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La Dulzura de la Traición

La Dulzura de la Traición

La chica que Iván Herrera mantenía volvió a buscarme para hacer una escena. —De verdad amo demasiado a Iván… ¿no podrías dejar que se quede conmigo? Él, sentado a un lado, no dijo nada. Solo me envió un mensaje: «Dile que sí, solo hazle creer que tiene una oportunidad.» Le seguí la corriente. Y, en silencio, empecé a empacar mis cosas para dejar la casa que compartíamos. Al salir, escuché las burlas de sus amigos. —Vaya, sí que es obediente la «esposa». Entonces si le pides que pierda al bebé, ¿también lo haría? Iván alzó las cejas, con calma. —¿Apostamos? —Yo digo que en una semana estará llorando frente al hospital… pero lo hará. Yo no dije nada. Solo abrí otro chat, leí el último mensaje: «¿Quieres casarte conmigo?» Y respondí: «Sí.»
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El Tesorito De La Juventud

El Tesorito De La Juventud

—Tío, por favor, te lo suplico… ayúdame a quitarme esta cosa… En cuanto la mejor amiga de mi hija se levantó el vestido, vi algo que parecía sacado de otra época: un cinturón de castidad con un candado que solo un hombre podría abrir. Justo cuando la jovencita se lanzó hacia mí con los ojos llorosos, su compañera de departamento de treinta años llegó a la casa y se puso celosa al vernos. Con unas copas encima, se quitó la chaqueta y también se lanzó hacia mí. —Hazte a un lado, niña, deja que los adultos… tengan una buena charla... Una era una jovencita dulce y la otra era una mujer madura con un cuerpo increíble. Ya no pude contenerme…
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La Maldad De Esa Cabeza

La Maldad De Esa Cabeza

Después del accidente de auto, la tía Lore se confió demasiado porque creía que yo estaba mal de la cabeza. Jamás se cubría frente a mí y, cuando me aprovechaba de ella, solo le quedaba intentar calmarme con cariños. Poco a poco fui sobrepasando los límites, tentando el terreno para ver hasta dónde podía llegar con ella. Por fin, un día, aproveché que el tío Roberto estaba profundamente dormido y me metí en su cama para gozar de ese cuerpo que tanto me hacía babear. Ella temblaba entre mis brazos, muerta de miedo de que el tío Roberto nos descubriera. No tuvo más remedio que tragarse sus gemidos y tratarme como loquito; se fue quedando sin fuerzas, atrapada entre el placer y la culpa que sentía. Pero lo que ella no sospechaba era que yo ya estaba bien de la cabeza desde hace mucho tiempo.
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Turbulencia En Medias De Seda

Turbulencia En Medias De Seda

—Fabi, porfa, ayúdame a descargar unas pelis de esas fuertes, es que me siento muy sola esta noche. Era tarde cuando mi tía Violeta abrió la puerta de mi cuarto. Solo traía puesta lencería muy sensual que dejaba ver sus nenas bien formadas. Justo me la estaba jalando y, del susto, me tapé rápido con la cobija. —Tía, ¿por qué entras así sin tocar? Ella tenía la cara toda roja. —Es que me arde todo de las ganas y el inútil de tu tío ni me toca. Ándale, búscame unas pelis cochinas para que me pueda encargar yo misma. Me toqué el fierro, que ya estaba bien duro, y le dije riéndome: —¿Y si mejor te ayudo yo con eso?
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Cenizas de un amor roto

Cenizas de un amor roto

Mi hermana y yo somos gemelas, y ambas sufrimos de una enfermedad renal muy grave. Después de mucho tiempo, por fin había dos riñones disponibles para nosotras, y los médicos decidieron que nos tocaba uno a cada una. Sin embargo, mi hermana se desplomó en los brazos del hombre con el que yo me iba a casar, llorando, quería los dos riñones para ella sola. Yo me negué, pero ese hombre me encerró en un cuarto, permitiendo que mi hermana se sometiera a la operación de trasplante y se quedara con los dos riñones. Él presionó mi frente con firmeza y me advirtió: —Tu enfermedad no es tan grave como la de tu hermana. Ella solo quiere vivir como una persona normal. ¿Por qué eres tan egoísta? ¿No puedes esperar otro riñón? Pero él no sabe que realmente no puedo, porque estoy a punto de morir.
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La Falsa Susurradora de Cadáveres

La Falsa Susurradora de Cadáveres

Tras presentar mi solicitud para dejar el cargo de jefa de Medicina Forense y pedir el traslado a un puesto administrativo, en la comisaría a todos se les iluminó la cara. Sonrisas por todas partes. Aprobación unánime. Solo Olivia Montoya, la nueva forense… la "mejor amiga de la infancia" de mi novio, se vino abajo. La que se hace llamar la "Susurradora de Cadáveres". Entró hecha una fiera, me agarró con fuerza de la bata y, con los ojos enrojecidos, soltó: —Aunque tu técnica ya está pasada de moda, de verdad espero que te quedes. ¡Que sigas dándoles voz a las víctimas! Le aparté la mano con frialdad, recogí mis cosas y me di la vuelta para irme. Porque en mi vida pasada, ella se presentaba igual: decía que podía oír los susurros de los muertos y saber lo que habían vivido antes de morir. Yo me mataba trabajando: autopsia tras autopsia, revisando una y otra vez, redactando informes de autopsia con cada detalle. Ella, en cambio, solo necesitaba echarle un vistazo al cadáver… y podía recitar mi informe palabra por palabra, sin equivocarse ni una coma. Las familias de las víctimas la veneraban como si fuera un milagro andante. A mí me miraban con desprecio. Decían que yo profanaba al difunto, que no lo respetaba. No lo acepté. Me negué a rendirme. Me dejaba la vida en cada autopsia… pero ella siempre se me adelantaba, escupiendo toda la verdad como si ya la tuviera en la palma de la mano. Hasta que una familia, llevada al límite, me odió por ultrajar a su difunto. Me secuestraron. Me descuartizaron. Y me abandonaron en un baldío. Cuando volví a abrir los ojos… Había renacido justo el día en que Olivia anunció, por primera vez, que era la "Susurradora de Cadáveres".
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El Ángel de la Mafia

El Ángel de la Mafia

—¡Joder! —dijo por fin, sin dejar de aferrarse a él. Don sonrió con suficiencia. Estaba disfrutando cada instante y no tenía intención de detenerse pronto. Retiró los dedos, le dio una palmada en el sexo antes de volver a introducirlos y aumentar el ritmo de sus movimientos, sin prestar atención a las súplicas de ella. *** Giulia (Julia) Bianchi, una mujer hermosa y valiente, ha sido utilizada como garantía para saldar la deuda de su padre con un líder de la mafia. Ahora debe servirle y hacer todo lo que él le ordene. Donatello (Don) Rossini reina como el despiadado señor de la mafia, y su dominio solo encuentra rival en su nueva sirvienta, Julia. Pronto ambos quedan atrapados en un complejo juego de deseo y seducción. Julia se ve atrapada en un mundo de engaños y peligro, donde la delgada línea entre el amor y la lealtad se vuelve cada vez más frágil. Mientras intenta escapar con la esperanza de sobrevivir, se ve obligada a enfrentarse a una oscura verdad: la obsesión de Don por ella tiene el poder de mantenerla a salvo... o destruirla.
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Renací y Dejé de Amarte

Renací y Dejé de Amarte

Al enterarse de que Bruno Muñoz, su primer amor, había muerto, mi esposa de mi vida anterior, con quien estaba de luna de miel a bordo de un crucero, se lanzó por la borda y se quitó la vida. Fue entonces cuando entendí que ella nunca había logrado olvidar a Bruno. Cuando volví a nuestros años de juventud, ella me soltó la mano sin dudarlo y caminó directo hacia Bruno. Los vi alejarse y luego me di la vuelta. Desde ese momento, nuestras vidas serían como dos líneas paralelas que jamás volverían a cruzarse. Diez años después, nos reencontramos en una recepción en San Camilo. Ella ya se había convertido en una figura emergente de la alta sociedad y apareció del brazo de Bruno, mostrándose muy cariñosa con él. Al verme entrar a la recepción buscando a alguien, no pudo evitar soltarme: —¿Por qué sigues tan aferrado a mí? Aunque lleves diez años esperándome, jamás voy a enamorarme de ti. No le hice caso. Solo fui a un rincón y saqué de ahí a mi hijo, que estaba comiéndose a escondidas un pedazo de pastel. De pronto, a Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas y me tomó la mano con fuerza. —Lo haces para provocarme, ¿verdad? ¿No dijiste que en esta vida solo me amarías a mí?
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El Doctor De Las Calenturas

El Doctor De Las Calenturas

—Doctor, por favor, revíseme rápido. Dentro del consultorio, una mujer muy atractiva estaba acostada boca abajo en la camilla. Estaba de espaldas a mí, resaltando sus curvas, y me pedía que le revisara ese problema de calentura crónica que tanto le molestaba. ¡Pero si yo ni siquiera era doctor! Cuando iba a decirle que no podía ayudarla, ella se bajó los pantalones, dejando su piel a la vista. Cualquiera se hubiera vuelto loco con una imagen así.
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Casada de nuevo, él enloqueció

Casada de nuevo, él enloqueció

Mi padre me obligó a elegir a uno de los dos hermanos de la familia López para casarme. Elegí a Alejandro López. Solo porque llevaba trece años enamorada de él en silencio. Pero el día de nuestra boda, su hermanastra Paloma se arrojó desde la azotea del hotel. Dejó una carta escrita con sangre, deseándonos amor eterno y una vida juntos. Entonces lo entendí: llevaban años amándose en secreto. Alejandro perdió el control en plena boda y anunció que renunciaba al mundo. Yo me quedé sola, sin rumbo. De por vida, expió sus culpas ante la placa conmemorativa de su hermanastra. Lo odié por engañarme; no pedí el divorcio y nos torturamos. Hasta que un secuestro lo cambió todo. Para salvarme, Alejandro murió junto a los secuestradores. Antes de morir, me miró y dijo: —Isabela, fue mi culpa haberte ocultado la verdad. —Pero dos vidas, la mía y la de mi hermana, ¿no bastan para saldar esta deuda? —En la próxima vida, no me elijas. Cuando abrí los ojos de nuevo, había vuelto al día en que mi padre me pidió escoger esposo. Esta vez, sin dudarlo, elegí al hermano mayor de Alejandro: Ramiro.
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