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Renunciando a nuestro amor

Renunciando a nuestro amor

Después de que el hermano mayor de Leo Carter falleció, su madre propuso que él se casara con la esposa embarazada de su difunto hermano, Ariel Sullivan. Leo se negó. —Fawn es mi vida —dijo con frialdad—. Prefiero renunciar a heredar la posición de mi hermano como Don antes que traicionar a mi esposa. Me conmovió profundamente su devoción. Eso fue hasta que accidentalmente escuché una conversación entre Leo y su madre. —El hijo que Ariel lleva en el vientre es claramente tuyo —dijo su madre con dureza—. Entonces, ¿por qué no quieres casarte con ella? Leo exhaló una nube de humo. Su mirada se perdió en la distancia, indescifrable. —Le prometí a Ariel que le dejaría un heredero a mi hermano —dijo con calma—. Pero esto se queda entre nosotros. Si Fawn alguna vez se entera, estoy muerto. La expresión de su madre se ensombreció. —¿Y qué si se entera? Ella ni siquiera puede tener hijos. ¿Vas a terminar con el linaje de la familia por su culpa? Leo la interrumpió, su voz repentinamente fría y peligrosa. —Si se entera, me dejará. Y no puedo sobrevivir a perderla. Si quieres un nieto, entonces mantén la boca cerrada. Me alejé tambaleándome, aturdida, y la sangre en mis venas se volvió lentamente fría. Leo me entendía mejor que nadie. Sabía que en mi mundo el amor no podía tolerar una traición. Así que, en el momento en que me traicionó, tomé mi decisión. Me marchaba.
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La esposa a la que dejó morir

La esposa a la que dejó morir

Me desangraba en una esquina tras un ataque de una familia rival. Mi esposo, Dante —el subjefe de la familia Torrino— estaba en su auto, sosteniendo a la hermanita de su mejor amigo. Me lanzó una mirada fría y dijo: —Déjala. No es nadie. Más tarde, cuando otro me salvó, caminé a casa empapada en mi propia sangre. Encontré a Dante meciendo a Serafina, preocupadísimo por ella. Ella solo tenía una rodilla raspada. ¿Y la sangre que cubría mi ropa? Ni siquiera la vio. Solo observé. No dije nada. Luego saqué mi teléfono y llamé a mi madre: —Mamá, necesito volver a casa.
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No hay amor para el Alfa

No hay amor para el Alfa

Cuando tenía tres meses de embarazo, una manada de renegados me emboscó. En los últimos momentos antes de que mi conciencia comenzara a desvanecerse, supliqué por un rescate a través del vínculo mental con mi compañero Alfa, Adrian. Pero él nunca respondió. Me llevaron de urgencia al hospital para recibir tratamiento de emergencia, solo para que me informaran que la Sanadora de Nivel Santo había sido llevada por la fuerza al sur por Adrian para tratar a Evelyn, su primer amor, después de que ella perdiera a su compañero. Cuando desperté con el dolor de haber perdido a mi cachorro, mis dedos temblaban mientras revisaba las redes sociales. Entonces vi la publicación de Evelyn. [Sabía que sin importar lo lejos que estuviera o cuánto tiempo haya pasado, Alfa Adrian siempre vendría por mí. Incluso trajo a una Sanadora de Nivel Santo para aliviar el dolor de mi corazón.] En la foto, los ojos oscuros de Adrian, que solían ser fríos y distantes, estaban enfocados en la hembra a su lado con ternura. Mientras yo luchaba por mi vida y perdía a nuestro cachorro, mi Alfa estaba protegiendo a otra hembra embarazada. Me reí de mí misma con amargura. Sentía como si la marca del vínculo en mi pecho se estuviera marchitando. Entonces marqué un número sin dudarlo. —Doctor Clark, acepto el puesto en el Instituto de Investigación de Lobos Antiguos del Norte. Sí, cuanto antes mejor. No celebraré ninguna ceremonia de despedida.
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A ella la salvó, a mí me abandonó

A ella la salvó, a mí me abandonó

Si tú y el primer amor de tu esposo sufren un accidente al mismo tiempo, ¿a quién rescataría él? Alejandro García alzó a su primer amor en brazos y se marchó. La vida se desvaneció: el hijo se había perdido y, con él, murió por dentro Sofía Herrera. Un acuerdo le había dado a Sofía la oportunidad de casarse con el hombre al que más quería. Todos sabían que había conseguido ese matrimonio luego de romper la relación entre Alejandro y su primer amor. Todo para quedárselo. Ella creyó que el tiempo lo haría valorarla, que eventualmente llegaría el momento en que él la mirara de verdad. Hasta el día en que tuvo que enterrar con sus propias manos los restos del bebé de tres meses que nunca llegó a nacer. Fue entonces cuando finalmente abrió los ojos. —Divorciémonos. Un acuerdo sencillo, para quedar a mano. Tres meses más tarde, bajo las luces brillantes y entre el murmullo de la multitud, ella subió al escenario a recibir un reconocimiento. Él la miró con sorpresa por algunos segundos antes de voltearse hacia los presentes con calma y decir: —Así es, ella es mi esposa. —¿Esposa? Sofía dibujó una sonrisa en sus labios mientras le pasaba el acuerdo de divorcio. —Disculpe, señor García, ahora soy su exesposa. Ese hombre siempre tan sereno y frío perdió el control en ese instante. Con los ojos inyectados en sangre y la voz quebrada, gritó: —¿Exesposa? ¡Yo jamás acepté eso!
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Liliana Rivas
Que novela tan mala. Los capítulos inconclusos no se supo si Alejandro se dió cuenta que Florencia no estaba embarazada. No hubo final ni se concreto nada en la historia. Lis capítulos súper largos y siempre lo mismo. De verdad para mí no merece ninguna estrella
Carolina Andrea Flores
Hasta ahora me gustó mucho... me molesta que no esté terminado pero bueno, cosas que pasan. Ahora, si se estira mucho más no voy a poder seguirla porque me estoy empiezando a aburrir. Si encima al final termina con Alejandro, me pego un corchazo. Tanto leer para que Sofia no haya aprendido nada!
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Tres Castigos para el Alfa

Tres Castigos para el Alfa

El día que Cole, mi compañero destinado, se paró frente al altar para unirse a Kate, su amor de la infancia, yo estaba ahí, de pie entre la multitud y aplaudiendo. La manada entera asumió que yo había perdido la cabeza por culpa del despecho. Cole pensó exactamente lo mismo. Se acercó hacia mí a zancadas, atrapó mi muñeca con una fuerza brutal y me gruñó una advertencia al oído: —Este es el mayor sueño de Kate, el único deseo que ha pedido en toda su vida. Está muy frágil. Quién sabe cuánto tiempo le quede. No querrás cargar con la culpa de verla morir con este arrepentimiento, ¿verdad? Le dediqué una sonrisa para ocultar mi asco y le di un trago a mi copa de champán. —Por supuesto que no —respondí. En mi vida pasada, vi a Kate burlarse de mí en mi cara mientras se escondía en los brazos de Cole. Esa vez perdí los estribos, grité a los cuatro vientos toda mi furia y arruiné la estúpida ceremonia hasta obligar al Alfa a cancelarla. Kate no soportó la humillación pública. Salió huyendo con su típica actuación de víctima y murió en un accidente de auto. Como venganza, Cole inventó cargos de traición a mis espaldas para destruir a mi manada. La Alianza encarceló a mis padres y los condenó a morir de hambre en una celda durante diez días. Yo fui exiliada. Me convertí en una renegada y encontré mi fin acorralada y despedazada por una jauría salvaje. Fallecí con una sed de venganza que me nacía del alma. Pero en esta nueva vida, le iba a dar justo lo que se merecía. Por cada traición en mi contra, le arrancaría uno de los privilegios que mi familia le otorgó a su manada. Tres traiciones. Tres privilegios. Y al final, el gran Alfa se quedaría sin nada.
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Me perdiste, hermanastro

Me perdiste, hermanastro

Cuando tenía diez años, mi madre se casó y entró en la familia Corleone, y yo la seguí hasta esa casa. Antes de que Vincent Corleone aprendiera a odiarme, alguna vez me había tratado como a una verdadera hermanita. Después, se convirtió en la persona que más daño me hizo. Él creía que mi madre había llevado a la suya a la muerte, y desde ese día se aseguró de que yo pagara por ello. Humillaciones, desprecio, crueldad… nunca me ahorró nada. Entonces Leo Moretti, el amigo más cercano de Vincent, me confesó que me amaba. Pensé que era mi salida. Sin embargo, me equivoqué. La mañana después de entregarle mi primera vez, lo escuché hablar con Vincent detrás de una puerta entreabierta. —Conseguí las fotos de su primera noche —dijo Leo en voz baja—. ¿De verdad vas a hacerlas públicas? La voz de Vincent fue tan fría que me heló la sangre. —Ella le debe una vida a mi madre. Si no puedo cobrársela de esa forma, entonces me aseguraré de que pague de otra manera. Quiero verla destruida. Fue en ese momento cuando lo comprendí: la ternura había sido falsa, y el amor… una trampa. El hombre en quien más había confiado había estado esperando desde el principio para destruirme. Lo que ellos no sabían era que, dos semanas antes, yo ya había recibido una invitación del profesor Evans, del instituto internacional de investigación médica más importante del mundo. Así que esta vez fui yo quien se marchó primero. Y nunca pensaba volver.
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Rescatada por el CEO Prohibido

Rescatada por el CEO Prohibido

Una noche de bebe, un hogar prohibido y un deseo que no puede ser controlado. Theresa Michaels acaba de terminar un noviazgo de un año y medio después de flagrar el novio en una situación comprometida. Para afogar as mágoas, ela se embebeda em uma boate de luxo, determinada a esquecer o coração partido. O que ela não esperabava era ser resgatada por Hector, um homem irresistível. Ele é protetor, dominador e o melhor amigo de su pai. ¿O qué acontece cuando una atracción explota entre ellos?
305 viewsOngoingIdinagdag sa Library 7 Beses bilang frío
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Así que hui con mis gemelos

Así que hui con mis gemelos

El día que el primer amor de mi esposo dio a luz en su lecho de muerte, mi suegro —el señor de la familia Lupo— puso a diez hombres armados frente a mi puerta. Tenían miedo de mí; les aterrorizaba que yo perdiera la cabeza, irrumpiera en la sala de partos y arruinara el nacimiento del primer heredero de la familia. Pero jamás me acerqué a la salida, ni siquiera cuando los llantos del recién nacido resonaron por todo el pasillo. Mientras tanto, la madre de Luca sostenía con fuerza la mano de la mujer en la cama del hospital, dejando escapar un largo suspiro de alivio. —Bianca, ya pasó. Esa estéril de Stella no te tocará ni a ti ni a mi nieto. Luca se inclinó hacia ella y limpió con delicadeza el sudor frío de su frente. Sus ojos desbordaban una ternura que él jamás tuvo conmigo. —No te preocupes. Mi padre ordenó cerrar todo el hospital con sus hombres. Si ella se atreve a armar un escándalo, yo mismo me encargaré de echarla de la familia y quitarle el apellido. Solo cuando confirmaron que yo no aparecería para causar problemas, él se relajó por completo. Luca no lo entendía. Desde su perspectiva, solo estaba saldando una deuda: dándole un hijo a una mujer moribunda para cumplir su último deseo. ¿Por qué yo no podía ser lo suficientemente madura para aceptarlo? ¿Por qué no lograba entenderlo? Una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios al mirar al bebé envuelto en mantas. Incluso llegó a pensar que, si yo simplemente tragaba mi orgullo, admitía mi error y mostraba un poco de piedad hacia Bianca, él perdonaría mi frialdad. Me lo compensaría permitiéndome ser la madre adoptiva del niño y dejándome seguir siendo su esposa ante el mundo. Pero lo que él no sabía era que yo ya había firmado los papeles de divorcio. En una semana, cortaría todo lazo con ellos, me llevaría a los gemelos que crecían en mi vientre y me marcharía para siempre. Jamás nos volveríamos a ver, ni en esta vida ni en la otra.
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Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí

Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí

Mi hermana adoptiva, Clara, me tendió una trampa. Afirmó que la obligué a beber sangre de bestia. El terror, según ella, le provocó un ataque al corazón. Debido a eso, mis tres amados hermanos vampiros me encerraron. Me atraparon en el observatorio, en la torre más alta, vinculada por una maldición de sangre. Golpeé la puerta, impotente, explicando y suplicándoles que me dejaran salir. Damien, mi hermano mayor y jefe de nuestra familia, me atravesó con una mirada de fría decepción. Luego, me dio la espalda. —Tu egoísmo tiene un límite, Lilith. Clara es una humana frágil. ¡Tiene una afección cardíaca! ¿La obligaste a tragar esa inmundicia? ¿Intentabas matarla? No quiero volver a ver este lado cruel de ti. Quédate aquí y piensa en lo que has hecho. Ethan, la estrella de rock, y Julian, el arquitecto gótico, ni siquiera pudieron mirarme. Sus voces estaban tensas por la ira y el agotamiento. —¡Soportamos tus berrinches, pero no para que lastimaras a nuestra familia! Nos has fallado, Lilith. Quédate ahí dentro y comprende lo que hiciste mal. Luego, levantaron con cuidado a la "inconsciente" Clara y desaparecieron por el pasillo. Pero ellos no lo sabían. El observatorio solo debía abrirse por la noche, pero algo falló. Cuando llegó la mañana, la cúpula no se cerró. La luz del sol, mortal para nosotros, entró directamente. Mi poder se evaporó. Mis gritos se convirtieron en silencio. Me convertí en cenizas. Tres días después, mis hermanos regresaron con una Clara "recuperada". Solo entonces se acordaron de mí. No tenían idea de que el sol ya me había ejecutado.
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La consentida del señor Ferrer

La consentida del señor Ferrer

Después de seis años de relación, justo cuando estaba a punto de casarse, su novio la dejó con una sola frase: —Mi padre nunca permitirá que alguien con tu origen entre en nuestra familia. Valeria Mendoza sintió una burla amarga en el pecho. No necesitaba que le explicaran nada más. La verdadera razón era evidente: el gran amor de Sebastián Ferrer había regresado… y ella ya no tenía lugar. Cuando estaba completamente destruida, apareció el verdadero dueño del imperio Ferrer, el soltero más codiciado de Santa Verona, Alejandro Ferrer, con una propuesta inesperada. —Cásate conmigo. Tendrás todo lo que quieres… y también podrás vengarte de él. La buena noticia: Diez millones al mes para gastar, recursos ilimitados, un esposo que supuestamente viajaba todo el tiempo por trabajo y una convivencia sin interferencias. Además, podía aplastar a su ex solo por el estatus de la familia Ferrer. La mala noticia: Lo de los viajes de negocios era mentira. Lo de “no molestarse” también. La misma noche en que firmaron el acta de matrimonio, Alejandro la acorraló contra la cama y la besó hasta dejarla sin aire. Desde entonces, volvía a casa cada noche, con un interés peligrosamente constante por su “vida matrimonial”. Más tarde, Sebastián se arrodilló en público suplicándole que volviera con él. Alejandro rodeó la cintura de Valeria y lo miró con frialdad. —Sebastián, si vuelves a decir una estupidez, te saco de la familia Ferrer. Cuando la noche caía en silencio, Alejandro enterraba el rostro en el cuello de Valeria y murmuraba con voz baja y áspera: —Valeria… olvida a los demás. Ámame solo a mí, ¿sí? —Valeria, ¿en quién estás pensando? —Valeria, solo puedes pensar en mí. —Valeria… tengamos un bebé, ¿sí? *** Valeria siempre creyó que su matrimonio con Alejandro era solo un intercambio de intereses. Un acuerdo frío donde ambos salían ganando. Por eso nunca se atrevió a entregarle su corazón. Hasta que descubrió la verdad. Aquel matrimonio que la había salvado del infierno…había sido planeado por él durante seis años enteros.
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