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Mi hijo rogaba por la ex de mi esposo como madre… Reencarné y lo eliminé sin dudar

Mi hijo rogaba por la ex de mi esposo como madre… Reencarné y lo eliminé sin dudar

Antes de la boda, descubrí que llevaba más de dos meses embarazada. Leobardo Ríos, algo ebrio, acarició mi vientre y bromeó a medias: —Verónica Vega, aún no estoy preparado para ser padre. ¿Y si no tenemos este bebé? Con el corazón en calma, respondí suavemente: —Está bien. En mi vida pasada, había insistido en quedarme con ese hijo. Pero, cuando Valeria Sánchez perdió el suyo por accidente y quedó con secuelas para volver a concebir, Leobardo me guardó rencor. Después de la boda, su actitud hacia mí fue completamente fría, mientras el hijo que había traído al mundo tras un parto difícil, que casi me costó la vida… lloraba, deseando que Valeria fuera su madre. Más tarde, cuando tuve un accidente de coche y me desangraba, padre e hijo pasaron junto a mí con total indiferencia, con tal de poder llegar a tiempo al parto de Valeria. Mientras yo moría desangrada, ellos celebraban con efusividad una nueva vida. Por eso, en esta nueva oportunidad, no volveré a perderme a mí misma ni tomaré el camino equivocado, por lo que, sin más, marqué el número del director, para anunciarle: —Estoy dispuesta a unirme a la expedición polar.
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Primero el matrimonio, luego emparejamiento

Primero el matrimonio, luego emparejamiento

Durante mi boda, me traicionaron. Mi prometido me convirtió en el hazmerreír y me dejó para que los invitados se burlaran brutalmente de mí.Me quedé estupefacta, anonadada y con el corazón roto cuando el Alfa de la manada enemiga, el hombre más poderoso y deseado de la ciudad se acercó a mí.—¿También has venido a humillarme? —le pregunté.—Amber Collins —respondió suavemente, y su pulgar acarició suavemente mi mejilla—. ¿Me aceptas como esposo?Sin embargo, no fue hasta mucho tiempo después, que descubrí que nada de eso era una coincidencia.**Me tumbó de lado: —He querido marcarte desde que te conozco... —murmuró mientras se apretaba más contra mi cuerpo.—Espera... Espera... —jadeé.Pero era imposible. No había forma de detenerlo. Es una fuerza de la naturaleza. Una naturaleza que me entregaba a él, en cuerpo y alma."Primero el matrimonio, luego el emparejamiento", es una obra de Reina Bellevue, autora de eGlobal Creative Publishing.
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Un delicioso humano

Un delicioso humano

Soy Vicky Eaton, una Kindred sin vínculo. Es decir, no tengo una pareja o vínculo de sangre, el único humano del que se puede beber según la ley Kindred.He hecho todo lo posible por cumplir la norma, hasta que me di cuenta de que mi nuevo jefe huele demasiado bien como para resistirme y cumple todos los requisitos para ser mi pareja.Sin embargo, hace tiempo que hice el voto de quedarme sin pareja para toda la eternidad.**Mientras hablaba, me lamió la oreja. Mi corazón volvió a acelerarse. El aroma de su perfume de sangre, mezclado con la fragancia natural de su cuerpo, estimuló cada uno de mis nervios. Me besó el cuello. Gemí contra sus caricias mientras me quitaba la ropa por tercera vez en menos de doce horas.—Hagas lo que hagas... —le dije sin aliento—: No pares. Mis palabras le golpearon con fuerza y sus movimientos se intensificaron. De repente, se separó y giró el cuello hacia mí, revelando su gloriosa piel.Me quedé helada.¿Debía mantenerme fiel a mi pasado o dar un salto de fe y caer en el mundo del Vínculo de Sangre?
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Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Giorgo Romero, el Don de la familia Romero, cayó en una emboscada tendida por un demente suicida que llevaba explosivos atados al cuerpo. Cuando eso ocurrió, mi esposo, Fabio López, y sus hombres ya se habían marchado a un desfile de moda con su amor de la infancia, Reina Digiorno, para escoltarla y protegerla allá. En lugar de presionar el botón de señal en mi anillo, me lancé hacia Giorgo a pesar de estar a punto de dar a luz. Así, con mi propio cuerpo, lo protegí de la explosión. Sin embargo, en mi vida anterior, sí había presionado el botón. Fabio había dejado plantada a Reina para regresar corriendo a la escena y salvarle la vida a Giorgo. Gracias a ese mérito, lo ascendieron al puesto de subjefe. Pero Reina se enfureció con Fabio por abandonarla antes de tiempo y, por pura rabia, cruzó la autopista sin mirar a los lados. Así fue como la atropellaron y murió. Fabio no dijo nada… pero el día en que entré en trabajo de parto, me mandó a una casa de subastas clandestina. —¡El Don tenía a tantos soldati protegiéndolo! ¿Por qué me obligaste a volver, entonces? ¿No es porque solo querías la gloria de ser la esposa del subjefe? ¡Si no fuera por ti, Reina no habría muerto! ¡Debes sufrir mil veces lo que ella sufrió! Yo solo podía mirar cómo los invitados pujaban por mis órganos, uno por uno. Ni siquiera el cordón umbilical de mi recién nacido se salvó de la subasta. Al final, morí por una infección que se produjo mientras me arrancaban los órganos. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que emboscaron a Giorgo.
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Ya que No me Quieres, Entonces Adiós

Ya que No me Quieres, Entonces Adiós

La novena ceremonia de unión entre el Rey Alfa, Thorne Ravencrest, y yo, finalmente ha llegado. Sin embargo, una vez más, no logré convertirme en su Reina Luna. No porque él rompiera su promesa, sino porque no estoy lo suficientemente calificada. Los Ancianos dejaron muy claro que, cada Reina Luna reconocida por la Diosa de la Luna, a lo largo de la historia debe cultivar 365 Flores de Luz de Luna, utilizando su propia esencia de sangre. Pero cada año, en la víspera de la ceremonia, sin importar cuánto cuidado tenga, siempre falta una flor. Este año, casi me desangré por completo y apenas logré cultivar el número correcto. Extasiada, voy a buscar a Thorne, queriendo sorprenderlo. A través de la puerta entreabierta de la sala del trono, escucho a su Beta decirle: —Rey Alfa, Sera lo ha estado esperando por ocho años. ¿Alguna vez se unirá a ella? Thorne sacude la cabeza. —Le prometí a Willow que este año tampoco podemos unirnos. Su Beta vacila. —¿Y si Sera realmente logra cultivar suficientes Flores de Luz de Luna? Thorne se queda en silencio por un momento y luego aplaude. Un lobo de las sombras aparece y se funde en la oscuridad. Poco después, el lobo regresa con una Flor de Luz de Luna entre sus mandíbulas. Él desgarra la flor hasta hacerla trizas y deja escapar un suspiro. —Sera tiene sangre de sobra. Olvida un año; ella podría seguir cultivando flores por otros diez años y estar bien. Pero Willow ha sido envenenada con acónito. Soy todo lo que le queda, y ella me quiere a su lado en sus últimos días. No soporto rechazar a Willow, lo que significa que Sera simplemente tendrá que esperar un poco más. Me muerdo el labio con fuerza, apenas capaz de creer lo que escucho. Así que las Flores de Luz de Luna que desaparecían misteriosamente siempre fueron destruidas por él. Convertirme en Reina Luna ha sido mi sueño desde la infancia. Pero si él nunca tuvo la intención de unirse a mí, entonces es hora de que lo deje.
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Me Forzó a Parir y Perdió Todo

Me Forzó a Parir y Perdió Todo

El día en que Elizabeth Marcial estaba a punto de dar a luz, Agustín Vázquez, mi esposo, me llevó por la fuerza al hospital para inducirme el parto, cuando yo apenas tenía siete meses de embarazo. Me encerró en la sala de partos con el rostro desencajado. —Mónica, el bebé de Elizabeth tiene una enfermedad rara. En cuanto nazca, morirá. El doctor dijo que necesita la sangre del cordón umbilical y unas células madre especiales que solo pueden obtenerse durante el parto para salvarse. Rafael ya murió. Ahora me toca a mí cuidar de ella y de ese niño. La aguja de inducción, de casi diez centímetros, se me clavó sin piedad. Las contracciones me hicieron sudar frío del dolor. —Elizabeth ha estado bien todo el embarazo. ¿Cómo que el bebé tiene una enfermedad rara? Yo, en cambio, he tenido que cuidarme desde el primer día. Si haces que nuestro bebé nazca tres meses antes de tiempo, nos vas a matar a los dos. Agustín frunció apenas el entrecejo y me inmovilizó con fuerza contra la cama. —El doctor ya lo explicó. Solo van a adelantar el parto dos meses. No te va a pasar nada. Al oír los gritos de Elizabeth en la sala de al lado, su mirada se endureció de golpe, como si hubiera llegado a una conclusión. —¿No será que, porque siempre estoy pendiente de Elizabeth, quieres aprovechar esta oportunidad para quitarla de en medio? Ya te dije hace tiempo que la cuido por Rafael. ¿Cómo puedes ser tan cruel? Miré la sangre que no dejaba de brotar y, entre lágrimas, le rogué que tuviera piedad de nuestro bebé. Le dije que, si eso era lo que quería, yo me divorciaría y los dejaría en paz. En los ojos de Agustín no había nada más que fastidio. —No digas tonterías. Soy su padre. ¿Cómo voy a querer hacerle daño? Después de que usaron la sangre del cordón umbilical de mi bebé y las células madre extraídas durante el parto para salvar al hijo de Elizabeth, ella y su hijo quedaron fuera de peligro. Solo entonces Agustín se acordó de venir a vernos. Pero cuando entró en la habitación, sobre la cama solo había dos certificados de defunción: el mío y el de mi bebé.
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La Princesa rechazada

La Princesa rechazada

"Tal vez nunca lo sabría. O tal vez era la mujer que veía ante mí quien tenía las respuestas. Esta no era una princesa ni una reina. Esta era una guerrera, una guerrera que pretendía luchar." ** Yo, Constance Cladwell, era la hija del Rey Alfa en los Territorios del Norte—una princesa destinada a reinar hasta que el Rey del Sur invadió mis tierras, matando a mi manada y a mi familia. Huí buscando protección del Rey Alfa de los Territorios del Este para advertirles de los peligros que se avecinaban, solo para enfrentarme con lo que nunca esperé: mi compañero destinado. Ahora arrojada a un mundo donde la guerra estaba a la vuelta de la esquina y atrapada entre el hombre que anhelaba y las atenciones del Rey, me quedo con una decisión. ¿Me sacrificaré y me convertiré en la Reina Luna para asegurar venganza contra mi enemigo, o aceptaré el destino y lucharé por el amor de mi compañero? ** «La Princesa Rechazada» es una obra de Claire Wilkins, una autora de eGlobal Creative Publishing.
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Sin Salvación

Sin Salvación

Mi esposa profesaba su propia fe y seguía estrictamente sus perceptos, evitaba cualquier tipo de intimidad física. Solo nos permitía estar juntos al decimosexto día de cada mes. Y aun así, todo debía estar bajo su control. Si alguna vez sobrepasaba esos límites, no dudaría en interrumpirlo todo y marcharse. Llevábamos cinco años de casados. Aunque me sentía insatisfecho, la complacía una y otra vez por amor. Me convencí de que, pese a su frialdad, al menos había algo de amor por mí. Hasta que, durante una misión de rescate en un hotel en llamas, descubrí lo equivocado que había estado. Cuando la encontré, mi esposa estaba recostada contra el pecho de otro hombre, y entre los dos había un niño pequeño.
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Su Confesión, Nadie Más Escucha

Su Confesión, Nadie Más Escucha

El día de mi cumpleaños, en la fiesta, mi esposo David Herrera apareció de repente con mi hermana adoptiva y su hijo. Al prepararnos para salir, él, con total naturalidad, colocó a mi hermana adoptiva en el asiento del copiloto y luego me dijo: —Los niños se marean fácil, atrás hay demasiadas cosas, tú estás bien y puedes ir en autobús. Mis amigas no hicieron más que asentir: —Eres la hermana mayor, cuidar del hijo de tu hermana es lo que toca. Cuatro autos, y ningún lugar para mí, la protagonista. Me subí al autobús con el corazón resentido y vi en el chat del grupo de paseo a David y Ana Blanco interactuando de manera demasiado cercana. Incluso hablaban de cosas que yo desconocía por completo. Cuando abrí el nuevo video que me habían enviado, en la mesa que habían preparado para mí solo quedaban sobras. Hasta el pastel de cumpleaños que había cuidado con esmero, David se lo dio a Ana y su hija como postre. Alguien no pudo soportarlo y le preguntó si eso no estaba mal. David, limpiando cuidadosamente la boca de Ana, ni siquiera levantó la cabeza: —Somos familia, Brittany Moreno no se va a enojar. En ese instante, nuestro matrimonio de siete años llegó a su fin.
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Morí traicionada, renací para destruirlo

Morí traicionada, renací para destruirlo

El mismo día que me tocó dar a luz, la alumna de mi esposo —embarazada y con el orgullo atravesado— decidió largarse sola a escalar la Cordillera de los Andes. Mientras él se la pasaba buscándola sin dormir, como un desesperado, yo estaba en el hospital, desangrándome en un parto complicado que me mandó directo a terapia intensiva. Cuando por fin abrí los ojos, lo primero que vi fue al médico entregándole a mi esposo el parte donde decía que mi vida estaba en riesgo... y él, en vez de acercarse a darme un poco de consuelo, me aventó en la cara los papeles del divorcio. —Camila es mi mejor estudiante —me soltó, serio—. No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo hace semejante locura. Tú vas a ser mamá, te toca aguantar. En esa vida no firmé. Apenas salí de la sala de partos, me fui directo a la universidad a denunciarlo por la relación que tenía con su alumna. A ella la terminaron sacando del posgrado, y la presión fue tan fuerte que un día se cortó la garganta delante de mí. Cuando él llegó, ya no había nada que hacer: dos vidas se habían ido de golpe. Él no dijo una sola palabra, organizó el entierro y después me trató como si nada hubiera pasado. Yo, ingenua, pensé que por fin la vida iba a darme un respiro. Pero el día que nuestra hija cumplió un año, él le pisó al acelerador y el carro en el que íbamos se fue directo al precipicio. Ese mismo día... se cumplía un año de la muerte de su alumna. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en la sala de partos, justo en el momento en que casi se me iba la vida.
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