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Quédate Con Tu Luna Podrida

Quédate Con Tu Luna Podrida

Fui la compañera secreta de Kade, el Alfa de la manada durante cuatro años. La noche que me llamó, en un arrebato de pasión, me miró fijamente a los ojos durante mucho, mucho tiempo. Su voz sonaba ronca. —¿Sabes, Anya? Lo que más me fascina de ti son tus ojos preciosos. Para proteger su derecho al título de Alfa, acepté quedarme a su lado, haciéndome pasar por una guerrera Beta. Hasta que, radiante de orgullo, lo vi abrazar a mi media hermana por la cintura frente a todos. Solo cuando los rumores crecieron y todos empezaron a decir que la hermosa loba que el Alfa había llevado a casa tenía mis mismos ojos, comprendí la devastadora verdad. Nunca me amó a mí en realidad. Encaré a Kade y le exigí una explicación. Su expresión era de desprecio. —¿Que te dé una explicación? ¿Pues qué te imaginabas? Solo fue una marca temporal, nada más. Para mí, nunca has sido más que una amiga. No lloré. No hice una escena. Abrí un enlace mental con mi amigo de la infancia. —Acepto la invitación para convertirme en la jefa guerrera de la manada Silver Crest. Más tarde, cuando Kade descubrió que yo había captado la atención de su mayor rival, enloqueció.
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Como Patas Para Chocolate

Como Patas Para Chocolate

—Señor, ¿todavía tiene pepinos en su casa? Présteme uno... Un huracán se acercaba y la mejor amiga de mi hija se quedó atrapada en mi casa. Por la noche, vino a buscarme con las mejillas encendidas para pedirme un pepino, y me dijo: —Es que tengo un poco de hambre. Quiero comer un pepino para entretenerme. Al ver las dos puntitas que se le marcaban bajo el camisón, se me encendió la sangre y le dije: —Este señor tiene algo más sabroso que un pepino.
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50 y 20

50 y 20

—No soy esa clase de mujer. Es que… me siento tan sola… Una compañera de mi hija en la universidad nos acompañó a una excursión por la montaña y, en un descuido, se fracturó una pierna. Como me sentía responsable, me la llevé a mi casa para cuidarla. Es una mujer radiante, de piel blanca y suave, con unos senos que siguen firmes incluso cuando está acostada. ¡Y lo que más me excitó fue descubrirla por casualidad esa noche mientras se daba placer! Eso despertó mi deseo. Me armé de valor y fui hasta su cama. —Tienes muchas ganas, ¿no? Déjame ayudarte.
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Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Me disponía a irme del restaurante de mi hermano cuando la gerente me detuvo. —Señorita, no ha pagado su cuenta todavía. Al ver su cara desconocida, pensé: "Debe ser nueva y no me conoce". Así que me expliqué con calma: —Cárgalo a la cuenta del señor Blanco. Él ya sabe. La gerente me lanzó una mirada llena de desprecio. —Señorita, somos un Tres Estrellas Michelin. Aquí no cargamos cuentas a nadie —dijo, entregándome la cuenta impresa. Bajé la mirada y la revisé: cincuenta mil dólares por una comida. Incluía: "Mantenimiento de vajilla brillante: tres mil. Purificación de aire exclusiva: cinco mil. Servicio de manejo emocional para VIPs: diez mil". Y montones de conceptos absurdos más. No sabía que mi hermano hubiera abierto un lugar tan estafador. Solté una risa sarcástica. —Soy la hermana del señor Blanco. Si hay algún problema, que me hable en la casa. Pero ella no se dio por vencida. —¿Ahora no puede pagar y se hace la emparentada? ¿Y hasta se inventa ser familia del señor Blanco? Envié un mensaje de texto a mi asistente: "Dile a mi hermano que o despide a esta mujer ahora mismo, o retiro toda mi inversión".
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Cuando me tuviste, no me viste

Cuando me tuviste, no me viste

Dos semanas antes de la boda, Nelson decidió posponerla una vez más. —Ivana inaugura su primera exposición de arte ese día —me dijo—. Estará sola y nerviosa. Tengo que estar ahí para apoyarla. Al final, tú y yo ya estamos juntos, ¿qué más da casarnos un día antes o después? Pero ya era la tercera vez que aplazaba nuestra boda por aquella mujer. La primera, Ivana acababa de operarse y sentía nostalgia de la comida de su tierra, por lo que Nelson no dudó en viajar al extranjero y quedarse con ella durante dos meses. La segunda, Ivana decidió irse al bosque en busca de inspiración para pintar y él, preocupado por su seguridad, fue tras ella. Esta era la tercera. Colgué la llamada y miré a César, mi amigo de toda la vida, quien se encontraba sentado frente a mí, relajado, jugando con su bastón de esmeralda, cuyo golpeteo en el piso de mármol rompía el silencio entre nosotros. —¿Todavía necesitas esposa? —le pregunté, sonriendo con picardía. El día de mi boda, Ivana sonreía radiante, copa en mano, esperando el brindis del hombre a su lado. Pero él, con los ojos rojos, observaba en silencio la transmisión en vivo de la boda del heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
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Alfa, nunca me dejes ir

Alfa, nunca me dejes ir

Todos me envidiaban. Una huérfana que se había convertido en la Luna del Alfa más poderoso del Territorio del Sur, Cain. Durante los tres años de nuestro apareamiento, él me trató como si yo fuera el centro de su mundo. Entonces Serena, su amor de la infancia, rompió el vínculo con su anterior compañero y regresó a nuestra manada. Cain comenzó a patrullar el territorio todas las noches, regresaba a casa cada vez más tarde. Ni siquiera me preguntó antes de mudar a Serena a nuestra casa de la manada. —Su excompañero la ha estado acosando. Ella y yo crecimos juntos, ¿cómo podría quedarme de brazos cruzados y dejar que alguien la amenace? Serena pasaba todo el día en lencería, recostada sobre Cain. Los dos hojeaban fotos viejas, recordando la vez que Cain se metió en una pelea porque un lobo había estado coqueteando con ella. No dije ni una palabra. Guardé silenciosamente la prueba de embarazo y le traje a Cain un tazón de “tónico calmante.” Él lo bebió sin dudarlo. Lo que no sabía era que se trataba de una poción de bruja, una que podía romper a la fuerza un vínculo entre compañeros. Haría efecto en la próxima luna llena. Cuando terminé, hice una llamada telefónica. —Alfa Ethan, estoy lista para ir al Territorio del Norte. Ven por mí.
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Vestido de novia y un amor secreto

Vestido de novia y un amor secreto

Durante cinco años, Leo Belmonte —el heredero del Don— fue la única luz en mi vida. El día de la prueba del vestido de novia, me sonrió para decirme que yo no era más que el reemplazo de Mia, su intocable primer amor. Ahora que la original estaba de regreso, se suponía que debía hacerme a un lado: ocultarme en las sombras, seguir los pasos de mi madre y convertirme en la amante de otro, tal como lo fue ella. Los broches del vestido me cortaron las palmas hasta dejarlas ensangrentadas, pero a él lo único que le importaba era el atuendo. Su adorada Mia me atropelló en la autopista, y él me prohibió llamar a la policía; usó las cenizas de mi madre en mi contra para mantenerme a raya. Mientras las redes sociales me tachaban de rompehogares, fue él quien me clavó a la picota pública con sus propias manos. La noche en que al fin me di por vencida, abordé el helicóptero privado de la familia Deluca. Fue entonces cuando descubrieron la verdad: yo no era una hija bastarda sin hogar. Era la única heredera que el Don más poderoso de Europa había buscado durante todos esos años. Alguna vez lo consideré mi salvación. Ahora se arrodilla a mis pies para suplicar perdón, y lo único que me inspira es repulsión. Muy pronto, me erigiré en la cima del bajo mundo, un lugar que él jamás podría volver a alcanzar.
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De Su Amor a Su Venganza

De Su Amor a Su Venganza

Durante mucho tiempo, Inés del Valle creyó que Emiliano Cornejo era su única luz en este mundo. Hasta que, mirándola directamente a los ojos, él le dijo con cruel indiferencia: —Mi compromiso con Mariana Altamirano no se cancelará. Si quieres, puedes seguir siendo mi amante. En ese instante, Inés despertó. Esa luz que tanto amaba, hacía mucho se había convertido en la sombra que la asfixiaba. Esa misma noche, se marchó de la casa sin volver la vista atrás. Todos pensaron que una huérfana como ella, sin el respaldo de los Cornejo, no tardaría en arrastrarse de vuelta, rogando por perdón. Pero entonces ocurrió lo inesperado. En plena ceremonia de compromiso entre los Cornejo y los Altamirano, Inés apareció vestida de rojo, del brazo del patriarca de los Altamirano, Sebastián Altamirano. Ya no era la mujer abandonada: ahora era la cuñada del novio. El salón entero quedó en shock. Emiliano, furioso, pensó que todo era una provocación. Dio un paso hacia ella… Y entonces una voz helada, firme como el acero, se dejó oír por encima de todos: —Atrévete a dar un paso más… y verás lo que pasa.
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Yo con el Heredero, Mi Ex en Ruinas

Yo con el Heredero, Mi Ex en Ruinas

Antes de la boda, la mujer que había sido el gran amor de su vida fue obligada a casarse con un famoso "mujeriego"para proteger a su familia. Mi prometido Arturo, incapaz de verla sufrir, fue a interrumpir la ceremonia. Ese mismo día, frente a todos, obtuvieron el certificado de matrimonio. Toda la ciudad de Marseah esperaba con ansias el escándalo entre mi familia y los Gómez. Pero al día siguiente, el único hijo de los Gómez apareció en la entrada de mi empresa, conduciendo su Bugatti con descaro: —Tu prometido se llevó a la mujer con la que iba a casarme. Quiero que pagues esa deuda casándote conmigo, es justo, ¿no? Al mirar su melena roja y desafiante, sonreí con calma: —Sí, muy justo.
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El Alfa De Las Dos Lunas Llenas

El Alfa De Las Dos Lunas Llenas

Tenía nueve meses de embarazo cuando el Consejo de Lobos envió un reporte de recursos a las habitaciones de la Luna. En él aparecían los gastos mensuales de mi compañero. Durante dos años seguidos, mi compañero del destino, el Alfa de la manada, le había estado entregando en secreto a una loba acceso al territorio, protección y suministros. Sin falta, cada mes. El primer registro era de hace dos años, el mismo mes en que perdí a mi primer cachorro. De pronto apareció una notificación: una solicitud de contacto. El nombre decía: “La compañera del Alfa”. Me sentía extrañamente tranquila; puse una mano sobre mi vientre abultado y acepté. Me escribió. “Ya viste el reporte, ¿no?” No le respondí; en su lugar, abrí su perfil. La publicación más vieja era del 21 de abril de hace dos años. Una loba aparecía apoyada en el pecho de un Alfa. Le habían recortado la cara en la foto, pero la marca en su hombro era clara. La reconocí: era la marca de Alfa de mi compañero. El texto decía: “Gracias por elegirme en mi noche de mayoría de edad”. El 21 de abril. Esa fue la noche en que me quedé desangrándome en la sala de curación, perdiendo a mi bebé. Él me había dicho que estaba fuera por asuntos de la manada. Seguí revisando sus fotos. Entrenaba libremente en áreas exclusivas para Alfas. Usaba recursos reservados para su Luna. La cuidaban como si ya fuera la pareja que debía estar a su lado. Cada publicación transmitía el mismo mensaje: él la eligió a ella. Fijado hasta arriba había un reporte médico: estaba embarazada del cachorro del Alfa. Dejé el celular y regresé a nuestra recámara. Entonces me llegaron más cosas: fotos y videos. Me los mandó a propósito, para presumir que el amor del que yo antes estaba tan orgullosa ya no era para mí. Me senté despacio mientras sentía a mi cachorro moviéndose dentro de mí y dolor me recorría. Solo entonces lo entendí: me había traicionado por completo. No quiero un amor así. No me quedaré en esta manada. Cuando nazca mi cachorro, me iré y me llevaré a su heredero conmigo. Que el Alfa busque en cada territorio, y aunque recorra cada frontera y destruya la manada por arrepentimiento, nunca nos va a encontrar.
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