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Términos de Rendición

Términos de Rendición

Romance, seducción y un dulce sabor a venganza. Destruida por la traición de su prometido, Patricio Garza, Valeria Rivas hace lo impensable en una noche de desesperación: llama a la puerta de Damián Figueroa, el enigmático y peligrosamente atractivo magnate al que todos temen y desean en secreto. Lo que sigue es una noche de rendición absoluta, un fuego que consume toda razón y la deja marcada para siempre. Para Valeria, fue un acto impulsivo de revancha contra el hombre que le rompió el corazón. Poco imaginaba que acababa de caer en la red exquisitamente tejida por Damián, un hombre acostumbrado a conseguir siempre, exactamente, lo que desea. Valeria Rivas, antes la joya de la alta sociedad, admirada por su belleza, pero tristemente célebre por haberse humillado por amor a Patricio. La infidelidad la convirtió en el foco de los chismes de la ciudad, un hazmerreír público. ¿Quién diría que su caída más estrepitosa la llevaría directamente a los brazos del hombre más poderoso e inalcanzable de todos? Ella creyó que esa noche prohibida sería un borrón y cuenta nueva, un adiós silencioso. Él decidió que era solo el principio de su plan. Damián Figueroa no estaba dispuesto a soltar a la mujer que había despertado algo inesperado en él. Una noche, él la acorrala en su puerta. Su mirada arde con una mezcla de reproche y una posesión que la hace estremecer. —¿Creíste que podías usarme y luego marcharte como si nada? Desde entonces, escapar se vuelve una fantasía inútil. Cada noche, Damián la reclama, llevándola al límite entre el dolor y un placer adictivo que la deja temblando, agotada pero sintiéndose, para su propia confusión, más viva que nunca. «¡Dios mío! ¿Por qué este hombre... por qué es tan imposible resistirme a él?»
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Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre

Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre

Después de descubrir que mi esposo, Leonardo Marchetti, no lograba olvidar a su primer amor, empecé a enseñarle a nuestra hija Sofia a llamarlo “tío Leonardo”. Un día, Sofia se torció el tobillo en la escuela. En plena madrugada, Leonardo recibió una llamada: era Valentina quien lloraba al otro lado de la línea porque su hija, Lily, había tenido una pesadilla y no paraba de gritar que quería un padre. Leonardo se fue sin decir una palabra. Mientras le ponía una compresa de hielo en el tobillo hinchado a Sofia, le susurré: —Di “Adiós, tío Leonardo”. Leonardo prometió ir al día deportivo de la escuela de Sofia. Entonces llamó Valentina, sollozando que Lily no tenía un padre que corriera con ella la carrera de tres piernas. Él se largó sin pensarlo dos veces. En esa ocasión, solo le pasé el celular a Sofia y le dije que avisara a su maestra: —El tío Leonardo dice que no va a poder venir. Cada vez que pasaba, Sofia dudaba. No entendía por qué la obligaba a hacer eso. Hasta que, un día, Leonardo por fin se dio cuenta de lo mucho que nos había fallado. Dejó de lado todos sus asuntos de la mafia para asistir al recital de piano de Sofia y juró que no se lo perdería. Sofia esperaba tras bambalinas con los demás niños. Entonces vibró el celular de Leonardo. Era Valentina. No alcancé a escuchar lo que dijo, pero podía adivinarlo. Lily lloraba. Lily lo necesitaba. Lily no tenía padre. Leonardo regresó a donde yo estaba. Pero antes de que pudiera empezar con sus excusas, Sofia habló desde el escenario. —Está bien, tío Leonardo. Ve a cuidar a tu otra hija. Con que mamá se quede aquí a verme es suficiente.
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Elixir de Venganza

Elixir de Venganza

El elixir de sangre que preparé ganó el primer lugar en la Ceremonia de la Corte Nocturne, pero mi hermana adoptiva me lo robó y se llevó todo el mérito. Ella creyó haber tocado el cielo con las manos. No tenía ni idea de que el premio era, en realidad, un contrato nupcial con el príncipe vampiro Kaelan Nocturne. Un hombre con fama de ser un monstruo. Cuando llegó la propuesta de matrimonio, mi prometido, un archimago, decidió «protegerla». No perdió tiempo: la vinculó con una marca de sangre y se la llevó a la cama. Horas después, mi hermana regresó presumiendo la herida fresca en su cuello como un trofeo de guerra. —Ay, hermanita, tu hombre me reclamó. En tres días vas a cumplir veinticinco años. Si nadie te reclama, el Registro Nupcial te va a echar a los brazos de cualquier mercenario frustrado y violento. Pero se equivocó. Yo siempre tuve otra opción. Me acerqué a mis padres, que estaban desesperados por tramar un plan para arreglar su desastre, y anuncié con toda la calma de la noche: —Si ella no quiere casarse con Kaelan Nocturne, lo haré yo.
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Poción de amor

Poción de amor

En mi vida pasada, a escondidas vertí una Poción de Amor en la copa de mi compañero destinado, Jason Green, el Alfa de mi manada, y, tal como esperaba, se enamoró de mí. Celebramos la ceremonia de vínculo más grandiosa en la historia de la manada y nos convertimos en la pareja que todos envidiaban. El efecto de la Poción de Amor duraba siete años, pero yo, ingenua, creí que eso bastaría para ganarme su corazón de verdad. Pero Lilian Foster, la amiga de la infancia de Jason, cambió su propia lengua con una bruja del mercado negro a cambio del antídoto. En cuanto la verdad salió a la luz, el amor en los ojos de Jason se volvió un odio que me atravesó hasta los huesos. Sin perder tiempo, me vendió al mercado negro como sujeto vivo para experimentos y me obligó a beber un Frasco de Hechizo Corrosivo. Se me pudrió todo por dentro y morí de puro dolor. Ahora, he vuelto atrás en el tiempo, sosteniendo una vez más esa misma botella de Poción de Amor. Sin embargo, esta vez no dudé y me la bebí toda de un solo trago. «Jason, no volveré a rogar por tu amor. Me amaré a mí misma», me juré. Por eso , no pude evitar sorprenderme cuando fue él quien acabó arrepintiéndose.
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22cm de Clases

22cm de Clases

—Ay sí… sí… qué rico… En el dormitorio de chicas, la muchacha desnuda dejó escapar un sonido parecido a un sollozo. Arqueó el cuerpo delicado hacia adelante, apretó la sábana con las dos manos y se quedó tiesa. La abracé con fuerza hasta que se desplomó sobre la cama sin fuerzas. Y en ese momento giré la cabeza y me crucé con la mirada de su compañera de cuarto. Aquella chica también tenía la cara encendida de vergüenza. Su mano se movía al ritmo de mis embestidas, complaciéndose a sí misma, como si fuera ella a la que yo estuviera cogiendo…
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Flor de Espinas

Flor de Espinas

Ariadna Luján arriesgó su vida por salvar a Fabián Morales, y eso le costó su audición. A pesar de su sacrificio, tuvo que aguantar las burlas y humillaciones por parte de los amigos de él. Por ello, aunque corría el riesgo de quedar con muerte cerebral, Ariadna decidió operarse para poder volver a oír. Cuando la cirugía salió bien, quiso compartir su alegría con su prometido, pero Fabián, borracho, estaba pensando en otra mujer durante un momento íntimo. Ahí, ella se dio cuenta de que él nunca había olvidado a su primer amor. Con el corazón roto, Ariadna por fin abrió los ojos y tomó la decisión de irse lejos, dejándolo todo atrás, incluso a Fabián.
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Renacida, adiós a la esposa del Don

Renacida, adiós a la esposa del Don

Cuando mi hermana menor se fue al extranjero, terminé casándome con el Don de la mafia en su lugar. Cinco años después, no éramos más que dos extraños que se odiaban a muerte. Él me despreciaba, de verdad. Estaba convencido de que había echado a mi hermana para quedarme con su puesto, armando todo un plan. Por mi parte, lo odiaba, porque siempre me trató como si fuera un simple reemplazo, negándome un lugar en el mundo. Mi falta de lugar en esa casa avergonzó tanto a mis padres, que el amor que me tenían se pudrió hasta volverse odio. Al final, mientras ellos celebraban la Navidad con mi hermana, él y mis padres me dejaron tirada en esa montaña nevada. Bajo ese frío que calaba los huesos, di mi último aliento junto al hijo que nunca pude cargar en mis brazos. Mientras yo me consumía en el frío, ella era el centro de atención, disfrutando de todo el cariño en la mejor Navidad de su vida. Pero al abrir los ojos de nuevo, estaba de vuelta en el día que ella regresó. Esta vez, no pienso mendigarles ni un poco de amor ni a Gideon ni a mis padres.
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Esposa de un Don, Sombra de su Pasado

Esposa de un Don, Sombra de su Pasado

Una noche, muy tarde, un hilo explotó y llegó a la portada de un famoso foro en lo más profundo del inframundo de Nueva York. El autor de la publicación había rescatado una vieja consigna: «Nombra tres palabras que resuman tu juventud». Entonces, una cuenta que llevaba años inactiva apareció en las respuestas. Su avatar era la silueta a contraluz de una chica con vestido blanco, y su nombre de usuario era: Seraphina. Era Seraphina Rossi, la heredera de la familia Rossi, la reina indiscutible del inframundo de Nueva York. Vibrante. Apasionada. Y Rico Valentino. El heredero indomable de los Valentino y la deslumbrante heredera de los Rossi se habían amado con intensidad alguna vez, solo para que todo terminara en un amargo arrepentimiento. Casi todos en el bajo mundo de Nueva York habían visto cómo se desarrollaba aquella ruptura. Yo incluida. Giré la cabeza y miré al hombre que dormía a mi lado. Ese era el hombre junto a mí: el chico imprudente que una vez había dominado las calles de Queens con los puños desnudos, ahora convertido en el Don de la familia Valentino. Sereno. Inquebrantable. Y no me amaba. Siempre supe que Rico seguía en contacto con Seraphina. Que se había reunido con ella en secreto más de una vez. Por eso se había negado a hacer público nuestro matrimonio. Su excusa siempre era la misma: —Mantener tu identidad fuera del radar evita que nuestros enemigos te conviertan en un blanco. Pero yo sabía que era yo quien estaba entre Rico y la mujer a la que él nunca había dejado de amar. Si los tres íbamos a seguir lastimándonos así, prefería irme y dejarlos estar juntos. Ya había tomado una decisión: me divorciaría de Rico.
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Más allá de la sombra de la familia

Más allá de la sombra de la familia

Desde que tenía dos años, Elara Vane se convirtió en el banco de sangre personal de su hermana gemela después de que a la niña le diagnosticaran un raro defecto genético. Los médicos predijeron que su hermana no viviría más allá de los dieciocho años, así que sus padres y su hermano la consintieron y la pusieron siempre en primer lugar en todo. Incluso culpaban a Elara, acusándola de «robarle» los nutrientes a su hermana en el vientre, afirmando que por eso ella había nacido enfermiza. En su vida pasada, nadie en la familia la amó. Solo su prometido, Dante, permaneció verdaderamente a su lado. Pero Elara nunca imaginó que el amor de Dante tenía sus propios planes. Y así fue, hasta que su hermana cayó accidentalmente por un acantilado y necesitó una transfusión completa de sangre. Dante firmó el consentimiento sin pensarlo dos veces, enviando a su prometida a la mesa de operaciones para que fuera la donante. Allí, mientras su sangre se drenaba y su conciencia se desvanecía, Elara juró que, en otra vida, ¡jamás volvería a ser la bolsa de sangre de su hermana! Y entonces, la próxima vez que abrió los ojos, estaba de vuelta en el día después de su compromiso con Dante…
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Justicia De Plata

Justicia De Plata

Después de mi chequeo médico, estoy por salir de la enfermería de la manada, que se encuentra en el territorio de mi primo, cuando una sanadora toda maquillada me sujeta del brazo. —¡Ni un paso más! ¿En serio crees que puedes romper algo en la enfermería e irte así como si nada? ¡Ni lo pienses! Miro su cara desconocida y parpadeo, sintiéndome confundida. —¿Qué fue lo que rompí? Señaló los frascos de cristal de las repisas y arrugó la nariz con un gesto exagerado de asco. —¡Apestas! Tu olor contaminó todas las pociones y ahora no sirven para nada. El Alfa Xander las compró carísimas; todo vale quinientos mil. También me tienes que pagar por el daño emocional que me causaste, que son otros doscientos. —En total son setecientos mil. ¿Vas a pagar en efectivo o con tarjeta? Mi olor es una mezcla de violetas y ámbar. Es distinguido y elegante, como un atardecer de invierno. Entiendo que no a todos les guste ese aroma, ¿pero cómo puede decir que es contaminación? ¡Por favor! No entiendo por qué la enfermería en el territorio de Xander funciona como si fuera una red de extorsión. Me río de puro coraje y le digo: —Soy la prima del Alfa Xander. Yo no pago ni un centavo en su territorio. Si alguien tiene un problema con eso, que venga él y me lo diga a la cara. Pero la sanadora solo puso los ojos en blanco. —Ay, por favor. ¿Crees que con esos trucos tan baratos vas a llamar la atención de mi Alfa? ¡Ya quisieras! Si no pagas ahorita mismo, te voy a desnudar y te voy a aventar a la calle para que todos huelan lo asquerosa que eres. No tiene idea de a quién está amenazando. Respiro y me pongo en contacto con mi Beta. —Dile a Xander que, o destierra a esta sanadora de la manada, o yo lo desterraré a él.
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