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La Verdadera Sangre Pura

La Verdadera Sangre Pura

Los vampiros solo tomaban un compañero en toda su vida. Y aun así, mi esposo vampiro se negaba a reconocerme a mí, su consorte humana, unidos por un matrimonio de alianza. La noche de nuestro décimo aniversario de bodas, Jason trajo a otra mujer a mi cama. Llevaba puesto mi camisón, y esperaba una cría de él. Y en mi mano, yo sostenía una prueba de embarazo que acababan de confirmarme. —Sé razonable, Elena. Jessica lleva a mi cría en su vientre. Me necesita. Ve a dormir a la habitación de huéspedes. Lamento la molestia. Mi esposo protegió a la otra con una sonrisa pulida y caballerosa, aunque su mirada conservaba la misma indiferencia de siempre. Cuando me vio paralizada en la puerta, Jason asumió que haría lo de siempre: Gritar. Llorar. Exigirle que me explicara por qué seguía haciéndome esto. Pero no sabía que esta vez era diferente. El pacto de diez años se cumplió, y por fin lo iba a dejar para siempre.
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La Heredera Traicionada

La Heredera Traicionada

En mi vida pasada, mi hermano, solo porque su amante dijo que quería ver una lluvia de estrellas, se llevó a todos sus guardaespaldas y manejó hasta las afueras para armarle una noche bajo las estrellas. Ni se lo esperaba, pero los enemigos que mi hermano había jodido aprovecharon la oportunidad, y se metieron a la casa queriendo acabarnos por venganza. Mi madre luchó a muerte para protegerme, quedando fatalmente herida, debatiéndose entre la vida y la muerte. Llamé mil veces al celular de mi hermano, rogándole que se regresara cuanto antes para rescatarnos. Al final, no le quedó más remedio que regresar con sus guardaespaldas. Atraparon a los enemigos, pero de las afueras llegaron noticias horribles. La amante de mi hermano había dejado una carta de despedida, y no se sabía si seguía viva o no. En la carta me echaba la culpa a mí, decía que yo había alejado a mi hermano a propósito, y que por eso los enemigos la habían torturado, y al final se había suicidado. Mi hermano, bien frío, quemó su carta y me dijo que no le diera tantas vueltas. Después del incidente, culparon a mi hermano, y mi padre prometió dejarme a mí el manejo de la empresa familiar. Pero, después de que se acabó la cena de celebración, mi hermano me asesinó cruelmente en mi recámara. Con cara de nada, me dijo con frialdad: —Alguien tan malvada como tú ya debería haberse muerto hace mucho. ¡Tú eres la que debería estar muerta, y el derecho de heredar la familia también debería ser mío! Morí con los ojos abiertos, y, cuando «volví en mí», afuera de la mansión se oía cómo los enemigos forzaban la puerta.
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Desalojando a la heredera

Desalojando a la heredera

Con ocho meses de embarazo, la secretaria de mi esposo hizo que congelaran todas mis tarjetas bancarias. Por teléfono, soltó una risa fría y dijo: —A partir de ahora, cada centavo que gastes necesita mi aprobación. Jack trabaja demasiado duro como para desperdiciar su dinero en una mujer inútil que solo sabe ir de compras. Ese mismo día, me llevaron de urgencia al hospital con contracciones. Pero, cuando intenté pagar, todas las tarjetas que intenté usar fueron rechazadas. Y, como si eso no fuera suficiente, también había sacado a mis padres de su suite privada para adultos mayores y los había trasladado a la habitación más barata disponible. ¿Su razón? Dos viejos comunes no tenían derecho a desperdiciar el dinero de Jack. Me reí. Ella no tenía idea de que esos «viejos comunes» eran el Don y la Donna de la familia Bellandi, la pareja que había controlado el bajo mundo de Italia durante décadas. No tenía idea de que la empresa de Jack, su reputación, su fortuna… todo lo que poseía había venido de la familia Bellandi. Mis padres ya tenían planeado retirarse por completo después de que naciera mi hijo, e iban a entregarme toda la familia. A mí… Y a Jack. ¡Qué lástima! Jack había permitido que ella humillara al único poder real junto al que alguna vez tendría la oportunidad de estar. Tres días después, Jack organizó una fiesta de bienvenida para su misterioso inversionista. Frente a todos, su secretaria marcó el número del inversionista. Al segundo siguiente, sonó mi teléfono.
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La Falsa Susurradora de Cadáveres

La Falsa Susurradora de Cadáveres

Tras presentar mi solicitud para dejar el cargo de jefa de Medicina Forense y pedir el traslado a un puesto administrativo, en la comisaría a todos se les iluminó la cara. Sonrisas por todas partes. Aprobación unánime. Solo Olivia Montoya, la nueva forense… la "mejor amiga de la infancia" de mi novio, se vino abajo. La que se hace llamar la "Susurradora de Cadáveres". Entró hecha una fiera, me agarró con fuerza de la bata y, con los ojos enrojecidos, soltó: —Aunque tu técnica ya está pasada de moda, de verdad espero que te quedes. ¡Que sigas dándoles voz a las víctimas! Le aparté la mano con frialdad, recogí mis cosas y me di la vuelta para irme. Porque en mi vida pasada, ella se presentaba igual: decía que podía oír los susurros de los muertos y saber lo que habían vivido antes de morir. Yo me mataba trabajando: autopsia tras autopsia, revisando una y otra vez, redactando informes de autopsia con cada detalle. Ella, en cambio, solo necesitaba echarle un vistazo al cadáver… y podía recitar mi informe palabra por palabra, sin equivocarse ni una coma. Las familias de las víctimas la veneraban como si fuera un milagro andante. A mí me miraban con desprecio. Decían que yo profanaba al difunto, que no lo respetaba. No lo acepté. Me negué a rendirme. Me dejaba la vida en cada autopsia… pero ella siempre se me adelantaba, escupiendo toda la verdad como si ya la tuviera en la palma de la mano. Hasta que una familia, llevada al límite, me odió por ultrajar a su difunto. Me secuestraron. Me descuartizaron. Y me abandonaron en un baldío. Cuando volví a abrir los ojos… Había renacido justo el día en que Olivia anunció, por primera vez, que era la "Susurradora de Cadáveres".
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La esposa falsa del CEO

La esposa falsa del CEO

Un matrimonio comprado. Un deseo incontrolable. Un imperio en juego. Lorenzo Moretti no seduce. Él domina. Un CEO multimillonario temido en toda Europa, Lorenzo gobierna Milán como un rey moderno: frío, despiadado, intocable. Hasta que el testamento de su abuelo lo atrapa con una única y humillante condición: para conservar el imperio, debe tomar una esposa. Sin amor. Sin romance. Solo estrategia. Sofia Duarte está rota. El estudio de su familia se ahoga en deudas, su padre está destruido y el legado que juró proteger está a punto de ser borrado. Cuando Lorenzo le ofrece un trato obsceno —matrimonio a cambio de salvación—, ella odia cada palabra… y acepta. Un contrato. Doce meses. Una casa. Una cama. Una imagen perfecta. Lo que Lorenzo compra es una esposa. Lo que obtiene es una mujer que se niega a inclinarse. Entre discusiones explosivas, proximidad forzada y juegos de poder que se convierten en seducción, el odio comienza a arder. Las miradas duran demasiado. Los roces cruzan líneas prohibidas. La respiración cambia. Y cuando la tensión finalmente se rompe, no es suave. Es fuego. Porque Lorenzo no sabe amar, sabe poseer. Y Sofia no sabe obedecer, ella desafía, provoca y lo enciende. Mientras los enemigos se acercan al imperio y la prensa busca grietas en su perfecta mentira, el contrato se convierte en una jaula dorada donde el deseo se transforma en arma, debilidad y adicción. Él la compró para salvar su trono. Ella se casó con él para salvar a su familia. Ninguno de los dos estaba preparado para lo que sucede cuando el CEO más peligroso de Milán pierde el control… en la cama, en el poder y en su corazón. Lujo. Dominación. Proximidad forzada. Matrimonio por contrato. CEO obsesivo. Heroína fuerte. Tensión sexual que se convierte en incendio.
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La falsa muerte de la Donna

La falsa muerte de la Donna

Cuando Elijah me engañó, no lloré ni armé un escándalo. Simplemente fingí que no sabía nada. Cuando tuvo a Naomi como amante, me tragué el dolor y lo soporté todo. Después de todo, tenía un hijo hermoso con Elijah. El niño me amaba y yo quería darle una familia completa. Pero todo cambió el día que descubrí que mi propio hijo Kai iba con Elijah a esa otra casa y llamaba "tía Naomi" a esa mujer con tanto cariño. En ese instante decidí que no aguantaría una sola humillación más. Le dije a mi amigo de la infancia que quería el divorcio. Me miró fijamente y dijo: —Hazel, todos en Neópolis saben que Elijah te ama más que a su vida. Su influencia abarca toda la ciudad. Dejarlo no va a ser fácil. Sin embargo, respondí con frialdad: —Entonces que Hazel muera. Que muera frente a Elijah. Que vea desaparecer a su esposa con sus propios ojos. A partir de ese momento, no quedará ninguna Hazel Foster en este mundo. Cuando me enteré de que Kai prefería a Naomi, me di cuenta de que haber soportado todo durante los últimos dos años no había sido más que un mal chiste. Esta vez, se acabó: ya no quiero a mi esposo, y tampoco quiero a mi hijo.
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La Venganza de la Heredera

La Venganza de la Heredera

Durante siete años, fui el secreto mejor guardado de Dante Castellano, mi novio y jefe de la mafia. Nada de apariciones públicas. Cero fotografías juntos. Ni siquiera una sola prueba de que yo hubiera estado a su lado. —En cuanto tenga el poder suficiente para que nadie se atreva a ponerte un dedo encima, lo haremos oficial —me juró. Y yo, como una ingenua, le creí. Un día antes de nuestro séptimo aniversario, encontré un anillo con un diamante de diez quilates oculto en el bolsillo de su saco. Lloré de alegría. Pensé que siete años de vivir en las sombras por fin habían terminado. A la mañana siguiente, me puse mi vestido más caro y me rocié el único perfume que él me había regalado. Ensayé mi mejor sonrisa frente al espejo. La misma que le dedicaría cuando se pusiera de rodillas. Entonces, la pantalla de mi teléfono se iluminó con una alerta de última hora. [ÚLTIMA HORA: Una historia de amor de siete años llega a su final perfecto. ¡La bloguera Alessia Romano acepta la propuesta número cien de su novio!] En la fotografía, la estrella de internet con ocho millones de seguidores se ponía de puntillas para besar a un hombre. Él le sostenía la nuca con la mano. En esa misma mano resaltaba una cicatriz inconfundible. Era la marca que le quedó a Dante cuando recibió una puñalada para salvarme la vida.
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La Falsa Demencia de la Donna

La Falsa Demencia de la Donna

Durante tres años fui la Donna de los Valenti, una familia que no dejaba de ganar poder. Un día, Enzo se reunió en un club privado de puros. Como me preocupaban sus problemas de estómago, fui a llevarle sus antiácidos de siempre. Me quedé afuera del salón privado y escuché reír a sus hombres. —Don Enzo, ¿de verdad va a seguir escondiendo a Clara en la mansión de Lago Plateado toda la vida? —Esa heredera Moretti, la loca de la casa principal, sigue paseándose como si fuera la Donna de la familia Valenti. Enzo se masajeó el puente de la nariz. —Si no se hubiera llevado un balazo en la cabeza por salvarme ni perdido la razón, y de no haber necesitado yo con tanta urgencia el dinero de su familia, jamás me habría involucrado con una mujer ajena a esta vida. Suspiró con desprecio antes de sentenciar con frialdad: —Pero Clara es mi esposa legal. El fideicomiso familiar y el acta de matrimonio del registro civil están a su nombre. Stella no es más que un juguete que tengo guardado en la casa principal. En cuanto Clara dé a luz a un heredero, la traeré a casa para siempre. Apreté la caja de antiácidos hasta que mis nudillos palidecieron; el cartón se arrugó en mi mano. En la iglesia, él había intercambiado conmigo juramentos de sangre y anillos, pero fue Clara quien firmó los papeles en el registro civil. Me tomó por estúpida con tal de proteger la reputación de esa mujer. Apretando la caja contra mi pecho, di media vuelta y volví a perderme entre las sombras. Él no tenía ni idea de que yo había recuperado la cordura hacía tres días. Jamás se imaginaría que ya le había enviado un mensaje cifrado a mi hermano, quien dirigía un imperio empresarial desde nuestro hogar en Solaria, al otro lado del océano. Estaba harta de cargar con ese maldito título de los Valenti.
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La Falsa Traición, los Años Perdidos

La Falsa Traición, los Años Perdidos

Cuando Samuel Ledesma trajo a su nueva amante a casa por décima octava vez y hicieron el amor frente a mí, yo solo me limité a recoger en silencio la ropa que habían dejado tirada por todo el suelo. Sabía que eso era su venganza. Hace cinco años, sufrió un secuestro y estuvo a punto de morir. A pesar de sus súplicas desesperadas, yo decidí romper con él y marcharme del país. Cinco años después, se convirtió en el presidente de una empresa que cotizaba en bolsa y usó su dinero para mantenerme a su lado como su asistente. Cada cierto tiempo, traía a diferentes mujeres a casa y me mostraba, justo delante de mí, lo enamorados que estaban, solo para humillarme. Pero él no sabía que la persona que lo salvó de los delincuentes hace cinco años fui yo, y que la que no ha podido olvidarlo durante estos cinco años también era yo. Hasta que esta vez, la mujer que trajo a casa fue mi prima Judith, a quien yo había financiado durante años. Cuando ella, con una sonrisa de triunfo, acariciaba su vientre y me dijo que estaba embarazada de Samuel, yo simplemente la felicité con calma. Luego me di la vuelta y marqué un número. —Hola, respecto al proyecto de apoyo médico en la zona epidémica del que hablamos antes, ya lo he pensado bien. Estoy dispuesta a unirme.
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El Precio de Humillar a la Heredera

El Precio de Humillar a la Heredera

Casi morí desangrada en la camilla del hospital para darle a la familia Rossi su ansiado heredero. Pero, Carter, mi esposo y subjefe de la mafia, permitió que Sofía, su sombra y confidente, sostuviera una cámara mientras yo daba a luz. Grabó cada detalle solo porque estaba aburrida: la pérdida de control de mi cuerpo, mis gritos desgarradores y mi rostro retorcido por la agonía. Y lo peor vino después. Ella guardó capturas de mi sufrimiento, hizo memes y los filtró en el chat privado de su círculo íntimo, solo con el objetivo de burlarse de mi dolor. A los pies de la cama, creyendo que yo seguía inconsciente, Sofía se reía en mi cara. —¡Carter, esto es lo mejor que he visto en mi vida! Siempre sabes cómo complacerme. Pero Sloane se va a volver loca cuando despierte y vea todo lo que hice. La anestesia aún nublaba mis sentidos y los párpados me pesaban demasiado. No obstante, a través de la bruma del dolor, logré escuchar el tono cínico de mi esposo. —No se va a molestar —aseguró—. Ya sabes cómo es Sloane. Siempre hace todo lo que le pido. Le digo unas cuantas mentiras al oído y listo. Y ahora que nuestro heredero nació, la pobre jamás me dejará. Apreté los puños debajo de las sábanas. Recordé todos los sacrificios que hice por él durante los años que estuvimos juntos. Carter olvidó por completo había sido la mujer que lo convirtió en el hombre que gobernaba las calles. Ya que él disfrutaba jugar con mi vida, me prometí que le iba a demostrar cómo se jugaba de verdad. Los haría pagar por cada segundo de burla y humillación que me hicieron pasar.
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