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Mi Novio Me Entregó a los Zombis

Mi Novio Me Entregó a los Zombis

En pleno apocalipsis zombi, mi novio, José Halabe, insistió en retrasar la evacuación. Todo para que Susana Campuzano, su amiga de la infancia, también pudiera alcanzar el último grupo de helicópteros de rescate. Pero esa era la última operación de evacuación desde que estalló el brote zombi. También era la única salida con vida para nuestro equipo de sobrevivientes. Al ver que ella seguía sin aparecer, no me quedó más opción que noquear a José y subirlo conmigo al helicóptero. Al final, Susana terminó devorada por la horda de zombis. Yo, en cambio, logré sobrevivir gracias a esa decisión. Después, viví una vida tranquila y feliz con José en la zona segura. Pero la noche antes de que asumiera el mando del sector, justo cuando me preparaba para liderar al ejército humano en el contraataque, José me echó un sedante en el agua. Luego me arrojó directo a una horda de zombis. Cientos, quizá miles de zombis me abrieron el vientre y me devoraron viva, hasta que morí en medio de un dolor insoportable. Él, en cambio, estaba de pie en lo alto de la muralla y soltó una carcajada helada. —Por culpa de tu egoísmo, Susana también perdió la oportunidad de vivir. Tenías que sentir en carne propia el dolor que ella sufrió. Tenías que pagarlo con tu vida. Al volver a abrir los ojos, regresé al día en que José insistía en retrasar la evacuación. Ya que tanto quería vivir y morir junto a Susana, entonces yo misma haría que terminara sirviendo de comida para los zombis junto con ella.
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Cenizas de un amor roto

Cenizas de un amor roto

Mi hermana y yo somos gemelas, y ambas sufrimos de una enfermedad renal muy grave. Después de mucho tiempo, por fin había dos riñones disponibles para nosotras, y los médicos decidieron que nos tocaba uno a cada una. Sin embargo, mi hermana se desplomó en los brazos del hombre con el que yo me iba a casar, llorando, quería los dos riñones para ella sola. Yo me negué, pero ese hombre me encerró en un cuarto, permitiendo que mi hermana se sometiera a la operación de trasplante y se quedara con los dos riñones. Él presionó mi frente con firmeza y me advirtió: —Tu enfermedad no es tan grave como la de tu hermana. Ella solo quiere vivir como una persona normal. ¿Por qué eres tan egoísta? ¿No puedes esperar otro riñón? Pero él no sabe que realmente no puedo, porque estoy a punto de morir.
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¡Me casé de verdad y ahora se mueren de arrepentimiento!

¡Me casé de verdad y ahora se mueren de arrepentimiento!

Lonzo Hernández por fin aceptó mi propuesta de matrimonio. Me pidió que me arreglara preciosa porque, según él, tenía una sorpresa preparada. Cuando llegué, radiante, a la ceremonia… no había novio. Lonzo se volvió hacia mi hermanastra, Amarissa Jiménez, y le sonrió: —Dices que las bodas son tediosas. Hoy voy a mostrarte una que sí es divertida, ¿va? El maestro de ceremonias ―mi hermano Macerio Jiménez― alzó la voz: —¡La boda queda pausada! Mi amigo de la infancia, Guillermo Mendoza, soltó el globo de agua que tenía listo sobre mi cabeza y me empapó de pies a cabeza. Lonzo arqueó las cejas, burlón: —Alfreda, solo era una broma. ¿De veras creíste que me casaría contigo? Aquella “boda” no era más que una farsa para animar a la deprimida Amarissa. Yo callé; él insistió con una risita: —Si traes tantas ganas de casarte, elige a cualquiera de los invitados y cásate con él. Cuando aparecí del brazo de un verdadero novio… se les borró la sonrisa.
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Noventa y Nueve Renuncias

Noventa y Nueve Renuncias

Cuando sufrí un ataque agudo de apendicitis, mis padres, mi hermano y mi prometido estaban ocupados celebrando el cumpleaños de mi hermana menor. Llamé una y otra vez desde la puerta del quirófano, buscando que algún familiar firmara el consentimiento para mi operación, pero todos colgaron sin piedad. Mi prometido, Gabriel Gómez, me envió un mensaje después de rechazar mi llamada: "No hagas berrinche, Sofía. Hoy es la fiesta de mayoría de edad de Luna. Hablemos después del banquete." Apagué el celular y firmé el consentimiento quirúrgico con calma. Era la novena y noventa vez que renunciaban a mí por Luna Ramos. Así que esta vez, soy yo quien renuncia a ellos. Ya no me duele su favoritismo. Al contrario, comencé a obedecer cada una de sus peticiones, sin cuestionar nada. Todos creyeron que por fin me había vuelto sensata. Nadie imaginaba que en realidad, me estaba preparando para desaparecer para siempre.
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Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa

Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa

Durante cinco años, Gideon, el Beta de la manada de Moonstone, y yo mantuvimos un romance secreto. El plan era anunciar, en el festival del Solsticio de Invierno, que íbamos a completar el vínculo. Pero, en lugar de eso, exhaló su aliento cálido contra mi oído para decirme: —Cariño, llevamos cinco años acostándonos y ya me aburriste. Búscate a otro lobo que te reclame para la ceremonia, ¿de acuerdo? No derramé ni una sola lágrima. Le sostuve la mirada con total serenidad. —Bien —acepté. Mi reacción lo descolocó. Él no sabía que en mi vida pasada le supliqué que me reclamara y lo hizo, completamos el vínculo, pero todo resultó ser una farsa. Jamás volvió a despertarme rozando su barbilla áspera contra mi frente. Incluso al hacer el amor, mantenía los ojos cerrados: solo usaba mi cuerpo para desahogarse mientras pensaba en su salvadora, Aveline. Pude entenderlo todo cuando llegó mi muerte. Mientras yo agonizaba en el parto de nuestro cachorro y luchaba por sobrevivir, él me abandonó. Corrió a consolar a Aveline, que estaba en otra camilla, para que no pereciera por una herida causada por un cuchillo de plata. Aprendí que un vínculo por el que tienes que rogar no es amor. Es una condena imposible de sanar. De vuelta a mi nueva vida, me aparté con una sonrisa y le quité la mano de mi cintura. —¿Por qué me miras así? —Mi tono de voz lo sorprendió aún más—. Tú estás aburrido de mí y me ordenaste buscar a otro. Solo sigo tus órdenes.
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Mi muerte convirtió al Don en un lunático

Mi muerte convirtió al Don en un lunático

Se supone que es un castigo, pero termina conmigo muriendo congelada en el congelador. Mi prometido, Carlo Vesta, también conocido como el heredero de la familia Vesta, solo recuerda que existo tres días después. Ahora, simplemente floto alrededor mientras lo veo abrazar mi cadáver congelado, con su cuerpo temblando violentamente. Noto cuán rota es su expresión y, pronto, soy testigo de cómo va armando la verdad que me llevé conmigo a la tumba. Es demasiado tarde, Carlo. Pero está bien. Estoy justo aquí, observándote. Quiero ver cómo vas a enfrentar la verdad de que tú mismo encerraste a la mujer que amas en su propia tumba.
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Para mi familia, mi vida no es nada

Para mi familia, mi vida no es nada

Mi hermano menor y yo sufrimos un accidente. A mí se me reventó el corazón y necesitaba cirugía urgente. Pero mi mamá, que fue la directora del hospital, reunió a todos los doctores en la habitación de mi hermano para hacerle un chequeo completo, a pesar de que solo tenía rasguños menores. Le supliqué a mi mamá que me salvara, pero ella, con fastidio, me gritó: —¿No puedes dejar de competir por atención por una vez? ¡¿Acaso no entiendes que tu hermano casi se lesiona el hueso?! Al final, morí solo, en un rincón donde nadie me encontró. Pero cuando se enteró de mi muerte, mi mamá, quien más me odiaba, enloqueció.
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Cenizas de un vínculo: El Alpha que me amó demasiado tarde

Cenizas de un vínculo: El Alpha que me amó demasiado tarde

Por mi negligencia, Sophia, la preciosa consentida de Leo, se atragantó con un bocado de agua de mar. Él montó en cólera y me encerró en el calabozo acuático. —Catherine, todo lo que haya sufrido Sophia, tú lo pagarás el doble. Mi instinto de supervivencia me obligó a transformarme en loba. Una y otra vez golpeé la cabeza contra la jaula de hierro, rogándole que tuviera piedad. Pero Leo me ató las extremidades con cadenas de hierro y les ordenó a sus subordinados que siguieran inundando la cámara. —Una desgraciada celosa como tú solo aprenderá a obedecer a través del sufrimiento. Quédate ahí dentro y arrepiéntete de lo que has hecho. Él mismo selló la puerta de hierro del calabozo acuático y prohibió que cualquiera se acercara. Una y otra vez, estiré el cuello para poder tragar un poco del escaso aire, aullando en la desesperación. Pero el agua helada, cada vez más alta, terminó por engullirme por completo. Seguí forcejeando hasta que no me quedó ni una pizca de fuerza. Una semana después, en un arranque de misericordia, decidió poner fin a mi castigo. Lo que no sabía era que las serpientes de agua ya habían devorado mi cuerpo hasta dejarlo irreconocible.
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Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba

Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba

Mi madre nunca me creyó, viéndome siempre como una cachorra mentirosa. En mi manada, cada cachorro llevaba un Collar del Juramento de Luna, donde el color rojo indicaba mentira y el blanco la verdad. El collar de mi hermana siempre brillaba con una luz blanca y suave; aun si fingía estar enferma para librarse de un examen, el color mantenía su tenue resplandor. En cambio, el mío era completamente distinto, ya que, incluso cuando de verdad estaba enferma, se encendía con un rojo intenso. En el cumpleaños de mi hermana, mi madre organizó un banquete junto a la hoguera para toda la manada. Justo antes de salir, un dolor punzante me partió la cabeza y me desplomé al suelo mientras le suplicaba que me ayudara. Por un segundo, estuvo a punto de levantarme en brazos. Entonces mi collar se iluminó de rojo. —¿Hasta finges que te mueres para arruinar el cumpleaños de tu hermana? Qué niña tan cruel. Luego se fue con mi hermana y me dejó tirada, provocando que muriera sola sobre el suelo frío; sin embargo, al volver a abrir los ojos, descubrí que mi alma ya no habitaba mi propio cuerpo. Mi alma siguió a mi madre mientras yo susurraba la verdad que ella nunca había creído. —Mamá… no mentía. Sí me morí. Y cuando por fin encontraron mi cuerpo, el collar rojo que llevaba al cuello seguía destellando.
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Adiós, Novia Cruel

Adiós, Novia Cruel

Acepté cambiarme de escuela junto a mi amiga de la infancia, a quien acosaban constantemente, pero ella se retractó el último día. —No puedo creer que fingieras que te acosaban todo este tiempo solo para deshacerte de Harry —se burló su amiga—. Es tu amigo de la infancia. ¿En serio vas a dejar que se vaya solo a otra escuela? —Es solo otra preparatoria en esta ciudad. ¿Qué tan lejos podría estar? —dijo Lena sin ganas—. Ya me harté de que siempre esté cerca de mí. Solo quería distanciarme de él. Me quedé parado frente a la puerta un largo rato ese día, antes de decidir darme la vuelta e irme. Sin embargo, en la solicitud de transferencia, en lugar de escribir Preparatoria Haleswood, anoté el nombre de la escuela a la que mis padres querían que asistiera, la cual estaba en el extranjero. Parecía que todos habían olvidado que, desde el primer momento, Lena y yo pertenecíamos a mundos totalmente distintos.
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