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22cm de Clases

22cm de Clases

—Ay sí… sí… qué rico… En el dormitorio de chicas, la muchacha desnuda dejó escapar un sonido parecido a un sollozo. Arqueó el cuerpo delicado hacia adelante, apretó la sábana con las dos manos y se quedó tiesa. La abracé con fuerza hasta que se desplomó sobre la cama sin fuerzas. Y en ese momento giré la cabeza y me crucé con la mirada de su compañera de cuarto. Aquella chica también tenía la cara encendida de vergüenza. Su mano se movía al ritmo de mis embestidas, complaciéndose a sí misma, como si fuera ella a la que yo estuviera cogiendo…
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Mi prometido se arrepintió como un loco

Mi prometido se arrepintió como un loco

Un mes antes de casarme con mi novio, él me preguntó si aprobaba su idea de tener un hijo con otra chica. Rechacé su loca idea y, a partir de entonces, me insistió todos los días. Para mi sorpresa, dos semanas antes de la boda, recibí los resultados positivos de una prueba de embarazo… que no era mía, claro. Fue entonces cuando me di cuenta de que esa chica se había quedado embarazada tres semanas antes. Entonces ¿para qué pedirme permiso si lo iba a hacer de todos modos? A partir de esto, mi amor por él empezó a perderse poco a poco. Por lo que cancelé la boda, destruí todos los recuerdos de nuestra relación y me encerré decididamente en un laboratorio de investigación, el mismo día en el que se celebraría nuestro matrimonio. ¡Mi relación con él terminó allí! ¡En paz!
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Diez años en vano y un renacer

Diez años en vano y un renacer

En el instante en que explotó el laboratorio, Leonardo González corrió desesperado hacia la zona más alejada, donde se encontraba Victoria López, y la protegió con su cuerpo sin dudarlo. Cuando cesó la explosión, lo primero que hizo fue cargarla en brazos al hospital. Ni siquiera miró a la que yacía en el suelo, empapada en sangre—yo. Porque esa chica a la que él había criado durante dieciocho años, Victoria, ya le había ocupado el corazón por completo. Ya no había espacio para nadie más. Fui yo quien sobrevivió gracias a unos colegas que me llevaron al hospital. Tras salir de cuidados intensivos, con los ojos hinchados de tanto llorar, llamé a mi mentor. —Profesor, ya lo decidí. Acepto unirme al proyecto confidencial. No importa que partamos en un mes ni que no pueda contactar a nadie durante cinco años. Ese mes estaba destinado a ser el de mi boda soñada. Pero ya no quiero casarme. Ya no.
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Perdí A Mi Loba Por Un Alfa

Perdí A Mi Loba Por Un Alfa

Cuando mi compañero Alfa, Logan, notó que no había enviado ni una sola solicitud de gastos en tres días, se puso en contacto conmigo por iniciativa propia por primera vez en la vida. —Cariño, ya aprobé la siguiente fase de la sanación de tu loba. ¿Ves? Siempre y cuando te comportes, tendrás todo lo que quieras. Su tono seguía siendo muy afectuoso, como si en verdad fuera un buen Alfa muy preocupado por su compañera. Pero él no sabía que, mientras ese “Cariño” aparecía en la pantalla de mi celular, yo ya había terminado de redactar el acuerdo de ruptura del vínculo de pareja. Antes de irme, lo único que podía llevarme conmigo era la vieja camiseta que llevaba puesta cuando él me marcó. Nadie creería jamás que la amada Luna de la Manada Blackmoon, en los tres años transcurridos desde nuestra ceremonia de unión, ni siquiera pudo reunir cinco vestidos decentes que fueran suyos. Cada gasto del hogar que realizaba debía ser aprobado mediante el sello de la Luna, el símbolo mismo de mi poder. —Sienna, llevar las cuentas es demasiado cansado. Te agotará. Deja que Chloe se encargue del trabajo tedioso con el sello. Todo lo que tienes que hacer es ser hermosa, solo sé mi Luna perfecta. Y así, el sello de la Luna, que debería haber sido mío, se convirtió en algo por lo que tenía que rogarle a Chloe, la asistente del Alfa que supuestamente estaba encargándose del trabajo tedioso por mí. Hace tres días, mi loba estaba al borde del colapso. Lloré y le supliqué por los doscientos mil dólares necesarios para una intervención de emergencia. Pero Chloe retuvo el sello a propósito y retrasó la aprobación diciendo que no se había seguido el proceso adecuado. Mi loba, que ya estaba por desvanecerse, se sumió en un silencio en las profundidades de mi alma. Y de la misma manera, la relación con este Alfa también murió.
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Más allá de la sombra de la familia

Más allá de la sombra de la familia

Desde que tenía dos años, Elara Vane se convirtió en el banco de sangre personal de su hermana gemela después de que a la niña le diagnosticaran un raro defecto genético. Los médicos predijeron que su hermana no viviría más allá de los dieciocho años, así que sus padres y su hermano la consintieron y la pusieron siempre en primer lugar en todo. Incluso culpaban a Elara, acusándola de «robarle» los nutrientes a su hermana en el vientre, afirmando que por eso ella había nacido enfermiza. En su vida pasada, nadie en la familia la amó. Solo su prometido, Dante, permaneció verdaderamente a su lado. Pero Elara nunca imaginó que el amor de Dante tenía sus propios planes. Y así fue, hasta que su hermana cayó accidentalmente por un acantilado y necesitó una transfusión completa de sangre. Dante firmó el consentimiento sin pensarlo dos veces, enviando a su prometida a la mesa de operaciones para que fuera la donante. Allí, mientras su sangre se drenaba y su conciencia se desvanecía, Elara juró que, en otra vida, ¡jamás volvería a ser la bolsa de sangre de su hermana! Y entonces, la próxima vez que abrió los ojos, estaba de vuelta en el día después de su compromiso con Dante…
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Aullidos De Plata

Aullidos De Plata

Estuve embarazada del cachorro de mi compañero destinado. Del cachorro del Alfa Seth. Pero durante doce años, se negó a reconocer lo nuestro. Era su secreto. Su sanadora. Nada más. Ni siquiera permitió que nuestro cachorro, Leo, le dijera papá. Todo porque odiaba que el destino eligiera a una pareja “impura” como yo. Aseguraba que lo había drogado, que lo había atrapado usando a un niño. Faltó a la ceremonia del Primer Aullido de nuestro cachorro por irse con otra hembra. Una Beta poderosa llamada Sarah. Esa fue la gota que derramó el vaso. Lo rechacé. Me llevé a mi cachorro y escapé. Dicen que el orgulloso Alfa se volvió loco. Que el dolor del rechazo lo destrozó y que comenzó a buscarnos por todos lados desesperado. Pero ya no hay marcha atrás. No existe el perdón.
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El que ella creía un don nadie

El que ella creía un don nadie

Llevaban tres años casados. Cuando ella alcanzó el éxito, lo menospreció por vago e inútil y terminó pidiéndole el divorcio. Lo que ella no sabía era que todo lo que tenía se lo había dado él.
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Justicia De Plata

Justicia De Plata

Después de mi chequeo médico, estoy por salir de la enfermería de la manada, que se encuentra en el territorio de mi primo, cuando una sanadora toda maquillada me sujeta del brazo. —¡Ni un paso más! ¿En serio crees que puedes romper algo en la enfermería e irte así como si nada? ¡Ni lo pienses! Miro su cara desconocida y parpadeo, sintiéndome confundida. —¿Qué fue lo que rompí? Señaló los frascos de cristal de las repisas y arrugó la nariz con un gesto exagerado de asco. —¡Apestas! Tu olor contaminó todas las pociones y ahora no sirven para nada. El Alfa Xander las compró carísimas; todo vale quinientos mil. También me tienes que pagar por el daño emocional que me causaste, que son otros doscientos. —En total son setecientos mil. ¿Vas a pagar en efectivo o con tarjeta? Mi olor es una mezcla de violetas y ámbar. Es distinguido y elegante, como un atardecer de invierno. Entiendo que no a todos les guste ese aroma, ¿pero cómo puede decir que es contaminación? ¡Por favor! No entiendo por qué la enfermería en el territorio de Xander funciona como si fuera una red de extorsión. Me río de puro coraje y le digo: —Soy la prima del Alfa Xander. Yo no pago ni un centavo en su territorio. Si alguien tiene un problema con eso, que venga él y me lo diga a la cara. Pero la sanadora solo puso los ojos en blanco. —Ay, por favor. ¿Crees que con esos trucos tan baratos vas a llamar la atención de mi Alfa? ¡Ya quisieras! Si no pagas ahorita mismo, te voy a desnudar y te voy a aventar a la calle para que todos huelan lo asquerosa que eres. No tiene idea de a quién está amenazando. Respiro y me pongo en contacto con mi Beta. —Dile a Xander que, o destierra a esta sanadora de la manada, o yo lo desterraré a él.
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Detrás de Cámaras

Detrás de Cámaras

La vecina europea se vestía de forma provocadora; tenía un cuerpo sensual y unos pechos generosos que resaltaban en su figura delicada. Se llamaba Lía. Una noche vino a pedirle a mi esposo que le arreglara la computadora, pero desde dentro alcancé a escuchar gemidos subidos de tono. —¿Quieres probar mi nuevo piercing en la lengua? Considéralo mi pago por la reparación. Enseguida, Silvestre también empezó a gemir de placer. No pude evitar tenerle celos a Lía; hacía mucho que mi esposo no disfrutaba así conmigo. Mientras escuchaba esos gemidos, me metí despacio la mano en el pantalón, pero no logré quitarme las ganas. Dicen que el esposo de Lía tiene un aro de piercings ahí abajo; se me antojaba probarlo desde hacía rato. Si Lía se atrevió a seducir a mi esposo, entonces yo también voy a probar esos piercings.
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La ira de una esposa de la mafia

La ira de una esposa de la mafia

Todos sabían que yo, Isabella Marino, era la mayor debilidad de Vince Moretti: lo único que el jefe de la mafia nunca toleraría que fuera tocado. Hace años, cuando fui secuestrada, Vince se desarmó a punta de pistola, arriesgando la muerte para recuperarme, incluso pagando toda su fortuna por mi rescate. Para mantenerme a salvo, caminó al borde del abismo, navegando el peligro a cada paso. Después de que quedé embarazada, me atendía sin descanso, apenas permitiendo que mis pies tocaran el suelo. Había rumores de que mantenía a una amante mimada afuera, una mujer a la que malcriaba sin límites. Nunca les creí. Pero entonces ella se pavoneó frente a mí. Para rogar por mi perdón, Vince se cortó su propio dedo. Al día siguiente, esa mujer me mostró en la cara los resultados de su prueba de embarazo, burlándose y diciendo: —¡Vince quería tanto un bebé conmigo que simplemente no pudo evitarlo! Ya estaba frágil. La conmoción y la rabia me llevaron a un aborto espontáneo.
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