración excepcional. Por eso, mi renuncia tomó por sorpresa a todo el mundo.
Le dije a todos que me llevaría a mi hijo, Leo Derocchi, a Melbir para recoger los efectos personales de mi difunto esposo. Lo que nadie sospechaba era que mi supuesto marido era el mismísimo Aido. Leo era el resultado de una sola noche de aventura.
Por esa razón, Leo y yo no podíamos permitir que nuestras verdaderas identidades salieran a la luz. Ya que la familia Derocchi no me requería como su Donna, yo tampoco necesitaba a un hombre incapaz de cumplir con su deber como esposo.
Y, desde luego, Leo no necesitaba a un padre que ni siquiera le permitía dirigirse a él como "papá".
Me metí en una novela.
Y no como la protagonista ni como la villana, sino como una extra bonita, sin nombre, de esas que solo aparecen de fondo para rellenar escenas.
El problema es mi hermano mayor: de todos los personajes, es el único que se comporta como una persona normal, y justo por eso, en la novela lo pintan como el “amor imposible” de la protagonista: un dios frío, reservado, casi intocable, al que ella jamás logra conquistar.
Cuando ella se le declara entre lágrimas, él responde que está estudiando.
Cuando le promete entregarle todo, él dice que anda montando un negocio.
Cuando ella se deja caer y se pierde entre galanes, él ya está en la cima, con un éxito brutal y diez mil millones de dólares al año.
Yo, de verdad, pensé que iba a vivir en paz, sin deseos, sin tentaciones, así para siempre.
Hasta que una noche, ya de madrugada, lo encontré con una prenda que yo reconocería en cualquier parte entre sus manos… y, en voz baja, casi obsesivo, repitiendo un nombre una y otra vez.
Un nombre demasiado familiar, demasiado cercano.
Soy Vicky Eaton, una Kindred sin vínculo. Es decir, no tengo una pareja o vínculo de sangre, el único humano del que se puede beber según la ley Kindred.He hecho todo lo posible por cumplir la norma, hasta que me di cuenta de que mi nuevo jefe huele demasiado bien como para resistirme y cumple todos los requisitos para ser mi pareja.Sin embargo, hace tiempo que hice el voto de quedarme sin pareja para toda la eternidad.**Mientras hablaba, me lamió la oreja. Mi corazón volvió a acelerarse. El aroma de su perfume de sangre, mezclado con la fragancia natural de su cuerpo, estimuló cada uno de mis nervios. Me besó el cuello. Gemí contra sus caricias mientras me quitaba la ropa por tercera vez en menos de doce horas.—Hagas lo que hagas... —le dije sin aliento—: No pares. Mis palabras le golpearon con fuerza y sus movimientos se intensificaron. De repente, se separó y giró el cuello hacia mí, revelando su gloriosa piel.Me quedé helada.¿Debía mantenerme fiel a mi pasado o dar un salto de fe y caer en el mundo del Vínculo de Sangre?
Me parece fascinante ver cómo algunas carreras se reinventan con el tiempo, y en el caso de Mark Linn-Baker eso se nota claramente: en los últimos años no ha protagonizado una serie regular en televisión como lo hizo en su etapa más conocida, pero sí ha mantenido presencia a través de apariciones puntuales y proyectos vinculados al teatro y a la pantalla pequeña.
Desde mi punto de vista de aficionado que sigue tanto la TV como las producciones teatrales grabadas, su trabajo reciente ha tendido a sustituir papeles principales por participaciones como invitado, apariciones en telefilmes y grabaciones de obras teatrales. Eso le permite alternar entre la actuación en vivo y proyectos que se adaptan mejor a un ritmo menos intenso que el de una serie diaria. También ha estado involucrado en actividades relacionadas con la dramaturgia y la enseñanza, lo que explica por qué su rostro aparece ocasionalmente en series y especiales pero sin encabezar un reparto televisivo prolongado.
Personalmente creo que ese trayecto le ha sentado bien: mantiene su visibilidad sin perder la libertad creativa que brinda el teatro, y para quienes lo seguimos es gratificante verlo aparecer en distintas propuestas aunque ya no figure como protagonista fijo. Me deja con la sensación de que su carrera sigue siendo activa y diversa, aunque con un perfil distinto al de sus años más mediáticos.